Febrero de 2010 vino con
nuevas salidas en soledad: una vez a la plop, en donde me chapé a un chaboncito
todo musculoso que se deshizo de mí cuando me negué a ir juntos al baño a hacer
porquerías (y no me refiero a cagar) y otra vez a Human Club en dónde me chapé
una chica. Esta situación fue rara, pero ya me había pasado una vez en la Plop
de ir caminando y que me agarrara una chica y me chapara así sin más. En Human
fue similar, yo estaba bailando solo al lado de la pista cuando siento que
alguien me toca la espalda como llamándome. Me doy vuelta y allí estaba esta
niña, linda por cierto, con claros ánimos de ‘avance’. Sin titubear me la chapé
ahí nomás en lo que sería mi primer chape en ese boliche. Después de chaparmela
se acercó el amigo gay de la chica en cuestión y me preguntó con cara
sonriente: ‘sos bisexual?’. No puede evitar sonreir. Pegué media vuelta y me
fui.
A mediados de mes, uno de los
chicos con los que había chateado en diciembre volvió de su aldea natal. Su
nombre era M., tenía 22 años (yo estaba cerca de los 24) y parecía cumplir con
todos los requisitos mencionados en un post anterior. Rápidamente retomamos las
conversaciones virtuales y quedamos en vernos en la Plop del viernes 19. Yo le
dije que iba a ir con una amiga, obviamente, qué le iba a decir? Que no tenía
con quien ir? Que no tenía amigos que me acompañaran? Que me gustaba ir solo
para hacer la mía? Claramente no. Él me invitó a que fuera con mi amiga a la
previa que se hacía en su casa, yo le dije que no, que ya “teníamos planes”
pero que nos veíamos en el boliche. Nada hubiese querido más que ir a una
previa antes de salir a un boliche gay, pero claramente todavía no era momento.
El viernes llegó y nuevamente
hice mi propia previa solo en casa hasta que se hizo la hora de partir. Cuando
llegué al boliche hice la cola pensando en qué le iba a decir a M. si me lo
cruzaba y me viese entrando solo. Por suerte ello no ocurrió y tipo 1.30 ya
estaba adentro del concurrido boliche.
La noche fue transcurriendo y
no me crucé con M. Yo tenía su celular y él el mío y si con el correr del
tiempo no nos cruzábamos, un mensaje de texto resolvería las cosas (qué fácil la
vida luego de la revolución tecnológica, no?). Cerca de las tres de la mañana
llegó el mensaje. Me preguntaba donde andaba, le respondí y el me dice que está
abajo en la pista del lado izquierdo cerca del escenario, bailando con amigos.
Así que hacia allá me dirigí desde el primer piso. No sabía muy bien que decir
cuando lo vea, qué onda cuando hable con él, cómo será. De nuevo, todas las
especulaciones posibles daban vueltas por mi cabeza. Lo vi bailando por ahí, de
remera roja. Me acerqué, le toqué la espalda, bailamos un rato y fuimos a la
barra a tomar algo. No hablamos mucho, de qué se puede hablar en un boliche,
no? Me acuerdo que me confundí una berruga que tiene en la pera con un piercing
(¿?). Así que después de una breve charla me lo chapé ahí en la barra. Besaba muy
bien. Más tarde seguimos bailando, chapando y charlando. De vez en cuando
aparecía alguno de sus amigos borrachos para saludar, y en un momento fuimos en
la búsqueda de “mi amiga”. Obviamente nunca la íbamos a encontrar, pero fuimos
en su búsqueda hasta el último piso, con la compañía de un amigo de él. Cuando
llegamos al tercer piso hice como que le mandaba un mensaje a mi amiga preguntando
donde estaba y después les comuniqué la respuesta: ‘se fue del boliche con una
chica’, inspirándome en lo sucedido unas semanas antes con B. Gracias APTRA!!
Seguimos bailando y tomando en
la pista de arriba, que estaba semi inundada por la tormenta que se desataba
afuera, hasta que, pasadas las cinco, nos fuimos del boliche. Volvimos juntos caminando
por Lacroze hasta Santa Fe, parando en alguna entrada de edificio para chapar.
En Santa Fe nos despedimos y yo me tomé el colectivo rumbo a casa.
Al día siguiente fui a su casa
a tomar mates y a conocernos un poco mejor. Hablamos un poco de las carreras
que estudiábamos, de la familia, de los amigos. Él básicamente me preguntó de
dónde había salido, así que le conté un poco sobre mi poca experiencia en el
mundo gay y en algún tipo de relaciones. Los mates y la charla dio lugar a los
besos, nuevamente iniciativa mía, y los besos dieron lugar a quedarnos desnudos
en la cama. Al
contrario de lo que muchos pensarán no pasó de eso, la verdad que yo estaba un
poco nervioso ya que en definitiva nunca estuve en serio con nadie, así que
prefería ni intentar, al menos en ese momento. Luego de estar un rato largo
acostados desnudos en la cama, me tenía que ir a lo de un amigo, así que nos
cambiamos y me bajó a abrir la
puerta. Allí nos despedimos con un beso y un ‘hablamos’. Me
fui contento porque habíamos pegado buena onda y mi plan de finiquitar la
soledad marchaba sobre ruedas. Nunca me iba a imaginar que iba a ser el
comienzo de una larga historia.
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