Los que me conocen saben que
soy ese tipo de personas a los que les gusta planificar la vida, y en ese
sentido fin de año era siempre el mejor momento para decidir qué es lo que
quería que fuera de ella el año siguiente. A fines del 2009 decidí muchas
cosas: decidí que en el 2010 me iba a recibir, decidí que en el 2010 iba a
cambiar de trabajo y decidí que en el 2010 me iba a vivir solo, en ese orden.
Tres cambios que son trascendentales en la vida de cualquier persona, yo los
quería juntar todos en un mismo año. Sin embargo, lo más importante que había
decidido hacia fines del año 2009 era que no quería estar más solo. Me refiero
al ambiente gay. En un año había conocido a muchas personas, algunas muy
buenas, pero no había podido entablar amistad con ninguna, y me di cuenta que
como se estaban dando las cosas iba a ser imposible. Yo ya tenía mi grupo de
amigos y amigas y en él concentraba mis energías. Por otro lado me sentía muy
poco identificado con las personas que conocí como para profundizar en una amistad.
Por eso, para el 2010 tenía
decidido un plan para dejar de estar solo. Era momento para empezar a salir con
alguien, ya me sentía preparado para entablar una relación. Pero la misma tenía
que cumplir una serie de requisitos para cumplir con mi objetivo, a saber:
1- El más básico de
todos, este chico tenía que estar bueno. Yo estoy bueno así que quiero alguien
que me guste, básico.
2- La relación tenía
que ser temporaria, ya que no podría convivir con una pareja mucho tiempo sin
que mi familia y amigos se enterasen, y eso es algo que yo no estaba dispuesto
a ceder ni enfrentar aún.
3- La persona con la
que me juntara tenía que ser sociable y tener un grupo de amigos que les
gustara salir a boliches, y preferentemente que tengan acceso a los vips. Esto
último tenía que ver con que no me importaba estar en pareja, no era algo que
necesitara, pero sí necesitaba salir con un grupo y pasarla bien, dejar de
estar solo.
Si todo salía como pensaba, la
relación no iba a durar demasiado y me iba a dar a conocer a un grupo de chicos
que, en una de esas, me iban a facilitar establecer relaciones con otras
personas y alejarme un tiempo de la soledad que estaba sintiendo.
En diciembre de 2009
aparecieron dos posibles candidatos, que aparentaban cumplir con todos los
requisitos anteriormente mencionados, y que además chateábamos en MSN y había
cierta onda que podía dar lugar a algo más. Pero ellos tenían algo en común,
eran ‘putos del interior’ y como tal, a fin de año volvían a sus lugares de
origen a pasar las fiestas con la familia y no volverían hasta que no retomaran
los estudios, allá por febrero o marzo. Me despreocupé ya que yo también me iba
a ir de vacaciones. La cosa se daría con el primero que retornara, era hora de
dejar al destino actuar.
Mis planes de vacaciones
consistían en irme con tres amigos a Bolivia y Perú, en lo que sería mi primer
viaje como ‘backpacker’. Partimos el 25 de diciembre y recorrimos el Salar de
Uyuni en Bolivia, después pasamos año nuevo en La Isla del Sol, dándole la
bienvenida al 2010 con una fiesta electrónica boliviana. Luego cruzamos a Perú
yendo a la ciudad de Cuzco y de ahí a Macchu Picchu. En este punto me voy a
detener. Eran las 10 de la mañana del 4 de enero y con mis amigos ya habíamos
hecho el tour por las ruinas y estabamos a punto de subir al Wayna Picchu, la
montaña más alta del parque. Antes de eso, paramos en lo que era una ‘plaza’ de
la ciudadela a tomar agua y comer unas galletitas. En ese momento me pareció
escuchar una voz conocida, así que me di vuelta y lo vi. Estaba sacándole fotos
a dos amigos. Era Mariano, el chico con el que tuve mi segunda vez en una noche
que había terminado a puro llanto. Él se dio vuelta mientras lo miraba y
también me vio. Inmediatamente nos acercamos y nos saludamos y empezamos a
hablar del viaje. Del mío y del suyo. Fueron cinco minutos y después nos
despedimos. Siempre me había parecido una persona copada y había buena onda,
además que era muy loco volverlo a ver en la punta de Macchu Picchu, no? Cuando
volví a donde estaban mis amigos me preguntaron quién era (dos de ellos sabían
que yo era gay, el otro no). ‘un compañero de inglés’ dije yo, y seguimos rumbo
al Wayna. Más tarde en el tren de vuelta a la ciudad de Cuzco, volvimos a
coincidir en el vagón de tren. Él se encontraba sentado en diagonal a mí con
sus amigos. No nos dirigimos la palabra en toda la duración del viaje, pero
cuando llegamos a la estación y mientras salíamos en busca de transporte,
escucho que me dice ‘Chau Tincho’, ‘Chau Marian, que tengas lindo viaje’ me
despedí.
El trayecto de vuelta lo hicimos
a través de Chile, y después cruzamos a Salta en donde tomamos el avión de
vuelta que nos llevaría de regreso a Buenos Aires. Llegamos un sábado a la
tarde, me despedí de mis amigos y regresé a casa. Dormí una siesta, cené y bien
entrada la noche me puse mis mejores atuendos para ir, solo como siempre, a
Human Club. Y es así como, bien entrada la noche, mientras me encontraba al
costado de la pista de baile siento que alguien me toca la espalda como llamándome.
Me doy vuelta y veo a una chica entregadísima. La miré (era linda por cierto),
la agarré de la cintura y me la chapé unos minutos. Al terminar con la
cuestión, se me acerca un amigo de ella que estaba al lado y me pregunta ‘Sos
bisexual?’ poniendo carita de “por favor decime que sí”. La situación me
pareció bastante bizarra así que, por más que el chico también era lindo, pegué
la vuelta sin responderle pero sonriendo.
Fue una linda noche y era muy
extraña la sensación de que unas horas antes había estado bailando en un
boliche de Salta, o unos días antes escalando el Macchu Picchu o atravesando en
barco el Titicaca, y esa noche estaba chapándome minas en uno de los boliches
gay más top de Buenos Aires bailando al ritmo de lo último de la música pop.
Gotta love ambiguity.