Obviamente el cambio radical
que había dado en mi vida tuvo un impacto indirecto en mi trabajo. Pensar que
yo entré en el 2008 a
trabajar a esta empresa con una cosmovisión completamente distinta a la que iba
a tener en 2010 cuando renunciara. Hasta podría decir que mi trabajo me había
vuelto puto! Pero no era el caso, estaba muy cómodo en donde trabajaba y se
había formado un grupo realmente agradable y amigable para trabajar.
La empresa de la que formaba
parte contaba con más de 1500 empleados, la mitad de los cuáles se concentraban
en el edificio central en Puerto Madero y donde yo trabajaba físicamente. La
mayor parte de los empleados se encontraban en el rango de edad que va de los 22 a los 27 años, con una leve
mayoría de hombres. Si sacamos cuentas, podríamos decir que de los 800
empleados en el edificio unos 450 serían hombres, de los cuales unos 300
tendrían mi mismo rango de edad. Y si, como dice la publicidad, uno de cada diez
argentinos es gay, entonces yo estaba trabajando con otros 29 putos de mi misma
edad distribuidos en los tres pisos que tenía la empresa. Claro que
hay trabajos más amigables al público homosexual que el que yo estaba inmerso,
pero pronto descubriría que si no eran 29, el número se acercaba bastante.
El primer caso que descubrí
fue en semana santa, tal como conté en un post anterior. Había un chico en Rheo,
bah chico… tendría unos treinta y largos años, que le veía cara conocida y no
podía determinar de dónde, hasta que me acordé. Él era gerente de una de las
áreas de contabilidad y se sentaba atrás mío literalmente. No lo registraba
porque estamos separados por una serie de biombos de manera que nunca o
raramente nos cruzábamos. Fue una sensación bastante extraña el verlo en el trabajo.
Por un lado estaba tranquilo de que no iba a abrir la boca porque obviamente él
hubiese quedado mucho más expuesto que yo, pero fue muy raro porque en un
momento, a pedido de mi gerente, tuve que trabajar con él. Fue incomodísimo
porque nos cruzamos varias veces ese año en los boliches, y al trabajar juntos
los dos nos hacíamos los completos desconocidos #akward.
Otro caso fue el de Sebas, que
se acercó a mí en una Plop y me preguntó si yo trabajaba en la empresa Wrong ! Como
no lo registraba y no me daba asumirlo ahí a cualquier desconocido lo negué. Al
lunes siguiente me lo crucé en un pasillo y bastó cruzarmelo de nuevo en un boliche
para que me dijera: ‘sabía que trabajabas en la empresa’. Con el transcurso de
los boliches empezamos a charlar un poco más y cuando nos cruzábamos en la
empresa nos saludabamos como si nada y seguíamos camino. El era tan tapado como
yo, así que con el tiempo me relajé y ya no importaba cruzarmelo y charlar. Con
el tiempo me lo seguí cruzando por ahí y se volvió un ‘amigo de boliche’.
Por otro lado, una noche
chapando con un personaje buena onda que me chapé varias noches y que también
mencioné en post anteriores, hablamos del trabajo. Cuando le dije donde
trabajaba me dijo ‘mi mejor amigo trabaja ahí!’ Para qué! ‘Está lleno de putos
esa empresa’ pensaba yo. No tenía tres meses de ejercicio homosexual y ya
empezaban a asomar putos por doquier. Una noche de boliche me presentó a su
amigo, pero no pasó de un saludo y nada más. Se notaba que a él le incomodaba
tanto como a mí la
situación. Un par de veces nos cruzamos en el ascensor del
edificio y en el bufet, cada uno siguió en lo suyo y no hubo ni cruce de
miradas, como si el que nos conociéramos no formara parte de esa realidad.
Más tarde apareció un caso
distinto. En mi equipo de trabajo se comentaba de un chico que en un viaje de
trabajo dio a entender que jugaba para el otro equipo y que tenía la habilidad
de detectar aquellos que les gustaría jugar con él (se entiende?). Obviamente
no tardé en cruzarmelo en las Plops, espero que él no me haya señalado a mí!
La cosa se puso más jugosa
cuando, a mitad de año, ingresó una camada de chicos nuevos a trabajar en
nuestra área. A los pocos días de trabajo se empezó a correr el rumor de que
uno de ellos era puto, pero el motivo de la sospecha me parecía tan estúpido
que no le di mucha bolilla. Resulta que uno de los chicos le pidió que le
alcanzara la ‘carpeta marrón’ y éste lo corrigió y le dijo ‘eso no es marrón,
es violeta’. A partir de ese momento empezó a ser blanco de cargadas a sus
espaldas y sospechado de embarcar carne por popa. A mi no me parecía puto por
sus actitudes, pero me causaba sospecha que a los 18 se fuera de la casa de la
madre a vivir solo, y que nunca hablaba del padre. Qué porteño se escapa de su
casa a los 18 años? Lo que no me cerraba, sin embargo, era que nunca me lo
había cruzado en ningún boliche. Menos mal, porque me agarraban dolores de estómago
de sólo pensar en cruzarme en esos lugares con alguien que trabajaba al lado
mío, cuando yo era un tapado total. La cuestión es que finalmente terminó
renunciando a los seis meses, no pudiendo esclarecer su caso, hasta que a
principios de 2010 me lo crucé en una Plop, varios meses después de que hubiera
renunciado. Un saludo, un cruce de palabras y una huída despavorida fue el
resumen del encuentro. Sin embargo en el trabajo nos enteramos que era gay
porque se lo confesó a una de las chicas que había trabajado con nosotros y que
en realidad no vivía solo, sino que vivía con su novio. A mi la verdad que me
salió muy bien el personaje de sorprendido. Por suerte nunca más lo volví a
ver.
Pero estos eran sólo algunos
de los putos del lugar, más tarde me iba a cruzar con otros que iban a ir un
poco más lejos, hasta el punto de exponerme frente a mis compañeros de trabajo.
(continuará)
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