viernes, 27 de enero de 2012

Capitulo XXIV: #todosputos 3


Hubo otra situación laboral, a principios de 2010, esta vez con un chico que trabajaba en el área de viajes de la empresa. Sí, la empresa donde trabajaba contaba con un área de viajes ya que muchos empleados tenían que viajar por cuestiones laborales. Esta área se encontraba muy cerca de donde trabajábamos nosotros y estaba formada por dos personas, un chico y una chica. El chico tenía mi edad, y cada tanto venía a hablar con nosotros porque habíamos pegado onda, de hecho a fines del 2009 arreglaría con él la venta de pasajes para irme de vacaciones con mis amigos. La cuestión es que una vez lo ví en la Rheo. Él no me había visto pero yo sí, estaba charlando con un grupo de chicos. Me resultó extraño verlo, porque si bien uno de los chicos del laburo insinuó que podía ser puto, en mi año en la empresa nunca lo había visto en un boliche y en facebook no tenía amigos gays en común, dos cuestiones que yo creía clave para confirmar un diagnóstico de homosexualidad.

Rheo, para los que no lo conocen, es diminuto, es imposible no cruzarse con todas las personas que van al lugar. Al verlo al muchacho se me presentaban dos opciones: o me iba corriendo despavorido, o me quedaba y veía qué onda. Sorprendentemente decidí quedarme, yo a esa altura ya estaba saliendo con mi futuro novio y no me daba para huir del lugar. Tenía que relajarme. En definitiva él era puto y tapado como yo. Así que seguí en la mía, hasta que en un momento de la noche nos cruzamos en la puerta que daba al patio. Yo pasé por el costado sin dirigirle la mirada, pero pude ver cómo él giró en sí mismo y me miró sorprendido. Se quedó duro, evidentemente no esperaba encontrarme en ese lugar. Yo seguí unos metros más hacia el lugar donde estaban mi novio y sus amigos y me quedé charlando con ellos. El me miró un rato más, y después desapareció por ahí.

Al lunes siguiente, nos cruzamos en el baño en el trabajo. Nos saludamos, charlamos dos boludeces y seguimos camino. Sin embargo la charla fue bastante tensa, ya que los dos sabíamos algo que ninguno se animaba a decir. Unas semanas más tarde el chico se iba a ir de la empresa, había pedido el cambio a otra oficina porque decía que en esta se trabajaba mucho y lo estresaba. Digan lo que quieran, pero para mí se pegó tal julepe cuando me vio que decidió mandarse a mudar. Una pena, porque yo iba a terminar renunciando al mes siguiente para cambiarme de laburo, mis motivos sí eran meramente laborales.

Más adelante me lo seguí cruzando en boliches, y esas veces sí se acercó a hablarme, con tanta buena onda que hasta me parece que me tenía ganas.

Por otro lado quiero hablar de los ‘stalkers’, cuya traducción al español sería ‘acosadores’. Creo que la mayoría de las personas alguna vez tuvieron un stalker que en algunos casos es visible, y en otros imperceptible. Bueno, yo tuve el mio a finales de 2009 y bastante hincha pelotas fue.

Todo empezó en una salida a la Plop por el mes de Agosto, en aquella época se formaban largas colas en el guardarropas para dejar los abrigos de invierno y poder desplazarse más cómodamente por las instalaciones. Yo me encontraba en una de estas interminables colas, solo como siempre, cuando de repente escucho un grito: ‘Matt!’. Al principio no le di bola porque supuse que no era para mi, quién me iba a estar llamando a mi si no conocía a nadie. De nuevo: ‘Matt!’, ya empecé a mirar a mis costados un poco nervioso pensando que tal vez alguien que me conocía me estaba llamando, y yo todavía estaba bien perseguido de que me vieran en esos lugares. Fue al tercer grito que divisé a la persona que, efectivamente, me estaba llamando. Era el amigo de uno de mis chapes constantes de aquellas noches, con el que había charlado varias veces y pegado buena onda. Estaba como treinta personas más adelante en la fila, así que ni dudé en acercarme a él a saludar, y de paso ahorrarme unos minutos de cola. Con él había otros dos chicos, con los que me puse a charlar. La verdad que ninguno de los tres eran agraciados de la vida, pero eran buena onda y estar un rato acompañado me hacía bien.

