sábado, 4 de mayo de 2013

Capitulo XXXII: No se entiende



Mi sollozo se vio interrumpido por el sonido del celular, mi amigo con el que había ido al cumpleaños me estaba llamando. Lo atendí y le dije que estaba en el auto, que lo esperaba para ir a otro lado. Paralalelamente, era el cumpleaños de la novia de un amigo y hacia allá fuimos los dos, para hacerle compañía. En el viaje, que no duró más de 10 minutos, le resumí brevemente lo acontecido. Él era uno de los que se había enterado de mi homosexualidad por la torta buchona, hacía ya más de un año. Volví a quebrarme mientras le contaba, diciéndole que todo lo que pasaba era culpa mía, por no poder terminar de aceptarme y asumirme sin problemas. Él me escuchó y me contuvo, de manera que cuando llegamos a la otra fiesta ya había superado el disgusto, por lo menos por afuera.

Cuando entramos a la fiesta nos esperaba nuestro amigo con un champagne en la mano rodeado de post-adolescentes disfrazados de todo tipo de personajes. Si mal no recuerdo él mismo era una especie de Jack Sparrow criollo. Mientras bebíamos la burbujeante copa le comenté que había tenido una situación incómoda con J. y A. en el cumpleaños del que veníamos y acordamos en juntarnos al día siguiente para contarle un poco mejor e intercambiar opiniones sobre el asunto. Así iba a finalizar cualquier referencia al hecho esa noche pero la tristeza que sentí inicialmente se fue transformando en bronca por no ser comprendido.

Al día siguiente me junté con los dos amigos con los que salí del closet la primera vez aquella semana santa de 2009. De alguna manera ellos eran más cercanos que yo a J. y A., con lo cual esperaba que si sospechaban algo ellos lo sabrían. Les conté todo lo sucedido la noche del sábado y los dos se vieron sorprendidos por el comportamiento de los chicos. Es más, uno de ellos me dijo que en el medio de la noche recibió un mensaje de A. que decía ‘gayfriendly’ y no había entendido a qué se refería. Cotejando horarios dedujimos que lo había enviado en seguida después del mensaje sobre las mentiras. De nuevo no lo podía creer. Si había algo que faltaba para confirmar que lo sabían o sospechaban y me boludeaban era eso. Como conclusión de la charla decidí que era momento de enfrentarlos y contarles mi situación y cómo me sentía al respecto. De paso, podrían explicarme, además, el motivo de su infantil comportamiento. Decidí sin embargo encarar únicamente a J. ya que había mostrado una posición mucho más amigable y conciliadora que la de A. y al que, en definitiva, había estado a punto de contarle lo mío en el boliche.

A través de mensajes de texto arreglé encontrarme con J. el viernes en su casa, alrededor de la 1 de la mañana que era cuando volvía de grabar un programa de TV del que era camarógrafo. Esa noche cené con M. y luego de algunos mimos me fui a juntarme con J. Llegué 1.30 tal como habíamos arreglado pero él no había llegado. Me quedé esperándolo varios minutos hecho una bola de nervios. Otra vez tenía que enfrentar una situación de ‘coming out’. Hacía más de un año que no le contaba a un amigo, y mierda… que situación estresante. Y eso que esta vez se suponía que ya lo sabían.  Luego de veinte minutos de infinita espera, y cuando me estaba por ir, apareció J.

Entramos a la casa, abrimos una cerveza, fuimos a su habitación, charlamos un rato, me mostró unos videos que había hecho para la facu y luego de casi media hora de charla me preguntó por lo acontecido el sábado anterior. Y ahí nomás le dije que me había ofendido por cómo habían actuado sabiendo que era gay. Y ahí reaccionó, esa reacción leve, casi imperceptible, en donde aleja su cabeza unos dos centímetros hacia atrás como queriendo tener una imagen más completa de mi persona. Con una sonrisa me preguntó si era puto. Sí, le dije, no sabías?. No ni idea, me respondió. Y ahí empezó a hacerme preguntas sobre mi homosexualidad, hace cuanto que lo sabía, quienes sabían de mi situación, cómo lo manejaba en el trabajo y con la familia, etc. Parece que el gaste de J. estaba más orientado a mi mentira sobre R. que a sospechar de mi homosexualidad. Le pregunté si A. sabía, y también lo negó. ‘No me dijo nada’. Todo muy raro. Sabría A. algo y no lo contó?  Por qué los comentarios sobre la ley de matrimonio homosexual y el mensajito gay friendly? Sería mi camisa muy aputosada? Misterio.

