lunes, 17 de septiembre de 2012

Capitulo XXIX: The Break Up


A fines de Marzo de 2010 viajé a Nueva York a visitar a mi mejor amiga que estaba viviendo ahí por seis meses. Durante el viaje me insistió en que le comprara un regalo a M. Yo, aparte de que soy malísimo para los regalos, no quería comprarle nada porque no quería crear falsas expectativas en la relación: no quería nada serio, no estaba preparado para eso, y tenía claro que lo nuestro iba a ser temporario. Pero tampoco podía ser tan desatendido y no traer nada! Por eso se me ocurrió traerle una cajita con chocolates MyM (que casualmente eran nuestras iniciales). Así le daba un lindo y simple regalo.
Casi sin darnos cuenta pasó el primer mes saliendo con M., al principio nos veíamos los fines de semana pero después empezamos a vernos un día en la semana y uno el finde. Para mí era marcada la diferencia en el manejo de la relación, mientras él me había presentado a todos sus amigos y hasta su hermana, yo apenas había comentado mi relación con mis amigas. A diferencia de muchas parejas que no llegan a conocerse y ya se están casando, la nuestra no era muy cariñosa. Yo evitaba utilizar palabras como ‘te quiero’ o ‘te extraño’, siempre pensando en que lo nuestro tenía fecha de vencimiento. Tampoco nos llamábamos novios, y apenas intercambiábamos mensajes de texto en la semana. Sin embargo, nos llevábamos muy bien, la pasabamos muy bien juntos y teníamos buena conexión.
Las salidas a boliches con sus amigos se intensificaron, y pasó  ser costumbre que yo me  uniera a ellos en las previas. La verdad que la pasaba muy bien y me divertía, y la timidez inicial dio lugar a la confianza.
Con el correr del tiempo, lo contento que me ponía la situación de no estar solo en todo sentido (con amigos, a la hora de salir y a la hora de estar con alguien a quien abrazar y dar besos) contrastaban con la sensación que tenía de estar haciendo las cosas mal. Ya ibamos más de dos meses juntos y yo sentía la presión de la relación. Ya me costaba cada vez más evitar los ‘te quiero’ o los ‘te extraño’, ya era hora de empezar a formalizar entre nosotros y con los amigos. Ya no alcanzaba con un mensajito en el medio de la semana. Por otro lado me resultaba imposible la idea de convivir con una mentira tan grande en casa, con lo cual más me presionaba la idea de tener que blanquear una relación homosexual cuando ni siquiera estaban curadas las heridas de mi sexualidad.
Con todas estas ideas en la cabeza y después de una salida a un boliche en donde tomé de más, corté la relación con M. después de tres meses juntos. Me acuerdo que en el medio de la noche le dije que me iba del boliche porque me sentía mal, me dijo que lo esperara que le avisaba a los amigos y mientras él llamaba a no sé quién yo me salí por una de las puertas y empecé a caminar rumbo a la parada de colectivo, muy borracho. Habrá pasado un minuto que M. me estaba llamando para ver dónde estaba, yo le dije que me estaba yendo y él me preguntaba qué me pasaba que no lo había esperado y que volviera así nos ibamos juntos. Regresé a la puerta del boliche y ahí estaba él con cara de desorientado, de no entender qué estaba pasando. Cruzamos en frente y nos pusimos a hablar y en medio de un llanto le dije lo que sentía. Que lo nuestro no iba para más, que lo quería mucho pero que lo iba a terminar lastimando. Él me dijo que estaba enamorado de mí. Creo que fue lo peor que me pudo haber dicho porque mi idea era cortar para que no se termine enamorando, tarde. Cuando no hubo más palabras que decir nos tomamos un taxi y lo dejé en su casa. Nos despedimos secamente con un chau. Habíamos quedado en que lo mejor era dejar de vernos, y que sea lo que Dios quiera. Volviendo a casa no pude evitar pensar: ‘Eso es todo? Así se termina? No nos vemos más? No nos queremos más? Todo una mierda’.
Despertar a la mañana siguiente fue lo peor que me pasó en la vida, me dolía todo, me sentía mal, estaba deprimido. Aprovechando que era un día feriado estuve todo el día en cama, muy triste. Por la tarde intercambié algunas palabras por chat con M. y sus contestaciones secas y monosilábicas no hicieron más que hacerme sentir peor. Dormí casi todo el día.
Los días siguientes iban a ser de manual. Él no iba a demostrar sentirse mal sino que se juntaría más con los amigos, me pidió de juntarnos el jueves pero yo le pedí más tiempo, y el vienes siguiente él saldría a bailar y a emborracharse, y a chaparse chongos para ‘olvidar’.
Por mi lado el sábado salí con una amiga a Human, nos divertimos mucho bailando y tomando, y entrada la noche pasamos al vip con alguno de los precintos que había rescatado de alguna salida anterior. Fue ahí donde me encontré con el mejor amigo de M. Por suerte no se la agarró conmigo, a diferencia de otro de sus amigos que me borraron de toda red social, y charlamos lo más bien. De hecho nos volvimos juntos del boliche, oportunidad que aprovechó para charlar un poco sobre lo que me pasaba a mi y para hacerme entrar en razón y no dejar ir a M.
El martes siguiente iba a recibir un mensaje de M. pidiéndome que nos veamos, que necesitaba verme y hablar conmigo. Yo no pude decir que no y el miércoles nos juntamos a charlar. Básicamente le dije que lo quería mucho, pero que nuestra relación no iba a ser nada fácil, teniendo en cuenta que yo tenía que mentir cada vez que quisiera verlo. Y creo haberle dejado en claro cómo iban a ser las cosas conmigo para que no se lleve ninguna sorpresa. El aceptó esa forma de llevar la relación de manera que, tras 10 días de separación, volvimos a estar juntos sellando nuestra reconciliación con algo más que unos lindos besos.

jueves, 14 de junio de 2012

Capitulo XXVIII: Los amigos


La semana siguiente yo cumplí años y recibí su cordial saludo, no hice ningún festejo sólo una cena con amigos durante la semana. El viernes siguiente fui a un recital y nos mensajeamos un rato y el sábado a la tarde pasé por su casa. El vivía con su hermana pero ella estaba en su ciudad natal por lo que tendríamos varios días de soledad. Aquél día tuvimos nuestra primera vez, y mi primera vez. Fue genial, nada fácil ya que yo era un inexperto, pero el tuvo mucha paciencia (y calentura) y todo finalmente cedió, digo,  se dio.