Igual después me enteré que no me había llamado porque le caía bien. Resulta que una noche, con mucho alcohol encima, él y otro amigo me insistieron y persiguieron para que les diera un beso, literalmente. Yo un poco cansado y un poco en pedo, le dí un pico a cada uno y todos contentos, ellos por el beso y yo porque se dejaron de joder. Bueno, ahora este chico le había dicho a los otros que nosotros habíamos chapado (desde cuando un pico es chapar!!!), y como los otros no le creían me llamó para mostrarles que nos conocíamos y hasta por momentos se puso cariñoso. Pero bueno, yo me encargué de desmentirlo en el momento, así que a la historia del stalker me remito.

Estuvimos charlando un buen rato, e incluso después fuimos todos a la barra a sacar tragos y como por el lapso de una hora estuvimos todos juntos. Después los perdí, o me perdí intencionalmente no recuerdo bien, y seguí con mi vida como venía siendo hasta el momento: chico solo buscando no se qué cosa en un boliche atestado de putos.

A uno de ellos en particular me lo seguí cruzando otras noches y saludando y charlando un rato. Una noche en Human, hablando de la Creamfields que se venía y de las ganas de ver a David Guetta que tocaba por primera vez en Argentina, me pidió el número de celular porque me dijo que podía conseguir entradas y podíamos ir juntos con unos amigos de él. Yo, ingenuamente, se lo dí.

Al lunes siguiente, mientras me encontraba en una clase de la facultad, suena mi celular a las ocho de la mañana. Como era un número desconocido, no atendí ya que no ameritaba interrumpir una clase. Al minuto vuelve a sonar el teléfono y era el mismo número, ya a esta altura levanté una ceja. Qué podía ser tan importante a esta hora de la mañana, qué podría haber pasado?. No atendí. Al tercer llamado seguido me preocupé, algo importante debe haber ocurrido. Me levanté de mi asiento, salí del aula y ya en el patio atendí ‘Hola’ ‘Hola, Matt?’ no reconocía la voz ‘Sí, quien habla? ‘Habla Fulano, te acordás de mí?’ Era el chabón de Human ‘Si…si…como estás?’ ‘Bien, y vos? Que hacías?’ ‘Todo bien, estoy en una clase en la facu. Pasó algo?’ ‘No nada, sólo quería ver cómo estabas’ (Y PARA ESO ME TENÉS QUE LLAMAR TRES VECES SEGUIDAS A LAS OCHO DE LA MAÑANA COMO SI NO TUVIERA NADA MÁS IMPORTANTE QUE HACER DE MI VIDA QUE HABLAR CON VOS) ‘Aaaah.. jaja estoy muy bien gracias. Pero te tengo que dejar porque tengo que seguir con la clase. Después hablamos’ ‘Bueno, dale. Que tengas lindo día’ ‘Chau chau’. Indignado corté la comunicación y volví a lo importante, la clase.

