viernes, 20 de enero de 2012

Capitulo XXIII: #todosputos 2


En el trabajo siempre me jodían con una de las chicas del área de contabilidad que cada tanto venía a saludar a nuestro sector. Ella me decía ‘el peque’ porque cuando entré a la empresa tenía apenas 22 años y era el más nene de todos, sin contar que por mi cara aparentaba 19 y ella rondaba los 27. La cuestión es que en todo laburo de oficina siempre hay un histeriqueo hombre-mujer con tono de joda que nunca llega a nada en concreto. El mío era con ella, que a su vez formaba amistad con otras dos chicas, otra de contabilidad y una que trabajaba con nosotros.

Un día vino a trabajar a nuestra área (nuestras máquinas eran notebooks así que podíamos trasladar nuestro trabajo sin inconvenientes) y se sentó al lado mío porque el lugar estaba desocupado. Compartimos mates y estuvimos charlando toda la tarde. En medio de esa conversación surgió la típica pregunta ‘Qué hiciste el finde?’, a lo que ella me responde ‘Salí a bailar con amigos’ ‘Ah sí, a dónde?’ le pregunté inocentemente ‘A Human’ me dice ‘A dónde??’ me hice el que no sabía de que hablaba. ‘A Human, es en Mandarine, es un boliche gay nuevo que abrió’ ‘Mirá vos! no sabía que te cabía esa onda’ ‘Tengo varios amigos gays y de vez en cuando salgo con ellos, me cago de risa’ me dijo ella.

De más está decir que ese cruce de palabras generó en mi ataques de paranoia en las salidas posteriores a Human, persiguiéndome con la idea de que me iba a cruzar con ella o con alguna de sus amigas y  no iba a saber que cómo justificarlo. Por suerte tal cosa nunca pasó, y mi vida siguió tranquila hasta que por el mes de noviembre me enteré que la chica en cuestión iba a dejar la empresa en unas tres semanas. Junto con esta noticia ella empezó a ponerse misteriosa cada vez que me veía ‘Peque, después te quiero preguntar algo’ me dijo una vez. ‘Cuando quieras’ le decía yo. Otro día me dijo: ‘Después tengo que hablar con vos’ ‘Vamos a hablar ahora’ ‘No, mejor en otro momento, afuera del trabajo’ me decía, y ponía cara de misteriosa y todo. Yo por dentro me moría porque era obvio que algo sospechaba, y yo no tenía idea cuál podía haber sido su fuente, hasta que un día la encontré.

La otra amiga de contabilidad se había mudado hace unos meses a vivir sola, con un amigo. Víctima de las gastadas del grupo laboral que desconfiaba de tal amistad, la chica declaró ‘Chicos, mi amigo es gay’. Yo me quedé super tranquilo porque no había chance de que el amigo gay realizara ningún tipo de relación entre verme a mí en un boliche y su amiga. Lo que nunca me imaginé es que ese amigo gay también trabajaba en la empresa. Llegué a esta conclusión después de realizar varias conexiones entre lo que contaban las chicas, las preguntas raras que me hacían y las fotos en facebook. Cuando identifiqué al chico en cuestión me quería matar. Seguramente me habría visto en algún boliche y se lo había contado a las chicas, que estaban deseosas de despejar toda duda preguntándome si me la lastraba. Sería cuestión de negar mi presencia en cualquier boliche y argumentar que ‘seguramente se equivocó’ o algo así.

Finalmente llegó el día de la despedida de la chica, en esas últimas semanas el amigo gay venía seguido a trabajar a nuestra área, aunque yo nunca cruzaba palabra. Sólo un par de veces tuvimos que hablar por cuestiones laborales, una por teléfono y otra personalmente, pero como si nada. La chica se fue de la empresa sin nunca mencionar palabra al respecto ni realizarme pregunta alguna, aunque quedaban las otras dos amigas que podían seguir sospechando.

La cosa se iba a complicar a la semana siguiente, en una salida de Plop, mientras caminaba por el piso de arriba del boliche nuestras miradas se cruzaron, fue un segundo, pero fue claro que nos habíamos visto. El amigo puto estaba ahí acompañado de otras personas desconocidas. Si tenían alguna duda, ahora se iba a convertir en certeza. Yo desvié la mirada como si nada y seguí mi camino, cruzándomelo un par de veces más en la noche pero de lejos, y tratando de convencerme de que por haberme visto en una Plop no tenía por qué ser gay, no cierto?

La semana que siguió se realizó la fiesta de fin de año de la empresa en Puerto Madero. Yo me junté con mis compañeros de área a hacer una previa en donde tomamos de todo. Cuando llegamos al salón a la medianoche, estaba tocando la banda ‘La Mosca’ y todo era una fiesta. El lugar era chico para la cantidad de gente que había (unas 1200 personas), y no tardamos en encontrarnos, en otra situación rara, con la chica que se había ido hace dos semanas de la empresa, su amiga contadora y su amigo gay. Lo peor pasó cuando en un momento que me acerqué a hablar con ella, viene el puto y me dice ‘A vos te vi en la Plop’, así adelante de las dos chicas. Yo puse cara de ‘what the fuck?’ y me di media vuelta y me fui, abandonando la conversación que estaba teniendo con una de las chicas. Me quería matar y la única solución que vi en el momento fue seguir tomando como si no hubiera mañana.

Peor fue el momento en que estaba bailando cuarteto con una de mis compañeras de trabajo, y siento que alguien me toca la espalda. Cuando me doy vuelta era el puto que me agarra las manos para sacarme a bailar, así sin más adelante de todos!!! Ok, estabamos todos alcoholizados, pero era necesario?? En un acto reflejó solté mis manos, le puse cara de ‘qué te pensás que soy puto de mierda’ y me desplacé unos metros hacia otro lado de la pista a seguir bailando con amigos.

Para terminar de embarrar la cuestión, en un momento me encuentro a la chica que me decía ‘peque’ sola (la que había dejado la empresa) sin el amigo puto, y me le acerco a hablar. Y me fui acercando cada vez más, hasta el punto de querer darle un beso y chaparmela ahí nomás. Ella me puso un freno con la mano, y me desvió la boca, y me dijo que no, que yo era un nene para ella. En el fondo yo sabía que no me chapaba porque no sabía si yo era o no era puto. Su cara de confusión fue impagable. Nunca le conté esto a ninguno de mis compañeros, pero estoy seguro que fui el tema de conversación del grupo de las dos chicas amigas del puto y que estaban al tanto de toda la situación.

Nunca más se habló del tema hasta que siete meses después, en mi fiesta de despedida pues yo me cambiaba de trabajo, no me acuerdo de qué manera, la chica que trabajaba conmigo y era amiga de las otras, me hizo un comentario del tipo ‘vos vas seguido a lugares gays, no?’ a lo que yo respondí totalmente despojado ‘si, de vez en cuando, están copados esos lugares, me vas a decir que vos nunca fuiste?’ ‘no obvio, están bárbaros’. Y así seguimos bailando al ritmo de la música, champagne en mano. Esa noche iba a terminar perdiendo parte de un diente a manos de una botella, pero ganándole la batalla a la chusma entrometida.


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