martes, 10 de enero de 2012

Capitulo XXII: #todosputos 1


Obviamente el cambio radical que había dado en mi vida tuvo un impacto indirecto en mi trabajo. Pensar que yo entré en el 2008 a trabajar a esta empresa con una cosmovisión completamente distinta a la que iba a tener en 2010 cuando renunciara. Hasta podría decir que mi trabajo me había vuelto puto! Pero no era el caso, estaba muy cómodo en donde trabajaba y se había formado un grupo realmente agradable y amigable para trabajar.

La empresa de la que formaba parte contaba con más de 1500 empleados, la mitad de los cuáles se concentraban en el edificio central en Puerto Madero y donde yo trabajaba físicamente. La mayor parte de los empleados se encontraban en el rango de edad que va de los 22 a los 27 años, con una leve mayoría de hombres. Si sacamos cuentas, podríamos decir que de los 800 empleados en el edificio unos 450 serían hombres, de los cuales unos 300 tendrían mi mismo rango de edad. Y si, como dice la publicidad, uno de cada diez argentinos es gay, entonces yo estaba trabajando con otros 29 putos de mi misma edad distribuidos en los tres pisos que tenía la empresa. Claro que hay trabajos más amigables al público homosexual que el que yo estaba inmerso, pero pronto descubriría que si no eran 29, el número se acercaba bastante.

El primer caso que descubrí fue en semana santa, tal como conté en un post anterior. Había un chico en Rheo, bah chico… tendría unos treinta y largos años, que le veía cara conocida y no podía determinar de dónde, hasta que me acordé. Él era gerente de una de las áreas de contabilidad y se sentaba atrás mío literalmente. No lo registraba porque estamos separados por una serie de biombos de manera que nunca o raramente nos cruzábamos. Fue una sensación bastante extraña el verlo en el trabajo. Por un lado estaba tranquilo de que no iba a abrir la boca porque obviamente él hubiese quedado mucho más expuesto que yo, pero fue muy raro porque en un momento, a pedido de mi gerente, tuve que trabajar con él. Fue incomodísimo porque nos cruzamos varias veces ese año en los boliches, y al trabajar juntos los dos nos hacíamos los completos desconocidos #akward.

Otro caso fue el de Sebas, que se acercó a mí en una Plop y me preguntó si yo trabajaba en la empresa Wrong! Como no lo registraba y no me daba asumirlo ahí a cualquier desconocido lo negué. Al lunes siguiente me lo crucé en un pasillo y bastó cruzarmelo de nuevo en un boliche para que me dijera: ‘sabía que trabajabas en la empresa’. Con el transcurso de los boliches empezamos a charlar un poco más y cuando nos cruzábamos en la empresa nos saludabamos como si nada y seguíamos camino. El era tan tapado como yo, así que con el tiempo me relajé y ya no importaba cruzarmelo y charlar. Con el tiempo me lo seguí cruzando por ahí y se volvió un ‘amigo de boliche’.

Por otro lado, una noche chapando con un personaje buena onda que me chapé varias noches y que también mencioné en post anteriores, hablamos del trabajo. Cuando le dije donde trabajaba me dijo ‘mi mejor amigo trabaja ahí!’ Para qué! ‘Está lleno de putos esa empresa’ pensaba yo. No tenía tres meses de ejercicio homosexual y ya empezaban a asomar putos por doquier. Una noche de boliche me presentó a su amigo, pero no pasó de un saludo y nada más. Se notaba que a él le incomodaba tanto como a mí la situación. Un par de veces nos cruzamos en el ascensor del edificio y en el bufet, cada uno siguió en lo suyo y no hubo ni cruce de miradas, como si el que nos conociéramos no formara parte de esa realidad.

Más tarde apareció un caso distinto. En mi equipo de trabajo se comentaba de un chico que en un viaje de trabajo dio a entender que jugaba para el otro equipo y que tenía la habilidad de detectar aquellos que les gustaría jugar con él (se entiende?). Obviamente no tardé en cruzarmelo en las Plops, espero que él no me haya señalado a mí!

La cosa se puso más jugosa cuando, a mitad de año, ingresó una camada de chicos nuevos a trabajar en nuestra área. A los pocos días de trabajo se empezó a correr el rumor de que uno de ellos era puto, pero el motivo de la sospecha me parecía tan estúpido que no le di mucha bolilla. Resulta que uno de los chicos le pidió que le alcanzara la ‘carpeta marrón’ y éste lo corrigió y le dijo ‘eso no es marrón, es violeta’. A partir de ese momento empezó a ser blanco de cargadas a sus espaldas y sospechado de embarcar carne por popa. A mi no me parecía puto por sus actitudes, pero me causaba sospecha que a los 18 se fuera de la casa de la madre a vivir solo, y que nunca hablaba del padre. Qué porteño se escapa de su casa a los 18 años? Lo que no me cerraba, sin embargo, era que nunca me lo había cruzado en ningún boliche. Menos mal, porque me agarraban dolores de estómago de sólo pensar en cruzarme en esos lugares con alguien que trabajaba al lado mío, cuando yo era un tapado total. La cuestión es que finalmente terminó renunciando a los seis meses, no pudiendo esclarecer su caso, hasta que a principios de 2010 me lo crucé en una Plop, varios meses después de que hubiera renunciado. Un saludo, un cruce de palabras y una huída despavorida fue el resumen del encuentro. Sin embargo en el trabajo nos enteramos que era gay porque se lo confesó a una de las chicas que había trabajado con nosotros y que en realidad no vivía solo, sino que vivía con su novio. A mi la verdad que me salió muy bien el personaje de sorprendido. Por suerte nunca más lo volví a ver.

Pero estos eran sólo algunos de los putos del lugar, más tarde me iba a cruzar con otros que iban a ir un poco más lejos, hasta el punto de exponerme frente a mis compañeros de trabajo. (continuará)

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