Al día siguiente domingo a la tarde, me llegó un mensaje de texto mientras estudiaba. Era M. que me decía que estaba en el Alto Palermo con amigos que si no quería pasar un rato. Le dije que sí, más que nada porque quería conocer a los amigos, empezar a conocer gente gay en otro ámbito que no fuera el de un boliche. Entré al Mc Donalds donde estaban y los vi a M. y sus tres amigos más cercanos charlando. Me presenté con todos y me senté en una silla a contemplar la escena. Digo a contemplar la escena porque era así como me sentía, mientras ellos hablaban de cosas y personas de las que no estaba muy al tanto yo los observaba. Recuerdo que en ese momento sentía que todo el mundo nos observaba. Los amigos de M. no escatimaban risas ni comentarios homosexuales a viva voz, llamando bastante la atención. Yo por dentro luchaba contra mi vergüenza por estar en esa situación y trataba de caer simpático con los amigos de M. De más está decir que la hora que compartí con sus amigos fue divertida y me cayeron muy bien al conocerlos, tan sólo hubiera deseado que hubiese sido en un ámbito más privado y no en pleno Alto Palermo, lugar por el que pasaban siempre casi todas las personas que conocía en mi vida.

Esa sensación de incomodidad, de enfrentar a la sociedad con mi homosexualidad se repitió nuevamente unos días más tarde. El viernes siguiente nos juntamos por primera vez en una previa. Yo llegué primero, pero un rato más tarde llegó su mejor amigo con el novio y un rato después otro de sus amigos. Era mi primera previa con un grupo homosexual y a medida que quedaba menos alcohol me fue pareciendo más divertida. La principal diferencia con cualquier otra previa a la que haya asistido tenía que ver con la música básicamente. Sólo se escuchaban canciones pop cantadas por féminas básicamente en inglés, en fin, era casi todo Britney Spears. A la 1.30 partimos hacia el la Plop que quedaba a unas diez cuadras. Fuimos caminando por plena avenida Cabildo, y después Lacroze. M. y dos amigos iban bailando y cantando y yo me moría de la vergüenza. Eso o ir caminando con un cartel en la frente que diga “me la lastro con ganas” era lo mismo. A mitad de camino nos cruzamos con un grupo de cuatro pibes de alrededor de 20 años que al ver la escena soltaron un “Gaaays”. Yo me puso rojo tomate, era la primera vez que me gritaban en la calle. Dónde me estaba metiendo? Fue una pavada, pero yo quería que la tierra me tragase. Encima uno de los amigos le respondió al chico “En serio? No me digas!”.

Por suerte unas cuadras más adelante entramos al boliche, seguimos tomando como condenados y bailamos toda la calurosa noche. Al día siguiente en mi facebook aparecieron fotos de la noche y comentarios varios. Era la primera vez que en mi facebook gay aparecían fotos en las que no estaba solo.

viernes, 20 de abril de 2012

Capitulo XXVII: Stick to the plan


Febrero de 2010 vino con nuevas salidas en soledad: una vez a la plop, en donde me chapé a un chaboncito todo musculoso que se deshizo de mí cuando me negué a ir juntos al baño a hacer porquerías (y no me refiero a cagar) y otra vez a Human Club en dónde me chapé una chica. Esta situación fue rara, pero ya me había pasado una vez en la Plop de ir caminando y que me agarrara una chica y me chapara así sin más. En Human fue similar, yo estaba bailando solo al lado de la pista cuando siento que alguien me toca la espalda como llamándome. Me doy vuelta y allí estaba esta niña, linda por cierto, con claros ánimos de ‘avance’. Sin titubear me la chapé ahí nomás en lo que sería mi primer chape en ese boliche. Después de chaparmela se acercó el amigo gay de la chica en cuestión y me preguntó con cara sonriente: ‘sos bisexual?’. No puede evitar sonreir. Pegué media vuelta y me fui.

A mediados de mes, uno de los chicos con los que había chateado en diciembre volvió de su aldea natal. Su nombre era M., tenía 22 años (yo estaba cerca de los 24) y parecía cumplir con todos los requisitos mencionados en un post anterior. Rápidamente retomamos las conversaciones virtuales y quedamos en vernos en la Plop del viernes 19. Yo le dije que iba a ir con una amiga, obviamente, qué le iba a decir? Que no tenía con quien ir? Que no tenía amigos que me acompañaran? Que me gustaba ir solo para hacer la mía? Claramente no. Él me invitó a que fuera con mi amiga a la previa que se hacía en su casa, yo le dije que no, que ya “teníamos planes” pero que nos veíamos en el boliche. Nada hubiese querido más que ir a una previa antes de salir a un boliche gay, pero claramente todavía no era momento.

El viernes llegó y nuevamente hice mi propia previa solo en casa hasta que se hizo la hora de partir. Cuando llegué al boliche hice la cola pensando en qué le iba a decir a M. si me lo cruzaba y me viese entrando solo. Por suerte ello no ocurrió y tipo 1.30 ya estaba adentro del concurrido boliche.

La noche fue transcurriendo y no me crucé con M. Yo tenía su celular y él el mío y si con el correr del tiempo no nos cruzábamos, un mensaje de texto resolvería las cosas (qué fácil la vida luego de la revolución tecnológica, no?). Cerca de las tres de la mañana llegó el mensaje. Me preguntaba donde andaba, le respondí y el me dice que está abajo en la pista del lado izquierdo cerca del escenario, bailando con amigos. Así que hacia allá me dirigí desde el primer piso. No sabía muy bien que decir cuando lo vea, qué onda cuando hable con él, cómo será. De nuevo, todas las especulaciones posibles daban vueltas por mi cabeza. Lo vi bailando por ahí, de remera roja. Me acerqué, le toqué la espalda, bailamos un rato y fuimos a la barra a tomar algo. No hablamos mucho, de qué se puede hablar en un boliche, no? Me acuerdo que me confundí una berruga que tiene en la pera con un piercing (¿?). Así que después de una breve charla me lo chapé ahí en la barra. Besaba muy bien. Más tarde seguimos bailando, chapando y charlando. De vez en cuando aparecía alguno de sus amigos borrachos para saludar, y en un momento fuimos en la búsqueda de “mi amiga”. Obviamente nunca la íbamos a encontrar, pero fuimos en su búsqueda hasta el último piso, con la compañía de un amigo de él. Cuando llegamos al tercer piso hice como que le mandaba un mensaje a mi amiga preguntando donde estaba y después les comuniqué la respuesta: ‘se fue del boliche con una chica’, inspirándome en lo sucedido unas semanas antes con B. Gracias APTRA!!

Seguimos bailando y tomando en la pista de arriba, que estaba semi inundada por la tormenta que se desataba afuera, hasta que, pasadas las cinco, nos fuimos del boliche. Volvimos juntos caminando por Lacroze hasta Santa Fe, parando en alguna entrada de edificio para chapar. En Santa Fe nos despedimos y yo me tomé el colectivo rumbo a casa.