Nos quedamos con J. charlando y tomando hasta pasadas las cuatro de la mañana. Él ya estaba un poco fumado y escabiado y me preguntó si no lo alcanzaba hasta un boliche de unos amigos. En el medio de la charla me preguntó si estaba saliendo con alguien. Me quedé pensando unos segundos. Sí, le dije, Hace unos meses ya, se llama M. Era la primera vez que comentaba con mis amigos hombres que estaba saliendo con alguien. Lo alcancé hasta el boliche y nos despedimos, no sin antes pedirle que no dijera nada.

viernes, 1 de marzo de 2013

Capitulo XXXI: La realidad de frente



Eran las 3am del 29 de Agosto de 2010. Caminaba apurado por las calles de Palermo, un poco por el frío intenso del pleno invierno porteño y otro poco intentando llegar rápido a un lugar donde nadie me pudiera ver. Por fin llegué a lugar al que me dirigía. Entré a mi auto estacionado, cerré el pestillo de la puerta y recliné el asiento delantero hasta el máximo de su capacidad. Y ahí nomas, recostado bajo la intimidad que me proporcionaba el polarizado, me largué a llorar. Una vez más, odié ser homosexual.

Claro que para llegar a la situación descripta anteriormente se dieron una serie de eventos desafortunados cuyo origen lo relaciono con mi nuevo empleo y la Mariana Nannis de Lanús. Resulta que con el paso de los días me dijo que estudiaba producción de TV, que coincidentemente era lo mismo que estudiaba uno de los chicos de mi grupo de amigos (recordemos que pertenezco a un grupo de ocho amigos en dónde sólo cuatro sabían de mi situación). Charlando un poco más descubrimos que era compañera de curso de mi amigo en una materia (vivan las casualidades!). El problema fue que un día mi compañera me dijo que había estado hablando con mi amigo de mi ‘novia’ R., con qué necesidad! Por suerte mi amigo se hizo el dolobu y yo después le dije a mi compañera que todavía no había tenido la oportunidad de comentarle a él, así que seguramente no sabía.

Ahora, cómo le explicaba a mi amigo que no estaba saliendo con R. y que era todo una tapadera porque, por si no sabía, me la venía lastrando con ganas hace tiempo! O peor, que R. en realidad era M. y tenía pito! Algo le iba a tener que decir y/o hacer! Cómo hago? Lo llamo y le digo de vernos? Pongo carita y le digo que soy gay y que no diga nada? Qué pasaba si él le comentaba a algún otro amigo sobre R. antes que a mí? Todo me resultaba muy difícil, todavía me costaba mucho salir y enfrentarme con la realidad. La puerta de mi closet estaba entreabierta y yo todavía no terminaba se salir. Decidí entonces tomar la posición más cómoda, y la que había estado tomando el último tiempo: si a alguien le interesaba que me pregunte. La idea era llevar la situación hasta el punto en que no pudiera mentir y me viera forzado a contar la verdad.

Pasaron dos semanas sin mayores noticias, hasta que un día coincidimos en el cumpleaños de uno de los chicos del grupo. El festejo era en un bar boliche por la zona de Niceto Vega en Palermo. Llegué junto a dos amigos pasada la media noche y ya estaban todos tomando algo en el boliche, incluido mi amigo que “creía” que estaba de novio, vamos a llamarlo J. para identificarlo mejor. Él se había juntado a hacer la previa con A., otro de nuestro grupo de amigos que tampoco sabía lo mío y, como buen perseguido que soy, me imaginé que ahora eran dos los que creían que yo andaba diciendo en mi trabajo que salía con R. Me acerqué a saludarlos, cruzamos un par de palabras y luego me aproxime a la barra para mojar un poco los labios.

Ya con mi trago en la mano me puse a charlar con alguno de los chicos cuando de repente me llega un mensaje de texto a mi celular que venía de parte de A. y decía una frase que no recuerdo pero que se asemejaba a la conocida “la mentira tiene patas cortas”. Cuando lo leí no lo podía creer, a qué mentira se referían? A lo de mi supuesta relación con R. o a lo de mi supuesta heterosexualidad? Por qué no me lo preguntaron de frente? Qué necesidad de mandar un mensaje por atrás sin dar la cara? Me di vuelta y los vi en una esquina a J. y a A. hablando y riéndose. Me acerqué todo furioso y les sacudí el celular en la cara diciéndoles que cualquier cosa que me tengan que decir me lo dijeran en la cara, que lo que hicieron me parecía una chiquilinada. Ni bien terminé la frase pegué media vuelta y volví hacia donde estaba el resto de mis amigos charlando, conversación de la que no pude formar parte porque mi cabeza giraba hacia otro lado.

Qué hubiera preferido yo que pasara? Que se hicieran los boludos? Que me felicitaran por mi nueva relación? Que me preguntaran qué onda? No sé bien. Todos los caminos desembocaban en justificar mi acción para tapar mi homosexualidad. Lo que me había dolido era la forma, porque si en su concepto de mentira entraba mi sexualidad, entonces me estaban lastimando.