Bien entrada la noche, cerca de las once y media, el teléfono iba a volver a sonar una y otra vez. Era el mismo número que me llamó a la mañana. Después del tercer llamado le mandé un sms diciéndole que estaba ocupado en el cine que no lo iba a atender. Me respondió que era una lástima que quería hablar conmigo. Por suerte se dejó de joder ese día. A la mañana siguiente me volvió a mandar un sms preguntándome qué hacía. ‘Estoy en clase’, le respondí cortante. Y a la tarde a la noche nuevamente, una y otra vez sonando. Como nunca paraba me obligaba a reaccionar. Le mandé un sms: ‘qué pasa? estoy durmiendo’. ‘Qué temprano que dormís’ me respondió CARADURAAA era casi la medianoche. El miércoles extrañamente no llamó y me fui a dormir ilusionado con la idea de que se hubiese olvidado de mí. Pero el jueves a la noche de nuevo, llamando una y otra vez, hasta que por fin se dio cuenta y me mandó un mensaje: ‘si no me querés atender decimelo’. PERO ES CLARO QUE NO TE QUIERO ATENDER. Nunca más supe de él, y una sola vez me lo crucé en un boliche y pasó al lado mío con cara de ofendido. Por favor, quiénes son! Decorado de utilería!

Por último quiero hablar de mis vecinos, ya que parece que en el barrio me fichaban más de lo que yo mismo imaginaba. Hubo dos vecinos que me contactaron vía facebook, me mandaban mensajes privados diciéndome que me conocían, que me veían por el barrio, que éramos vecinos. Yo les seguía inocentemente la conversación. Más tarde me iba a enterar que eran una pareja que vivía en un edificio en frente de casa, los dos me habían contactado en forma separada vía facebook y los dos me tiraron onda. Con uno me dejé de hablar porque era un pelado desubicado, y con el otro pegué buena onda y cada vez que nos cruzábamos por la calle, o a veces en boliches, nos saludamos cordialmente. Hoy seguimos siendo vecinos y de vez en cuando nos cruzamos.

Otro caso raro se dio una vez que volvía de un Palacio (me refiero al boliche, todavía no soy príncipe), de una ‘white party’ más precisamente. Como la mayoría de las veces al volver del boliche saqué a pasear a mi perra para que no me despierte llorando a cualquier hora de la mañana para salir a pasear. En esa paseada se me cruza un chico, medio borracho y me saluda. Me dice que me ve todas las mañanas cuando paseo a mi perra, y que hace unos días que no me veía. *Weird*. Nos pusimos a hablar, resultaba que él era vecino mío, tenía 17 años, iba a un colegio de la zona y no le copaban los compañeros porque ‘siempre viven drogándose’. Parecía muy buena onda, y no sé si era mi cabeza o qué, pero hablábamos muy cerca uno del otro y hasta con cierto grado de histeriqueo sexual. Pero a no olvidar que tenía 17 años! Charlamos como 10 minutos y después cada uno a su casa. Digan lo que quieran pero si este chico no era puto le faltaban 5 minutos. Hoy en día rara vez lo cruzo y rara vez lo saludo.

viernes, 20 de enero de 2012

Capitulo XXIII: #todosputos 2


En el trabajo siempre me jodían con una de las chicas del área de contabilidad que cada tanto venía a saludar a nuestro sector. Ella me decía ‘el peque’ porque cuando entré a la empresa tenía apenas 22 años y era el más nene de todos, sin contar que por mi cara aparentaba 19 y ella rondaba los 27. La cuestión es que en todo laburo de oficina siempre hay un histeriqueo hombre-mujer con tono de joda que nunca llega a nada en concreto. El mío era con ella, que a su vez formaba amistad con otras dos chicas, otra de contabilidad y una que trabajaba con nosotros.

Un día vino a trabajar a nuestra área (nuestras máquinas eran notebooks así que podíamos trasladar nuestro trabajo sin inconvenientes) y se sentó al lado mío porque el lugar estaba desocupado. Compartimos mates y estuvimos charlando toda la tarde. En medio de esa conversación surgió la típica pregunta ‘Qué hiciste el finde?’, a lo que ella me responde ‘Salí a bailar con amigos’ ‘Ah sí, a dónde?’ le pregunté inocentemente ‘A Human’ me dice ‘A dónde??’ me hice el que no sabía de que hablaba. ‘A Human, es en Mandarine, es un boliche gay nuevo que abrió’ ‘Mirá vos! no sabía que te cabía esa onda’ ‘Tengo varios amigos gays y de vez en cuando salgo con ellos, me cago de risa’ me dijo ella.

