viernes, 20 de abril de 2012

Capitulo XXVII: Stick to the plan


Febrero de 2010 vino con nuevas salidas en soledad: una vez a la plop, en donde me chapé a un chaboncito todo musculoso que se deshizo de mí cuando me negué a ir juntos al baño a hacer porquerías (y no me refiero a cagar) y otra vez a Human Club en dónde me chapé una chica. Esta situación fue rara, pero ya me había pasado una vez en la Plop de ir caminando y que me agarrara una chica y me chapara así sin más. En Human fue similar, yo estaba bailando solo al lado de la pista cuando siento que alguien me toca la espalda como llamándome. Me doy vuelta y allí estaba esta niña, linda por cierto, con claros ánimos de ‘avance’. Sin titubear me la chapé ahí nomás en lo que sería mi primer chape en ese boliche. Después de chaparmela se acercó el amigo gay de la chica en cuestión y me preguntó con cara sonriente: ‘sos bisexual?’. No puede evitar sonreir. Pegué media vuelta y me fui.

A mediados de mes, uno de los chicos con los que había chateado en diciembre volvió de su aldea natal. Su nombre era M., tenía 22 años (yo estaba cerca de los 24) y parecía cumplir con todos los requisitos mencionados en un post anterior. Rápidamente retomamos las conversaciones virtuales y quedamos en vernos en la Plop del viernes 19. Yo le dije que iba a ir con una amiga, obviamente, qué le iba a decir? Que no tenía con quien ir? Que no tenía amigos que me acompañaran? Que me gustaba ir solo para hacer la mía? Claramente no. Él me invitó a que fuera con mi amiga a la previa que se hacía en su casa, yo le dije que no, que ya “teníamos planes” pero que nos veíamos en el boliche. Nada hubiese querido más que ir a una previa antes de salir a un boliche gay, pero claramente todavía no era momento.

El viernes llegó y nuevamente hice mi propia previa solo en casa hasta que se hizo la hora de partir. Cuando llegué al boliche hice la cola pensando en qué le iba a decir a M. si me lo cruzaba y me viese entrando solo. Por suerte ello no ocurrió y tipo 1.30 ya estaba adentro del concurrido boliche.

La noche fue transcurriendo y no me crucé con M. Yo tenía su celular y él el mío y si con el correr del tiempo no nos cruzábamos, un mensaje de texto resolvería las cosas (qué fácil la vida luego de la revolución tecnológica, no?). Cerca de las tres de la mañana llegó el mensaje. Me preguntaba donde andaba, le respondí y el me dice que está abajo en la pista del lado izquierdo cerca del escenario, bailando con amigos. Así que hacia allá me dirigí desde el primer piso. No sabía muy bien que decir cuando lo vea, qué onda cuando hable con él, cómo será. De nuevo, todas las especulaciones posibles daban vueltas por mi cabeza. Lo vi bailando por ahí, de remera roja. Me acerqué, le toqué la espalda, bailamos un rato y fuimos a la barra a tomar algo. No hablamos mucho, de qué se puede hablar en un boliche, no? Me acuerdo que me confundí una berruga que tiene en la pera con un piercing (¿?). Así que después de una breve charla me lo chapé ahí en la barra. Besaba muy bien. Más tarde seguimos bailando, chapando y charlando. De vez en cuando aparecía alguno de sus amigos borrachos para saludar, y en un momento fuimos en la búsqueda de “mi amiga”. Obviamente nunca la íbamos a encontrar, pero fuimos en su búsqueda hasta el último piso, con la compañía de un amigo de él. Cuando llegamos al tercer piso hice como que le mandaba un mensaje a mi amiga preguntando donde estaba y después les comuniqué la respuesta: ‘se fue del boliche con una chica’, inspirándome en lo sucedido unas semanas antes con B. Gracias APTRA!!

Seguimos bailando y tomando en la pista de arriba, que estaba semi inundada por la tormenta que se desataba afuera, hasta que, pasadas las cinco, nos fuimos del boliche. Volvimos juntos caminando por Lacroze hasta Santa Fe, parando en alguna entrada de edificio para chapar. En Santa Fe nos despedimos y yo me tomé el colectivo rumbo a casa.