Al día siguiente fui a su casa a tomar mates y a conocernos un poco mejor. Hablamos un poco de las carreras que estudiábamos, de la familia, de los amigos. Él básicamente me preguntó de dónde había salido, así que le conté un poco sobre mi poca experiencia en el mundo gay y en algún tipo de relaciones. Los mates y la charla dio lugar a los besos, nuevamente iniciativa mía, y los besos dieron lugar a quedarnos desnudos en la cama. Al contrario de lo que muchos pensarán no pasó de eso, la verdad que yo estaba un poco nervioso ya que en definitiva nunca estuve en serio con nadie, así que prefería ni intentar, al menos en ese momento. Luego de estar un rato largo acostados desnudos en la cama, me tenía que ir a lo de un amigo, así que nos cambiamos y me bajó a abrir la puerta. Allí nos despedimos con un beso y un ‘hablamos’. Me fui contento porque habíamos pegado buena onda y mi plan de finiquitar la soledad marchaba sobre ruedas. Nunca me iba a imaginar que iba a ser el comienzo de una larga historia.

lunes, 9 de abril de 2012

Eyes wide shut



Hace poco una amiga que está escribiendo para un seminario de sexualidad me pidió que le contara por qué hoy, después de tres años desde que me asumí como homosexual, no le conté a mi familia sobre mi situación. Es muy difícil hacer entender los motivos a los que no se encuentran en mi lugar. Supongo que no lo hice porque no quería pasar el infierno de vivir en mi casa en esa situación. Mi madre es depresiva y mi hermana la persona más insegura que conozco. En base a lo poco que comenté en mi familiar, aceptar enteramente mi homosexualidad y mi práctica homosexual hubiese resultado en conflictos permanentes en el ámbito familiar que esas personalidades no estaban preparados para enfrentar. Significaba llegar a casa cansado después de un día de trabajo y facultad, y tener que escuchar reproches de mi madre por el rumbo que había decidido seguir. Significaba responder un interrogatorio cada vez que quisiera salir de casa a la noche. Significaba escuchar reproches de que 'no pienso en mi hermana ni en mi familia' a la hora de actuar. Significaba escuchar sobre médicos psiquiatras que podían solucionar mi 'problema'. Significaba escuchar llorar a mi madre todas las noches. Significaba que seguramente mi padre, y el resto de mi familia, se enterarían generando situaciones familiares de tensión insoportablemente incómodas. Significaba que yo iba a estar en el centro de la escena familiar, con alguien siempre dispuesto a ayudarme, pero cómo cada uno creía conveniente y no como realmente podían ayudarme, Significaba que todas las discusiones iban a terminar con un 'maricón'. Y la verdad que lo único que yo quería era sentir el apoyo familiar y que me dejasen ser y confiaran en mi madurez de 23 años, pero sabía que eso no era lo que iba a encontrar, porque en la cabeza de mi familia, si ellos no se metían y me corregían, significaba que yo no les importaba, cuando en realidad era todo lo contrario.
Yo estaba enfrentando un mundo desconocido y descubriendo un lado de mi sexualidad en lo que nada era seguro. Necesitaba gente que me apoyara y me dijera que no importa como resultara, siempre podría contar con ellos. No necesitaba gente que me dijera qué tenía que hacer, qué era lo mejor para mí y que pensara que el camino para conseguirlo era el de la confrontación.
Vivir en un escenario de depresión familiar, discusiones permanentes sobre decisiones de vida y control constante de mi accionar me hubiese paralizado, hubiese evitado que yo tome un montón de decisiones que me convirtieron en la persona que soy hoy. Hubiese tenido un efecto totalmente adverso: me hubiese retenido dentro del placard mucho tiempo más.
- Pero si estuviste 23 años tapado, por qué no estarlo un tiempo más para que tu familia lo dirigiese mejor?
- Porque ahora sabía que quería, ahora lo tenía asumido, y quería experimentarlo. Yo no fui un reprimido durante 23 años, siempre intenté entender qué era lo que me pasaba. Ahora que lo sabía no podía reprimirme, y por mi personalidad, sentía que compartir lo que me pasaba con mi familia iba a llevarme a eso, más que a liberarme. Con la idea de no lastimarlos iba a reprimirme y meterme adentro de un closet del que yo ya no quería formar parte.
Es por eso que tomé la decisión de seguir con mi vida como si nada hubiera cambiado. Tomar las decisiones sin sentirme condicionado por mi entorno familiar. Hay personas que dicen que quieren que sus padres los conozcan por como realmente son, y por eso los enfrentan. Para mí son zonceras porque yo con mis padres soy como soy realmente más allá de con quién me acueste. En mi caso mi personalidad estaba desarrollada con anterioridad a mi sexualidad, y no sentía que era otra persona al ser homosexual, algo que particularmente mi madre no lo entendía.
Obviamente que mi familia no es ciega y eventualmente se darían cuenta de que algo conmigo pasaba. Y entendía que el día que decidiera enfrentarlos seguramente estuvieran mejor preparados. Y en mi mente me imagino ese momento con años de vida homosexual encima, y con el apoyo de mi entorno de amigos, que me darían la confianza suficiente para enfrentar a las personas que menos quería lastimar. Por otro lado, ya no viviría con ellos y tendría mi propio lugar para llevar mi propia vida, sin presiones. Mientras tanto, ante los ojos de ellos, mi vida transcurriría sin grandes novedades. Ojos que no ven...

viernes, 2 de marzo de 2012

Capitulo XXVI: papa papa paparazzi


Se sabe que un puto no puede sobrevivir sin una mejor amiga. Hubo tres años en los que la mía se fue a vivir al exterior cuando teníamos entre 14 y 17 años. Al principio no fue fácil ya que se sentía un lugar vacío, pero al poco tiempo una nueva amiga, a la que voy a llamar L., entró a mi vida. Compañera de colegio, y de banco en el año 2000, nos matábamos de risa todos los días y pronto establecimos un lazo de confianza. Siempre sentí un aprecio muy grande por L., su vida no era fácil pero de alguna manera siempre intentaba estar de buen humor. También me gustó mucho por momentos y a veces nos imaginaba como novios. Nunca llegó a pasar nada más que unos besos, pero juntos atravesamos la etapa de cambios más fuertes de nuestras vidas y eso la convertía en alguien especial para mí. Si me preguntaban si nuestra amistad iba a durar más allá del ámbito colegial, mi respuesta se iba a acercar más al no que al sí. Sin embargo la amistad se mantuvo en el tiempo, con altibajos, pero a principios de 2010 nos empezamos a ver bastante seguido, casi semanalmente. La razón principal era que ella se había mudado a vivir con su novio, con el que llevaban dos años de relación, y me invitaba habitualmente a tomar unos cuba libre a su casa nueva, muy linda por cierto.