De más está decir que ese cruce de palabras generó en mi ataques de paranoia en las salidas posteriores a Human, persiguiéndome con la idea de que me iba a cruzar con ella o con alguna de sus amigas y  no iba a saber que cómo justificarlo. Por suerte tal cosa nunca pasó, y mi vida siguió tranquila hasta que por el mes de noviembre me enteré que la chica en cuestión iba a dejar la empresa en unas tres semanas. Junto con esta noticia ella empezó a ponerse misteriosa cada vez que me veía ‘Peque, después te quiero preguntar algo’ me dijo una vez. ‘Cuando quieras’ le decía yo. Otro día me dijo: ‘Después tengo que hablar con vos’ ‘Vamos a hablar ahora’ ‘No, mejor en otro momento, afuera del trabajo’ me decía, y ponía cara de misteriosa y todo. Yo por dentro me moría porque era obvio que algo sospechaba, y yo no tenía idea cuál podía haber sido su fuente, hasta que un día la encontré.

La otra amiga de contabilidad se había mudado hace unos meses a vivir sola, con un amigo. Víctima de las gastadas del grupo laboral que desconfiaba de tal amistad, la chica declaró ‘Chicos, mi amigo es gay’. Yo me quedé super tranquilo porque no había chance de que el amigo gay realizara ningún tipo de relación entre verme a mí en un boliche y su amiga. Lo que nunca me imaginé es que ese amigo gay también trabajaba en la empresa. Llegué a esta conclusión después de realizar varias conexiones entre lo que contaban las chicas, las preguntas raras que me hacían y las fotos en facebook. Cuando identifiqué al chico en cuestión me quería matar. Seguramente me habría visto en algún boliche y se lo había contado a las chicas, que estaban deseosas de despejar toda duda preguntándome si me la lastraba. Sería cuestión de negar mi presencia en cualquier boliche y argumentar que ‘seguramente se equivocó’ o algo así.

Finalmente llegó el día de la despedida de la chica, en esas últimas semanas el amigo gay venía seguido a trabajar a nuestra área, aunque yo nunca cruzaba palabra. Sólo un par de veces tuvimos que hablar por cuestiones laborales, una por teléfono y otra personalmente, pero como si nada. La chica se fue de la empresa sin nunca mencionar palabra al respecto ni realizarme pregunta alguna, aunque quedaban las otras dos amigas que podían seguir sospechando.

La cosa se iba a complicar a la semana siguiente, en una salida de Plop, mientras caminaba por el piso de arriba del boliche nuestras miradas se cruzaron, fue un segundo, pero fue claro que nos habíamos visto. El amigo puto estaba ahí acompañado de otras personas desconocidas. Si tenían alguna duda, ahora se iba a convertir en certeza. Yo desvié la mirada como si nada y seguí mi camino, cruzándomelo un par de veces más en la noche pero de lejos, y tratando de convencerme de que por haberme visto en una Plop no tenía por qué ser gay, no cierto?

La semana que siguió se realizó la fiesta de fin de año de la empresa en Puerto Madero. Yo me junté con mis compañeros de área a hacer una previa en donde tomamos de todo. Cuando llegamos al salón a la medianoche, estaba tocando la banda ‘La Mosca’ y todo era una fiesta. El lugar era chico para la cantidad de gente que había (unas 1200 personas), y no tardamos en encontrarnos, en otra situación rara, con la chica que se había ido hace dos semanas de la empresa, su amiga contadora y su amigo gay. Lo peor pasó cuando en un momento que me acerqué a hablar con ella, viene el puto y me dice ‘A vos te vi en la Plop’, así adelante de las dos chicas. Yo puse cara de ‘what the fuck?’ y me di media vuelta y me fui, abandonando la conversación que estaba teniendo con una de las chicas. Me quería matar y la única solución que vi en el momento fue seguir tomando como si no hubiera mañana.