Al día siguiente fui a su casa a tomar mates y a conocernos un poco mejor. Hablamos un poco de las carreras que estudiábamos, de la familia, de los amigos. Él básicamente me preguntó de dónde había salido, así que le conté un poco sobre mi poca experiencia en el mundo gay y en algún tipo de relaciones. Los mates y la charla dio lugar a los besos, nuevamente iniciativa mía, y los besos dieron lugar a quedarnos desnudos en la cama. Al contrario de lo que muchos pensarán no pasó de eso, la verdad que yo estaba un poco nervioso ya que en definitiva nunca estuve en serio con nadie, así que prefería ni intentar, al menos en ese momento. Luego de estar un rato largo acostados desnudos en la cama, me tenía que ir a lo de un amigo, así que nos cambiamos y me bajó a abrir la puerta. Allí nos despedimos con un beso y un ‘hablamos’. Me fui contento porque habíamos pegado buena onda y mi plan de finiquitar la soledad marchaba sobre ruedas. Nunca me iba a imaginar que iba a ser el comienzo de una larga historia.

lunes, 9 de abril de 2012

Eyes wide shut



Hace poco una amiga que está escribiendo para un seminario de sexualidad me pidió que le contara por qué hoy, después de tres años desde que me asumí como homosexual, no le conté a mi familia sobre mi situación. Es muy difícil hacer entender los motivos a los que no se encuentran en mi lugar. Supongo que no lo hice porque no quería pasar el infierno de vivir en mi casa en esa situación. Mi madre es depresiva y mi hermana la persona más insegura que conozco. En base a lo poco que comenté en mi familiar, aceptar enteramente mi homosexualidad y mi práctica homosexual hubiese resultado en conflictos permanentes en el ámbito familiar que esas personalidades no estaban preparados para enfrentar. Significaba llegar a casa cansado después de un día de trabajo y facultad, y tener que escuchar reproches de mi madre por el rumbo que había decidido seguir. Significaba responder un interrogatorio cada vez que quisiera salir de casa a la noche. Significaba escuchar reproches de que 'no pienso en mi hermana ni en mi familia' a la hora de actuar. Significaba escuchar sobre médicos psiquiatras que podían solucionar mi 'problema'. Significaba escuchar llorar a mi madre todas las noches. Significaba que seguramente mi padre, y el resto de mi familia, se enterarían generando situaciones familiares de tensión insoportablemente incómodas. Significaba que yo iba a estar en el centro de la escena familiar, con alguien siempre dispuesto a ayudarme, pero cómo cada uno creía conveniente y no como realmente podían ayudarme, Significaba que todas las discusiones iban a terminar con un 'maricón'. Y la verdad que lo único que yo quería era sentir el apoyo familiar y que me dejasen ser y confiaran en mi madurez de 23 años, pero sabía que eso no era lo que iba a encontrar, porque en la cabeza de mi familia, si ellos no se metían y me corregían, significaba que yo no les importaba, cuando en realidad era todo lo contrario.
Yo estaba enfrentando un mundo desconocido y descubriendo un lado de mi sexualidad en lo que nada era seguro. Necesitaba gente que me apoyara y me dijera que no importa como resultara, siempre podría contar con ellos. No necesitaba gente que me dijera qué tenía que hacer, qué era lo mejor para mí y que pensara que el camino para conseguirlo era el de la confrontación.
Vivir en un escenario de depresión familiar, discusiones permanentes sobre decisiones de vida y control constante de mi accionar me hubiese paralizado, hubiese evitado que yo tome un montón de decisiones que me convirtieron en la persona que soy hoy. Hubiese tenido un efecto totalmente adverso: me hubiese retenido dentro del placard mucho tiempo más.
- Pero si estuviste 23 años tapado, por qué no estarlo un tiempo más para que tu familia lo dirigiese mejor?
- Porque ahora sabía que quería, ahora lo tenía asumido, y quería experimentarlo. Yo no fui un reprimido durante 23 años, siempre intenté entender qué era lo que me pasaba. Ahora que lo sabía no podía reprimirme, y por mi personalidad, sentía que compartir lo que me pasaba con mi familia iba a llevarme a eso, más que a liberarme. Con la idea de no lastimarlos iba a reprimirme y meterme adentro de un closet del que yo ya no quería formar parte.
Es por eso que tomé la decisión de seguir con mi vida como si nada hubiera cambiado. Tomar las decisiones sin sentirme condicionado por mi entorno familiar. Hay personas que dicen que quieren que sus padres los conozcan por como realmente son, y por eso los enfrentan. Para mí son zonceras porque yo con mis padres soy como soy realmente más allá de con quién me acueste. En mi caso mi personalidad estaba desarrollada con anterioridad a mi sexualidad, y no sentía que era otra persona al ser homosexual, algo que particularmente mi madre no lo entendía.
Obviamente que mi familia no es ciega y eventualmente se darían cuenta de que algo conmigo pasaba. Y entendía que el día que decidiera enfrentarlos seguramente estuvieran mejor preparados. Y en mi mente me imagino ese momento con años de vida homosexual encima, y con el apoyo de mi entorno de amigos, que me darían la confianza suficiente para enfrentar a las personas que menos quería lastimar. Por otro lado, ya no viviría con ellos y tendría mi propio lugar para llevar mi propia vida, sin presiones. Mientras tanto, ante los ojos de ellos, mi vida transcurriría sin grandes novedades. Ojos que no ven...