Yo por dentro suponía que ella se había enterado que yo era gay y por eso me invitaba seguido a que pasemos la tarde solos en su casa, para generar un ámbito propicio a que yo se lo contara. Después de todo había pasado ya casi un año de práctica homosexual y una de las chicas ex compañera de colegio sabía que yo lo era (la torta buchona para los desmemoriados). Y como buena torta buchona, seguro había llegado a los oídos de mi amiga.

Es así como después de varias reuniones, un día me animé a contárselo. Era un día Domingo, de los últimos del mes de enero, y estábamos sentados en el sofá del departamento charlando mientras de fondo en el LCD se veían Los Simpsons. El tema surgió cuando me preguntó qué hice ese fin de semana. Yo le dije que había salido con los chicos y después había ido a “otro lado”. Ella no preguntó más, y seguimos hablando del fin de semana. Pero en un momento retomé el tema. “Me fui a bailar”, le dije, “solo”. Silencio. Ella se quedó callada y no me preguntó a dónde. “Fui a un boliche gay”. Silencio nuevamente, L. desvió la mirada hacia la televisión como pensando. Evidentemente no sabía nada. El hecho de que no emitiera palabra me puso muy incómodo y tras un eterno minuto en dónde solo se escuchaba la voz de Homero dije: “Bueno, me parece que mejor me voy”.

“No te vayas, es temprano todavía”. Me dijo  “Bueno, pero no me decís nada”, le dije, “Es que me sorprendió un poco. Igual cero, todo bien, sabés que mi hermana está en la misma”. Y ahí me cayó una ficha que no había tenido en cuenta. Su hermana era lesbiana y yo no me acordaba que me lo había contado una vez, pero evidentemente no le dí mucha importancia al tema. A partir de ese momento empezamos a hablar de cómo me sentía, como lo llevaba con mi familia y mis amigos, y sobre los chicos con los que había estado. Por suerte el silencio inicial se disipó y nuestro lazo de amistad siguió intacto ese día y los días subsiguientes. Fue el primer ‘coming out’ después de 7 meses y la verdad me hizo sentir muy bien, aunque se seguía sufriendo mucho en los momentos previos. De esta manera, poco a poco se iba agrandando el círculo de amigos que tomaba conocimiento de mis preferencias sexuales.

En el ámbito nocturno también las cosas empezaron a cambiar. Después de bajar un cambio en cuanto al descontrol vespertino, me había llegado el momento de salir a bailar con alguien. Sí señores, después de 10 meses y más de 50 noches de boliche en completa soledad había arreglado con mi amiga B. para ir a la Plop. Para los que no se acuerdan, B. era la mejor amiga de mi mejor amigo, con la que estrechamos lazos después de haberle confesado mi homosexualidad. Ella acaba de cortar con su novia (sí, novia), y estaba conociendo a otra (sí, otra). El tiempo diría que no era lesbiana, más bien estaba experimentando. Pero en fin, en aquel momento poco importaba su preferencia sexual. Lo importante es que íbamos a salir a bailar juntos y solo nosotros por primera vez, y que mejor que a la Plop. Iba a ser la primer persona de mi mundo heterosexual en conocer mi mundo homosexual, y nadie mejor que ella para arrancar con la experiencia.

Salimos un viernes a la noche de mediados de Enero, como siempre en verano el boliche era una hoguera. Ninguno de los dos chongos con los que había chateado en diciembre había vuelto, así que no me los iba a cruzar esa noche. Ni bien entramos fuimos a la pista de arriba de todo, sacamos muchos tragos y nos pusimos bastante copetes. Sonaba muy buena música y bailamos a morir el tema Paparazzi de Lady Gaga. Más tarde apareció la torta buchona ex compañera de colegio y nos saludó a los dos. Nos pusimos a charlar hasta que apareció un rubio, australiano, que se puso a hablar conmigo. Charlar en inglés con ese nivel de música fue todo un desafío. Luego de unos minutos de charla con el australiano volví a rescatar a mi amiga y seguimos bailando un rato más hasta que apareció la nueva candidata a novia. La saludé y las dejé solas. Era cerca de las 4 de la mañana y la noche había pasado muy rápido. El hecho de estar con alguien hacía la noche mucho más amena, indeed. Estando solo el tiempo es eso que pasa entre bostezo y bostezo, y algún chongo de vez en cuando.

Un rato después mi amiga se fue del boliche con su futura novia y yo me volví a quedar solo. Pero a mi no me importaba, de hecho me era funcional ya que las cuatro y media de la mañana era la mejor hora para salir a chonguear. Y es así como terminé esa noche especial bailando en el medio de la pista y chapándome al rubio australiano.

lunes, 13 de febrero de 2012

Capitulo XXV: Hello 2010


Los que me conocen saben que soy ese tipo de personas a los que les gusta planificar la vida, y en ese sentido fin de año era siempre el mejor momento para decidir qué es lo que quería que fuera de ella el año siguiente. A fines del 2009 decidí muchas cosas: decidí que en el 2010 me iba a recibir, decidí que en el 2010 iba a cambiar de trabajo y decidí que en el 2010 me iba a vivir solo, en ese orden. Tres cambios que son trascendentales en la vida de cualquier persona, yo los quería juntar todos en un mismo año. Sin embargo, lo más importante que había decidido hacia fines del año 2009 era que no quería estar más solo. Me refiero al ambiente gay. En un año había conocido a muchas personas, algunas muy buenas, pero no había podido entablar amistad con ninguna, y me di cuenta que como se estaban dando las cosas iba a ser imposible. Yo ya tenía mi grupo de amigos y amigas y en él concentraba mis energías. Por otro lado me sentía muy poco identificado con las personas que conocí como para profundizar en una amistad.

Por eso, para el 2010 tenía decidido un plan para dejar de estar solo. Era momento para empezar a salir con alguien, ya me sentía preparado para entablar una relación. Pero la misma tenía que cumplir una serie de requisitos para cumplir con mi objetivo, a saber:
1-       El más básico de todos, este chico tenía que estar bueno. Yo estoy bueno así que quiero alguien que me guste, básico.
2-       La relación tenía que ser temporaria, ya que no podría convivir con una pareja mucho tiempo sin que mi familia y amigos se enterasen, y eso es algo que yo no estaba dispuesto a ceder ni enfrentar aún.
3-       La persona con la que me juntara tenía que ser sociable y tener un grupo de amigos que les gustara salir a boliches, y preferentemente que tengan acceso a los vips. Esto último tenía que ver con que no me importaba estar en pareja, no era algo que necesitara, pero sí necesitaba salir con un grupo y pasarla bien, dejar de estar solo.

Si todo salía como pensaba, la relación no iba a durar demasiado y me iba a dar a conocer a un grupo de chicos que, en una de esas, me iban a facilitar establecer relaciones con otras personas y alejarme un tiempo de la soledad que estaba sintiendo.