Peor fue el momento en que estaba bailando cuarteto con una de mis compañeras de trabajo, y siento que alguien me toca la espalda. Cuando me doy vuelta era el puto que me agarra las manos para sacarme a bailar, así sin más adelante de todos!!! Ok, estabamos todos alcoholizados, pero era necesario?? En un acto reflejó solté mis manos, le puse cara de ‘qué te pensás que soy puto de mierda’ y me desplacé unos metros hacia otro lado de la pista a seguir bailando con amigos.

Para terminar de embarrar la cuestión, en un momento me encuentro a la chica que me decía ‘peque’ sola (la que había dejado la empresa) sin el amigo puto, y me le acerco a hablar. Y me fui acercando cada vez más, hasta el punto de querer darle un beso y chaparmela ahí nomás. Ella me puso un freno con la mano, y me desvió la boca, y me dijo que no, que yo era un nene para ella. En el fondo yo sabía que no me chapaba porque no sabía si yo era o no era puto. Su cara de confusión fue impagable. Nunca le conté esto a ninguno de mis compañeros, pero estoy seguro que fui el tema de conversación del grupo de las dos chicas amigas del puto y que estaban al tanto de toda la situación.

Nunca más se habló del tema hasta que siete meses después, en mi fiesta de despedida pues yo me cambiaba de trabajo, no me acuerdo de qué manera, la chica que trabajaba conmigo y era amiga de las otras, me hizo un comentario del tipo ‘vos vas seguido a lugares gays, no?’ a lo que yo respondí totalmente despojado ‘si, de vez en cuando, están copados esos lugares, me vas a decir que vos nunca fuiste?’ ‘no obvio, están bárbaros’. Y así seguimos bailando al ritmo de la música, champagne en mano. Esa noche iba a terminar perdiendo parte de un diente a manos de una botella, pero ganándole la batalla a la chusma entrometida.


martes, 10 de enero de 2012

Capitulo XXII: #todosputos 1


Obviamente el cambio radical que había dado en mi vida tuvo un impacto indirecto en mi trabajo. Pensar que yo entré en el 2008 a trabajar a esta empresa con una cosmovisión completamente distinta a la que iba a tener en 2010 cuando renunciara. Hasta podría decir que mi trabajo me había vuelto puto! Pero no era el caso, estaba muy cómodo en donde trabajaba y se había formado un grupo realmente agradable y amigable para trabajar.

La empresa de la que formaba parte contaba con más de 1500 empleados, la mitad de los cuáles se concentraban en el edificio central en Puerto Madero y donde yo trabajaba físicamente. La mayor parte de los empleados se encontraban en el rango de edad que va de los 22 a los 27 años, con una leve mayoría de hombres. Si sacamos cuentas, podríamos decir que de los 800 empleados en el edificio unos 450 serían hombres, de los cuales unos 300 tendrían mi mismo rango de edad. Y si, como dice la publicidad, uno de cada diez argentinos es gay, entonces yo estaba trabajando con otros 29 putos de mi misma edad distribuidos en los tres pisos que tenía la empresa. Claro que hay trabajos más amigables al público homosexual que el que yo estaba inmerso, pero pronto descubriría que si no eran 29, el número se acercaba bastante.

El primer caso que descubrí fue en semana santa, tal como conté en un post anterior. Había un chico en Rheo, bah chico… tendría unos treinta y largos años, que le veía cara conocida y no podía determinar de dónde, hasta que me acordé. Él era gerente de una de las áreas de contabilidad y se sentaba atrás mío literalmente. No lo registraba porque estamos separados por una serie de biombos de manera que nunca o raramente nos cruzábamos. Fue una sensación bastante extraña el verlo en el trabajo. Por un lado estaba tranquilo de que no iba a abrir la boca porque obviamente él hubiese quedado mucho más expuesto que yo, pero fue muy raro porque en un momento, a pedido de mi gerente, tuve que trabajar con él. Fue incomodísimo porque nos cruzamos varias veces ese año en los boliches, y al trabajar juntos los dos nos hacíamos los completos desconocidos #akward.

