En el trabajo siempre me
jodían con una de las chicas del área de contabilidad que cada tanto venía a
saludar a nuestro sector. Ella me decía ‘el peque’ porque cuando entré a la
empresa tenía apenas 22 años y era el más nene de todos, sin contar que por mi
cara aparentaba 19 y ella rondaba los 27. La cuestión es que en todo laburo de
oficina siempre hay un histeriqueo hombre-mujer con tono de joda que nunca
llega a nada en concreto. El mío era con ella, que a su vez formaba amistad con
otras dos chicas, otra de contabilidad y una que trabajaba con nosotros.
Un día vino a trabajar a
nuestra área (nuestras máquinas eran notebooks así que podíamos trasladar
nuestro trabajo sin inconvenientes) y se sentó al lado mío porque el lugar
estaba desocupado. Compartimos mates y estuvimos charlando toda la tarde. En medio de esa
conversación surgió la típica pregunta ‘Qué hiciste el finde?’, a lo que ella
me responde ‘Salí a bailar con amigos’ ‘Ah sí, a dónde?’ le pregunté
inocentemente ‘A Human’ me dice ‘A dónde??’ me hice el que no sabía de que
hablaba. ‘A Human, es en Mandarine, es un boliche gay nuevo que abrió’ ‘Mirá
vos! no sabía que te cabía esa onda’ ‘Tengo varios amigos gays y de vez en
cuando salgo con ellos, me cago de risa’ me dijo ella.
De más está decir que ese
cruce de palabras generó en mi ataques de paranoia en las salidas posteriores a
Human, persiguiéndome con la idea de que me iba a cruzar con ella o con alguna
de sus amigas y no iba a saber que cómo
justificarlo. Por suerte tal cosa nunca pasó, y mi vida siguió tranquila hasta
que por el mes de noviembre me enteré que la chica en cuestión iba a dejar la
empresa en unas tres semanas. Junto con esta noticia ella empezó a ponerse
misteriosa cada vez que me veía ‘Peque, después te quiero preguntar algo’ me
dijo una vez. ‘Cuando quieras’ le decía yo. Otro día me dijo: ‘Después tengo
que hablar con vos’ ‘Vamos a hablar ahora’ ‘No, mejor en otro momento, afuera
del trabajo’ me decía, y ponía cara de misteriosa y todo. Yo por dentro me
moría porque era obvio que algo sospechaba, y yo no tenía idea cuál podía haber
sido su fuente, hasta que un día la encontré.
La otra amiga de contabilidad
se había mudado hace unos meses a vivir sola, con un amigo. Víctima de las
gastadas del grupo laboral que desconfiaba de tal amistad, la chica declaró
‘Chicos, mi amigo es gay’. Yo me quedé super tranquilo porque no había chance
de que el amigo gay realizara ningún tipo de relación entre verme a mí en un
boliche y su amiga. Lo que nunca me imaginé es que ese amigo gay también
trabajaba en la
empresa. Llegué a esta conclusión después de realizar varias
conexiones entre lo que contaban las chicas, las preguntas raras que me hacían
y las fotos en facebook. Cuando identifiqué al chico en cuestión me quería
matar. Seguramente me habría visto en algún boliche y se lo había contado a las
chicas, que estaban deseosas de despejar toda duda preguntándome si me la lastraba. Sería
cuestión de negar mi presencia en cualquier boliche y argumentar que
‘seguramente se equivocó’ o algo así.
Finalmente llegó el día de la
despedida de la chica, en esas últimas semanas el amigo gay venía seguido a
trabajar a nuestra área, aunque yo nunca cruzaba palabra. Sólo un par de veces
tuvimos que hablar por cuestiones laborales, una por teléfono y otra
personalmente, pero como si nada. La chica se fue de la empresa sin nunca
mencionar palabra al respecto ni realizarme pregunta alguna, aunque quedaban
las otras dos amigas que podían seguir sospechando.
La cosa se iba a complicar a
la semana siguiente, en una salida de Plop, mientras caminaba por el piso de arriba
del boliche nuestras miradas se cruzaron, fue un segundo, pero fue claro que
nos habíamos visto. El amigo puto estaba ahí acompañado de otras personas
desconocidas. Si tenían alguna duda, ahora se iba a convertir en certeza. Yo
desvié la mirada como si nada y seguí mi camino, cruzándomelo un par de veces
más en la noche pero de lejos, y tratando de convencerme de que por haberme
visto en una Plop no tenía por qué ser gay, no cierto?
La semana que siguió se
realizó la fiesta de fin de año de la empresa en Puerto Madero. Yo me junté con
mis compañeros de área a hacer una previa en donde tomamos de todo. Cuando
llegamos al salón a la medianoche, estaba tocando la banda ‘La Mosca’ y todo
era una fiesta. El lugar era chico para la cantidad de gente que había (unas
1200 personas), y no tardamos en encontrarnos, en otra situación rara, con la
chica que se había ido hace dos semanas de la empresa, su amiga contadora y su
amigo gay. Lo peor pasó cuando en un momento que me acerqué a hablar con ella,
viene el puto y me dice ‘A vos te vi en la Plop’, así adelante de las dos
chicas. Yo puse cara de ‘what the fuck?’ y me di media vuelta y me fui,
abandonando la conversación que estaba teniendo con una de las chicas. Me
quería matar y la única solución que vi en el momento fue seguir tomando como
si no hubiera mañana.
Peor fue el momento en que
estaba bailando cuarteto con una de mis compañeras de trabajo, y siento que
alguien me toca la
espalda. Cuando me doy vuelta era el puto que me agarra las
manos para sacarme a bailar, así sin más adelante de todos!!! Ok, estabamos
todos alcoholizados, pero era necesario?? En un acto reflejó solté mis manos,
le puse cara de ‘qué te pensás que soy puto de mierda’ y me desplacé unos metros
hacia otro lado de la pista a seguir bailando con amigos.
Para terminar de embarrar la
cuestión, en un momento me encuentro a la chica que me decía ‘peque’ sola (la
que había dejado la empresa) sin el amigo puto, y me le acerco a hablar. Y me
fui acercando cada vez más, hasta el punto de querer darle un beso y chaparmela
ahí nomás. Ella me puso un freno con la mano, y me desvió la boca, y me dijo
que no, que yo era un nene para ella. En el fondo yo sabía que no me chapaba
porque no sabía si yo era o no era puto. Su cara de confusión fue impagable.
Nunca le conté esto a ninguno de mis compañeros, pero estoy seguro que fui el
tema de conversación del grupo de las dos chicas amigas del puto y que estaban
al tanto de toda la situación.
Nunca más se habló del tema
hasta que siete meses después, en mi fiesta de despedida pues yo me cambiaba de
trabajo, no me acuerdo de qué manera, la chica que trabajaba conmigo y era
amiga de las otras, me hizo un comentario del tipo ‘vos vas seguido a lugares
gays, no?’ a lo que yo respondí totalmente despojado ‘si, de vez en cuando,
están copados esos lugares, me vas a decir que vos nunca fuiste?’ ‘no obvio,
están bárbaros’. Y así seguimos bailando al ritmo de la música, champagne en
mano. Esa noche iba a terminar perdiendo parte de un diente a manos de una
botella, pero ganándole la batalla a la chusma entrometida.
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