En diciembre de 2009 aparecieron dos posibles candidatos, que aparentaban cumplir con todos los requisitos anteriormente mencionados, y que además chateábamos en MSN y había cierta onda que podía dar lugar a algo más. Pero ellos tenían algo en común, eran ‘putos del interior’ y como tal, a fin de año volvían a sus lugares de origen a pasar las fiestas con la familia y no volverían hasta que no retomaran los estudios, allá por febrero o marzo. Me despreocupé ya que yo también me iba a ir de vacaciones. La cosa se daría con el primero que retornara, era hora de dejar al destino actuar.

Mis planes de vacaciones consistían en irme con tres amigos a Bolivia y Perú, en lo que sería mi primer viaje como ‘backpacker’. Partimos el 25 de diciembre y recorrimos el Salar de Uyuni en Bolivia, después pasamos año nuevo en La Isla del Sol, dándole la bienvenida al 2010 con una fiesta electrónica boliviana. Luego cruzamos a Perú yendo a la ciudad de Cuzco y de ahí a Macchu Picchu. En este punto me voy a detener. Eran las 10 de la mañana del 4 de enero y con mis amigos ya habíamos hecho el tour por las ruinas y estabamos a punto de subir al Wayna Picchu, la montaña más alta del parque. Antes de eso, paramos en lo que era una ‘plaza’ de la ciudadela a tomar agua y comer unas galletitas. En ese momento me pareció escuchar una voz conocida, así que me di vuelta y lo vi. Estaba sacándole fotos a dos amigos. Era Mariano, el chico con el que tuve mi segunda vez en una noche que había terminado a puro llanto. Él se dio vuelta mientras lo miraba y también me vio. Inmediatamente nos acercamos y nos saludamos y empezamos a hablar del viaje. Del mío y del suyo. Fueron cinco minutos y después nos despedimos. Siempre me había parecido una persona copada y había buena onda, además que era muy loco volverlo a ver en la punta de Macchu Picchu, no? Cuando volví a donde estaban mis amigos me preguntaron quién era (dos de ellos sabían que yo era gay, el otro no). ‘un compañero de inglés’ dije yo, y seguimos rumbo al Wayna. Más tarde en el tren de vuelta a la ciudad de Cuzco, volvimos a coincidir en el vagón de tren. Él se encontraba sentado en diagonal a mí con sus amigos. No nos dirigimos la palabra en toda la duración del viaje, pero cuando llegamos a la estación y mientras salíamos en busca de transporte, escucho que me dice ‘Chau Tincho’, ‘Chau Marian, que tengas lindo viaje’ me despedí.

El trayecto de vuelta lo hicimos a través de Chile, y después cruzamos a Salta en donde tomamos el avión de vuelta que nos llevaría de regreso a Buenos Aires. Llegamos un sábado a la tarde, me despedí de mis amigos y regresé a casa. Dormí una siesta, cené y bien entrada la noche me puse mis mejores atuendos para ir, solo como siempre, a Human Club. Y es así como, bien entrada la noche, mientras me encontraba al costado de la pista de baile siento que alguien me toca la espalda como llamándome. Me doy vuelta y veo a una chica entregadísima. La miré (era linda por cierto), la agarré de la cintura y me la chapé unos minutos. Al terminar con la cuestión, se me acerca un amigo de ella que estaba al lado y me pregunta ‘Sos bisexual?’ poniendo carita de “por favor decime que sí”. La situación me pareció bastante bizarra así que, por más que el chico también era lindo, pegué la vuelta sin responderle pero sonriendo.

Fue una linda noche y era muy extraña la sensación de que unas horas antes había estado bailando en un boliche de Salta, o unos días antes escalando el Macchu Picchu o atravesando en barco el Titicaca, y esa noche estaba chapándome minas en uno de los boliches gay más top de Buenos Aires bailando al ritmo de lo último de la música pop. Gotta love ambiguity.


viernes, 27 de enero de 2012

Capitulo XXIV: #todosputos 3


Hubo otra situación laboral, a principios de 2010, esta vez con un chico que trabajaba en el área de viajes de la empresa. Sí, la empresa donde trabajaba contaba con un área de viajes ya que muchos empleados tenían que viajar por cuestiones laborales. Esta área se encontraba muy cerca de donde trabajábamos nosotros y estaba formada por dos personas, un chico y una chica. El chico tenía mi edad, y cada tanto venía a hablar con nosotros porque habíamos pegado onda, de hecho a fines del 2009 arreglaría con él la venta de pasajes para irme de vacaciones con mis amigos. La cuestión es que una vez lo ví en la Rheo. Él no me había visto pero yo sí, estaba charlando con un grupo de chicos. Me resultó extraño verlo, porque si bien uno de los chicos del laburo insinuó que podía ser puto, en mi año en la empresa nunca lo había visto en un boliche y en facebook no tenía amigos gays en común, dos cuestiones que yo creía clave para confirmar un diagnóstico de homosexualidad.

Rheo, para los que no lo conocen, es diminuto, es imposible no cruzarse con todas las personas que van al lugar. Al verlo al muchacho se me presentaban dos opciones: o me iba corriendo despavorido, o me quedaba y veía qué onda. Sorprendentemente decidí quedarme, yo a esa altura ya estaba saliendo con mi futuro novio y no me daba para huir del lugar. Tenía que relajarme. En definitiva él era puto y tapado como yo. Así que seguí en la mía, hasta que en un momento de la noche nos cruzamos en la puerta que daba al patio. Yo pasé por el costado sin dirigirle la mirada, pero pude ver cómo él giró en sí mismo y me miró sorprendido. Se quedó duro, evidentemente no esperaba encontrarme en ese lugar. Yo seguí unos metros más hacia el lugar donde estaban mi novio y sus amigos y me quedé charlando con ellos. El me miró un rato más, y después desapareció por ahí.

Al lunes siguiente, nos cruzamos en el baño en el trabajo. Nos saludamos, charlamos dos boludeces y seguimos camino. Sin embargo la charla fue bastante tensa, ya que los dos sabíamos algo que ninguno se animaba a decir. Unas semanas más tarde el chico se iba a ir de la empresa, había pedido el cambio a otra oficina porque decía que en esta se trabajaba mucho y lo estresaba. Digan lo que quieran, pero para mí se pegó tal julepe cuando me vio que decidió mandarse a mudar. Una pena, porque yo iba a terminar renunciando al mes siguiente para cambiarme de laburo, mis motivos sí eran meramente laborales.

Más adelante me lo seguí cruzando en boliches, y esas veces sí se acercó a hablarme, con tanta buena onda que hasta me parece que me tenía ganas.