Otro caso fue el de Sebas, que se acercó a mí en una Plop y me preguntó si yo trabajaba en la empresa Wrong! Como no lo registraba y no me daba asumirlo ahí a cualquier desconocido lo negué. Al lunes siguiente me lo crucé en un pasillo y bastó cruzarmelo de nuevo en un boliche para que me dijera: ‘sabía que trabajabas en la empresa’. Con el transcurso de los boliches empezamos a charlar un poco más y cuando nos cruzábamos en la empresa nos saludabamos como si nada y seguíamos camino. El era tan tapado como yo, así que con el tiempo me relajé y ya no importaba cruzarmelo y charlar. Con el tiempo me lo seguí cruzando por ahí y se volvió un ‘amigo de boliche’.

Por otro lado, una noche chapando con un personaje buena onda que me chapé varias noches y que también mencioné en post anteriores, hablamos del trabajo. Cuando le dije donde trabajaba me dijo ‘mi mejor amigo trabaja ahí!’ Para qué! ‘Está lleno de putos esa empresa’ pensaba yo. No tenía tres meses de ejercicio homosexual y ya empezaban a asomar putos por doquier. Una noche de boliche me presentó a su amigo, pero no pasó de un saludo y nada más. Se notaba que a él le incomodaba tanto como a mí la situación. Un par de veces nos cruzamos en el ascensor del edificio y en el bufet, cada uno siguió en lo suyo y no hubo ni cruce de miradas, como si el que nos conociéramos no formara parte de esa realidad.

Más tarde apareció un caso distinto. En mi equipo de trabajo se comentaba de un chico que en un viaje de trabajo dio a entender que jugaba para el otro equipo y que tenía la habilidad de detectar aquellos que les gustaría jugar con él (se entiende?). Obviamente no tardé en cruzarmelo en las Plops, espero que él no me haya señalado a mí!

La cosa se puso más jugosa cuando, a mitad de año, ingresó una camada de chicos nuevos a trabajar en nuestra área. A los pocos días de trabajo se empezó a correr el rumor de que uno de ellos era puto, pero el motivo de la sospecha me parecía tan estúpido que no le di mucha bolilla. Resulta que uno de los chicos le pidió que le alcanzara la ‘carpeta marrón’ y éste lo corrigió y le dijo ‘eso no es marrón, es violeta’. A partir de ese momento empezó a ser blanco de cargadas a sus espaldas y sospechado de embarcar carne por popa. A mi no me parecía puto por sus actitudes, pero me causaba sospecha que a los 18 se fuera de la casa de la madre a vivir solo, y que nunca hablaba del padre. Qué porteño se escapa de su casa a los 18 años? Lo que no me cerraba, sin embargo, era que nunca me lo había cruzado en ningún boliche. Menos mal, porque me agarraban dolores de estómago de sólo pensar en cruzarme en esos lugares con alguien que trabajaba al lado mío, cuando yo era un tapado total. La cuestión es que finalmente terminó renunciando a los seis meses, no pudiendo esclarecer su caso, hasta que a principios de 2010 me lo crucé en una Plop, varios meses después de que hubiera renunciado. Un saludo, un cruce de palabras y una huída despavorida fue el resumen del encuentro. Sin embargo en el trabajo nos enteramos que era gay porque se lo confesó a una de las chicas que había trabajado con nosotros y que en realidad no vivía solo, sino que vivía con su novio. A mi la verdad que me salió muy bien el personaje de sorprendido. Por suerte nunca más lo volví a ver.

Pero estos eran sólo algunos de los putos del lugar, más tarde me iba a cruzar con otros que iban a ir un poco más lejos, hasta el punto de exponerme frente a mis compañeros de trabajo. (continuará)