Por otro lado quiero hablar de los ‘stalkers’, cuya traducción al español sería ‘acosadores’. Creo que la mayoría de las personas alguna vez tuvieron un stalker que en algunos casos es visible, y en otros imperceptible. Bueno, yo tuve el mio a finales de 2009 y bastante hincha pelotas fue.

Todo empezó en una salida a la Plop por el mes de Agosto, en aquella época se formaban largas colas en el guardarropas para dejar los abrigos de invierno y poder desplazarse más cómodamente por las instalaciones. Yo me encontraba en una de estas interminables colas, solo como siempre, cuando de repente escucho un grito: ‘Matt!’. Al principio no le di bola porque supuse que no era para mi, quién me iba a estar llamando a mi si no conocía a nadie. De nuevo: ‘Matt!’, ya empecé a mirar a mis costados un poco nervioso pensando que tal vez alguien que me conocía me estaba llamando, y yo todavía estaba bien perseguido de que me vieran en esos lugares. Fue al tercer grito que divisé a la persona que, efectivamente, me estaba llamando. Era el amigo de uno de mis chapes constantes de aquellas noches, con el que había charlado varias veces y pegado buena onda. Estaba como treinta personas más adelante en la fila, así que ni dudé en acercarme a él a saludar, y de paso ahorrarme unos minutos de cola. Con él había otros dos chicos, con los que me puse a charlar. La verdad que ninguno de los tres eran agraciados de la vida, pero eran buena onda y estar un rato acompañado me hacía bien.

Igual después me enteré que no me había llamado porque le caía bien. Resulta que una noche, con mucho alcohol encima, él y otro amigo me insistieron y persiguieron para que les diera un beso, literalmente. Yo un poco cansado y un poco en pedo, le dí un pico a cada uno y todos contentos, ellos por el beso y yo porque se dejaron de joder. Bueno, ahora este chico le había dicho a los otros que nosotros habíamos chapado (desde cuando un pico es chapar!!!), y como los otros no le creían me llamó para mostrarles que nos conocíamos y hasta por momentos se puso cariñoso. Pero bueno, yo me encargué de desmentirlo en el momento, así que a la historia del stalker me remito.

Estuvimos charlando un buen rato, e incluso después fuimos todos a la barra a sacar tragos y como por el lapso de una hora estuvimos todos juntos. Después los perdí, o me perdí intencionalmente no recuerdo bien, y seguí con mi vida como venía siendo hasta el momento: chico solo buscando no se qué cosa en un boliche atestado de putos.

A uno de ellos en particular me lo seguí cruzando otras noches y saludando y charlando un rato. Una noche en Human, hablando de la Creamfields que se venía y de las ganas de ver a David Guetta que tocaba por primera vez en Argentina, me pidió el número de celular porque me dijo que podía conseguir entradas y podíamos ir juntos con unos amigos de él. Yo, ingenuamente, se lo dí.

Al lunes siguiente, mientras me encontraba en una clase de la facultad, suena mi celular a las ocho de la mañana. Como era un número desconocido, no atendí ya que no ameritaba interrumpir una clase. Al minuto vuelve a sonar el teléfono y era el mismo número, ya a esta altura levanté una ceja. Qué podía ser tan importante a esta hora de la mañana, qué podría haber pasado?. No atendí. Al tercer llamado seguido me preocupé, algo importante debe haber ocurrido. Me levanté de mi asiento, salí del aula y ya en el patio atendí ‘Hola’ ‘Hola, Matt?’ no reconocía la voz ‘Sí, quien habla? ‘Habla Fulano, te acordás de mí?’ Era el chabón de Human ‘Si…si…como estás?’ ‘Bien, y vos? Que hacías?’ ‘Todo bien, estoy en una clase en la facu. Pasó algo?’ ‘No nada, sólo quería ver cómo estabas’ (Y PARA ESO ME TENÉS QUE LLAMAR TRES VECES SEGUIDAS A LAS OCHO DE LA MAÑANA COMO SI NO TUVIERA NADA MÁS IMPORTANTE QUE HACER DE MI VIDA QUE HABLAR CON VOS) ‘Aaaah.. jaja estoy muy bien gracias. Pero te tengo que dejar porque tengo que seguir con la clase. Después hablamos’ ‘Bueno, dale. Que tengas lindo día’ ‘Chau chau’. Indignado corté la comunicación y volví a lo importante, la clase.

Bien entrada la noche, cerca de las once y media, el teléfono iba a volver a sonar una y otra vez. Era el mismo número que me llamó a la mañana. Después del tercer llamado le mandé un sms diciéndole que estaba ocupado en el cine que no lo iba a atender. Me respondió que era una lástima que quería hablar conmigo. Por suerte se dejó de joder ese día. A la mañana siguiente me volvió a mandar un sms preguntándome qué hacía. ‘Estoy en clase’, le respondí cortante. Y a la tarde a la noche nuevamente, una y otra vez sonando. Como nunca paraba me obligaba a reaccionar. Le mandé un sms: ‘qué pasa? estoy durmiendo’. ‘Qué temprano que dormís’ me respondió CARADURAAA era casi la medianoche. El miércoles extrañamente no llamó y me fui a dormir ilusionado con la idea de que se hubiese olvidado de mí. Pero el jueves a la noche de nuevo, llamando una y otra vez, hasta que por fin se dio cuenta y me mandó un mensaje: ‘si no me querés atender decimelo’. PERO ES CLARO QUE NO TE QUIERO ATENDER. Nunca más supe de él, y una sola vez me lo crucé en un boliche y pasó al lado mío con cara de ofendido. Por favor, quiénes son! Decorado de utilería!

Por último quiero hablar de mis vecinos, ya que parece que en el barrio me fichaban más de lo que yo mismo imaginaba. Hubo dos vecinos que me contactaron vía facebook, me mandaban mensajes privados diciéndome que me conocían, que me veían por el barrio, que éramos vecinos. Yo les seguía inocentemente la conversación. Más tarde me iba a enterar que eran una pareja que vivía en un edificio en frente de casa, los dos me habían contactado en forma separada vía facebook y los dos me tiraron onda. Con uno me dejé de hablar porque era un pelado desubicado, y con el otro pegué buena onda y cada vez que nos cruzábamos por la calle, o a veces en boliches, nos saludamos cordialmente. Hoy seguimos siendo vecinos y de vez en cuando nos cruzamos.

Otro caso raro se dio una vez que volvía de un Palacio (me refiero al boliche, todavía no soy príncipe), de una ‘white party’ más precisamente. Como la mayoría de las veces al volver del boliche saqué a pasear a mi perra para que no me despierte llorando a cualquier hora de la mañana para salir a pasear. En esa paseada se me cruza un chico, medio borracho y me saluda. Me dice que me ve todas las mañanas cuando paseo a mi perra, y que hace unos días que no me veía. *Weird*. Nos pusimos a hablar, resultaba que él era vecino mío, tenía 17 años, iba a un colegio de la zona y no le copaban los compañeros porque ‘siempre viven drogándose’. Parecía muy buena onda, y no sé si era mi cabeza o qué, pero hablábamos muy cerca uno del otro y hasta con cierto grado de histeriqueo sexual. Pero a no olvidar que tenía 17 años! Charlamos como 10 minutos y después cada uno a su casa. Digan lo que quieran pero si este chico no era puto le faltaban 5 minutos. Hoy en día rara vez lo cruzo y rara vez lo saludo.

viernes, 20 de enero de 2012

Capitulo XXIII: #todosputos 2


En el trabajo siempre me jodían con una de las chicas del área de contabilidad que cada tanto venía a saludar a nuestro sector. Ella me decía ‘el peque’ porque cuando entré a la empresa tenía apenas 22 años y era el más nene de todos, sin contar que por mi cara aparentaba 19 y ella rondaba los 27. La cuestión es que en todo laburo de oficina siempre hay un histeriqueo hombre-mujer con tono de joda que nunca llega a nada en concreto. El mío era con ella, que a su vez formaba amistad con otras dos chicas, otra de contabilidad y una que trabajaba con nosotros.

Un día vino a trabajar a nuestra área (nuestras máquinas eran notebooks así que podíamos trasladar nuestro trabajo sin inconvenientes) y se sentó al lado mío porque el lugar estaba desocupado. Compartimos mates y estuvimos charlando toda la tarde. En medio de esa conversación surgió la típica pregunta ‘Qué hiciste el finde?’, a lo que ella me responde ‘Salí a bailar con amigos’ ‘Ah sí, a dónde?’ le pregunté inocentemente ‘A Human’ me dice ‘A dónde??’ me hice el que no sabía de que hablaba. ‘A Human, es en Mandarine, es un boliche gay nuevo que abrió’ ‘Mirá vos! no sabía que te cabía esa onda’ ‘Tengo varios amigos gays y de vez en cuando salgo con ellos, me cago de risa’ me dijo ella.

De más está decir que ese cruce de palabras generó en mi ataques de paranoia en las salidas posteriores a Human, persiguiéndome con la idea de que me iba a cruzar con ella o con alguna de sus amigas y  no iba a saber que cómo justificarlo. Por suerte tal cosa nunca pasó, y mi vida siguió tranquila hasta que por el mes de noviembre me enteré que la chica en cuestión iba a dejar la empresa en unas tres semanas. Junto con esta noticia ella empezó a ponerse misteriosa cada vez que me veía ‘Peque, después te quiero preguntar algo’ me dijo una vez. ‘Cuando quieras’ le decía yo. Otro día me dijo: ‘Después tengo que hablar con vos’ ‘Vamos a hablar ahora’ ‘No, mejor en otro momento, afuera del trabajo’ me decía, y ponía cara de misteriosa y todo. Yo por dentro me moría porque era obvio que algo sospechaba, y yo no tenía idea cuál podía haber sido su fuente, hasta que un día la encontré.

La otra amiga de contabilidad se había mudado hace unos meses a vivir sola, con un amigo. Víctima de las gastadas del grupo laboral que desconfiaba de tal amistad, la chica declaró ‘Chicos, mi amigo es gay’. Yo me quedé super tranquilo porque no había chance de que el amigo gay realizara ningún tipo de relación entre verme a mí en un boliche y su amiga. Lo que nunca me imaginé es que ese amigo gay también trabajaba en la empresa. Llegué a esta conclusión después de realizar varias conexiones entre lo que contaban las chicas, las preguntas raras que me hacían y las fotos en facebook. Cuando identifiqué al chico en cuestión me quería matar. Seguramente me habría visto en algún boliche y se lo había contado a las chicas, que estaban deseosas de despejar toda duda preguntándome si me la lastraba. Sería cuestión de negar mi presencia en cualquier boliche y argumentar que ‘seguramente se equivocó’ o algo así.

Finalmente llegó el día de la despedida de la chica, en esas últimas semanas el amigo gay venía seguido a trabajar a nuestra área, aunque yo nunca cruzaba palabra. Sólo un par de veces tuvimos que hablar por cuestiones laborales, una por teléfono y otra personalmente, pero como si nada. La chica se fue de la empresa sin nunca mencionar palabra al respecto ni realizarme pregunta alguna, aunque quedaban las otras dos amigas que podían seguir sospechando.

La cosa se iba a complicar a la semana siguiente, en una salida de Plop, mientras caminaba por el piso de arriba del boliche nuestras miradas se cruzaron, fue un segundo, pero fue claro que nos habíamos visto. El amigo puto estaba ahí acompañado de otras personas desconocidas. Si tenían alguna duda, ahora se iba a convertir en certeza. Yo desvié la mirada como si nada y seguí mi camino, cruzándomelo un par de veces más en la noche pero de lejos, y tratando de convencerme de que por haberme visto en una Plop no tenía por qué ser gay, no cierto?

La semana que siguió se realizó la fiesta de fin de año de la empresa en Puerto Madero. Yo me junté con mis compañeros de área a hacer una previa en donde tomamos de todo. Cuando llegamos al salón a la medianoche, estaba tocando la banda ‘La Mosca’ y todo era una fiesta. El lugar era chico para la cantidad de gente que había (unas 1200 personas), y no tardamos en encontrarnos, en otra situación rara, con la chica que se había ido hace dos semanas de la empresa, su amiga contadora y su amigo gay. Lo peor pasó cuando en un momento que me acerqué a hablar con ella, viene el puto y me dice ‘A vos te vi en la Plop’, así adelante de las dos chicas. Yo puse cara de ‘what the fuck?’ y me di media vuelta y me fui, abandonando la conversación que estaba teniendo con una de las chicas. Me quería matar y la única solución que vi en el momento fue seguir tomando como si no hubiera mañana.

Peor fue el momento en que estaba bailando cuarteto con una de mis compañeras de trabajo, y siento que alguien me toca la espalda. Cuando me doy vuelta era el puto que me agarra las manos para sacarme a bailar, así sin más adelante de todos!!! Ok, estabamos todos alcoholizados, pero era necesario?? En un acto reflejó solté mis manos, le puse cara de ‘qué te pensás que soy puto de mierda’ y me desplacé unos metros hacia otro lado de la pista a seguir bailando con amigos.

Para terminar de embarrar la cuestión, en un momento me encuentro a la chica que me decía ‘peque’ sola (la que había dejado la empresa) sin el amigo puto, y me le acerco a hablar. Y me fui acercando cada vez más, hasta el punto de querer darle un beso y chaparmela ahí nomás. Ella me puso un freno con la mano, y me desvió la boca, y me dijo que no, que yo era un nene para ella. En el fondo yo sabía que no me chapaba porque no sabía si yo era o no era puto. Su cara de confusión fue impagable. Nunca le conté esto a ninguno de mis compañeros, pero estoy seguro que fui el tema de conversación del grupo de las dos chicas amigas del puto y que estaban al tanto de toda la situación.

Nunca más se habló del tema hasta que siete meses después, en mi fiesta de despedida pues yo me cambiaba de trabajo, no me acuerdo de qué manera, la chica que trabajaba conmigo y era amiga de las otras, me hizo un comentario del tipo ‘vos vas seguido a lugares gays, no?’ a lo que yo respondí totalmente despojado ‘si, de vez en cuando, están copados esos lugares, me vas a decir que vos nunca fuiste?’ ‘no obvio, están bárbaros’. Y así seguimos bailando al ritmo de la música, champagne en mano. Esa noche iba a terminar perdiendo parte de un diente a manos de una botella, pero ganándole la batalla a la chusma entrometida.


martes, 10 de enero de 2012

Capitulo XXII: #todosputos 1


Obviamente el cambio radical que había dado en mi vida tuvo un impacto indirecto en mi trabajo. Pensar que yo entré en el 2008 a trabajar a esta empresa con una cosmovisión completamente distinta a la que iba a tener en 2010 cuando renunciara. Hasta podría decir que mi trabajo me había vuelto puto! Pero no era el caso, estaba muy cómodo en donde trabajaba y se había formado un grupo realmente agradable y amigable para trabajar.

La empresa de la que formaba parte contaba con más de 1500 empleados, la mitad de los cuáles se concentraban en el edificio central en Puerto Madero y donde yo trabajaba físicamente. La mayor parte de los empleados se encontraban en el rango de edad que va de los 22 a los 27 años, con una leve mayoría de hombres. Si sacamos cuentas, podríamos decir que de los 800 empleados en el edificio unos 450 serían hombres, de los cuales unos 300 tendrían mi mismo rango de edad. Y si, como dice la publicidad, uno de cada diez argentinos es gay, entonces yo estaba trabajando con otros 29 putos de mi misma edad distribuidos en los tres pisos que tenía la empresa. Claro que hay trabajos más amigables al público homosexual que el que yo estaba inmerso, pero pronto descubriría que si no eran 29, el número se acercaba bastante.

El primer caso que descubrí fue en semana santa, tal como conté en un post anterior. Había un chico en Rheo, bah chico… tendría unos treinta y largos años, que le veía cara conocida y no podía determinar de dónde, hasta que me acordé. Él era gerente de una de las áreas de contabilidad y se sentaba atrás mío literalmente. No lo registraba porque estamos separados por una serie de biombos de manera que nunca o raramente nos cruzábamos. Fue una sensación bastante extraña el verlo en el trabajo. Por un lado estaba tranquilo de que no iba a abrir la boca porque obviamente él hubiese quedado mucho más expuesto que yo, pero fue muy raro porque en un momento, a pedido de mi gerente, tuve que trabajar con él. Fue incomodísimo porque nos cruzamos varias veces ese año en los boliches, y al trabajar juntos los dos nos hacíamos los completos desconocidos #akward.

Otro caso fue el de Sebas, que se acercó a mí en una Plop y me preguntó si yo trabajaba en la empresa Wrong! Como no lo registraba y no me daba asumirlo ahí a cualquier desconocido lo negué. Al lunes siguiente me lo crucé en un pasillo y bastó cruzarmelo de nuevo en un boliche para que me dijera: ‘sabía que trabajabas en la empresa’. Con el transcurso de los boliches empezamos a charlar un poco más y cuando nos cruzábamos en la empresa nos saludabamos como si nada y seguíamos camino. El era tan tapado como yo, así que con el tiempo me relajé y ya no importaba cruzarmelo y charlar. Con el tiempo me lo seguí cruzando por ahí y se volvió un ‘amigo de boliche’.

Por otro lado, una noche chapando con un personaje buena onda que me chapé varias noches y que también mencioné en post anteriores, hablamos del trabajo. Cuando le dije donde trabajaba me dijo ‘mi mejor amigo trabaja ahí!’ Para qué! ‘Está lleno de putos esa empresa’ pensaba yo. No tenía tres meses de ejercicio homosexual y ya empezaban a asomar putos por doquier. Una noche de boliche me presentó a su amigo, pero no pasó de un saludo y nada más. Se notaba que a él le incomodaba tanto como a mí la situación. Un par de veces nos cruzamos en el ascensor del edificio y en el bufet, cada uno siguió en lo suyo y no hubo ni cruce de miradas, como si el que nos conociéramos no formara parte de esa realidad.

Más tarde apareció un caso distinto. En mi equipo de trabajo se comentaba de un chico que en un viaje de trabajo dio a entender que jugaba para el otro equipo y que tenía la habilidad de detectar aquellos que les gustaría jugar con él (se entiende?). Obviamente no tardé en cruzarmelo en las Plops, espero que él no me haya señalado a mí!

La cosa se puso más jugosa cuando, a mitad de año, ingresó una camada de chicos nuevos a trabajar en nuestra área. A los pocos días de trabajo se empezó a correr el rumor de que uno de ellos era puto, pero el motivo de la sospecha me parecía tan estúpido que no le di mucha bolilla. Resulta que uno de los chicos le pidió que le alcanzara la ‘carpeta marrón’ y éste lo corrigió y le dijo ‘eso no es marrón, es violeta’. A partir de ese momento empezó a ser blanco de cargadas a sus espaldas y sospechado de embarcar carne por popa. A mi no me parecía puto por sus actitudes, pero me causaba sospecha que a los 18 se fuera de la casa de la madre a vivir solo, y que nunca hablaba del padre. Qué porteño se escapa de su casa a los 18 años? Lo que no me cerraba, sin embargo, era que nunca me lo había cruzado en ningún boliche. Menos mal, porque me agarraban dolores de estómago de sólo pensar en cruzarme en esos lugares con alguien que trabajaba al lado mío, cuando yo era un tapado total. La cuestión es que finalmente terminó renunciando a los seis meses, no pudiendo esclarecer su caso, hasta que a principios de 2010 me lo crucé en una Plop, varios meses después de que hubiera renunciado. Un saludo, un cruce de palabras y una huída despavorida fue el resumen del encuentro. Sin embargo en el trabajo nos enteramos que era gay porque se lo confesó a una de las chicas que había trabajado con nosotros y que en realidad no vivía solo, sino que vivía con su novio. A mi la verdad que me salió muy bien el personaje de sorprendido. Por suerte nunca más lo volví a ver.

Pero estos eran sólo algunos de los putos del lugar, más tarde me iba a cruzar con otros que iban a ir un poco más lejos, hasta el punto de exponerme frente a mis compañeros de trabajo. (continuará)