No les hablé por el resto de la noche, hasta que en un momento se me acercó J. a preguntarme si me había enojado. Estábamos sentados en los sillones del VIP en el primer piso del boliche, Qué te parece?! Le dije yo. No te enojes, me respondió. Así que estás saliendo con R.? Cómo va eso? Me preguntó. Parecía querer creerlo. Yo le dije que no estaba saliendo con nadie, y que había contado eso en el trabajo por otro tema. Qué pasó amigo? Me preguntó con sincero interés. Nada, le dije, es muy largo y complicado para hablar y no es lugar, seguí. Insistió en que le contara, ya con cara de preocupado. Y en ese momento tomé aire, miré hacia arriba, y sentí que tenía que contarle. Las piernas me empezaron a temblar. Estaba a punto de decir las palabras mágicas, junto cuando se sentó A. al lado nuestro e interrumpiendo me preguntó: Estás contento con la nueva ley?, haciendo referencia a la recientemente sancionada ley de matrimonio igualitario. Qué ley? Le dije yo, hasta que caí… no lo podía creer. Ellos sabían de mi homosexualidad. Se habían enterado y me lo estaban haciendo saber de esa manera. Mandandome mensajes sobre mentiras y preguntándome por la ley. Me sentí boludeado e incomprendido. Lo que para ellos era chistoso para mí significaba un dolor muy grande. De repente todo lo que temía que ocurriera en una situación de 'coming out' se estaba cumpliendo.
Me levanté del sillón, y disparé para las escaleras que conducían a la pista. De fondo escuchaba a J. diciéndole a A. que se callara que estábamos hablando y que yo estaba por decirle algo. Pero ya era tarde. Bajé las escaleras del VIP y salí disparado del boliche.

Eran las 3am del 29 de Agosto de 2010. Caminaba apurado por las calles de Palermo, un poco por el frío intenso del pleno invierno porteño y otro poco intentando llegar rápido a un lugar donde nadie me pudiera ver. Por fin llegué a lugar al que me dirigía. Entré a mi auto estacionado, cerré el pestillo de la puerta y recliné el asiento delantero hasta el máximo de su capacidad. Y ahí nomás, recostado bajo la intimidad que me proporcionaba el polarizado, me largué a llorar. Una vez más, odié ser homosexual.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Capitulo XXX: Horóscopo de Invierno


FAMILIA: La falta de apoyo en las decisiones que usted toma lo obligarán a modificar sus planes. No deje que una discusión familiar lo desvíe de la meta final.

A principios de Julio me gradué de la facultad y cambié de trabajo, dos de los tres objetivos que me había planteado para el año. Junto con la graduación vino un regalo familiar en forma de automóvil que yo podía comprar cuando quisiese con el dinero que ellos me facilitarían. Para mi no fue la mejor noticia que me podían haber dado, ya que yo tenía en la cabeza irme a vivir solo, y mantener un auto significaba poner en riesgo esa posibilidad por los altos costos. Una noche hice el planteo de mi último objetivo por cumplir en casa, y la respuesta que tuve del otro lado me sorprendió en el peor sentido. No sólo por parte de mi madre que argumentaba que no podía dejarla sola con las cosas de la casa, con la perra, que esperara que mi hermana empezara a trabajar, que no podía tirar la plata en un alquiler y que lo que tenía que hacer era ahorrar para comprar, sino por parte de mi hermana, que no quería que yo fuera el foco de atención de la familia para ese año ya que ella quería que la ayudaran a juntar plata para operarse las lolas.
Yo la verdad que no entendía nada, sentí una frustración enorme y una falta de apoyo de mi familia como nunca. Qué podía tener de malo que una persona a los 24 años, recibida y con un buen laburo quisiera irse a vivir solo? En el fondo mi mamá temía que al irme a vivir solo hiciera cualquier cosa de mi vida sexual, aunque ya había pasado un año desde que le conté lo que me pasaba y yo seguía igual.
Esa noche lloré mucho, sentía que mi familia era una máquina de poner barreras en mi vida. Había arreglado para salir con M. y sus amigos, pero le pedí de juntarnos un rato solo antes para charlar y descargarme. Era la primera vez que compartía problemas propios con él y se sintió muy bien, dentro de tanta tristeza esa charla sirvió para acercarnos más.
La postura que decidí adoptar luego de la discusión fue borrarme de casa, empezar a ser prescindible para mi familia y que el día que pegue el salto no se note tanto. Acepté el auto que me ofreció mi viejo y con él gané mucha más libertad: pude prolongar mis estadías en lo de M. ya que en auto vivíamos a solo 10 minutos de distancia, algo fundamental sobre todo en los fríos días del invierno. Sin embargo, el principal motivo por el que acepté el auto tenía que ver con el nuevo objetivo que me había planteado luego de la discusión familiar: comprar un departamento. Algo que en aquel momento me parecía imposible lo empecé a ver como una posibilidad. Según mis cálculos tomando un crédito hipotecario, vendiendo el auto y con dos años de ahorro estricto iba a estar en condiciones de comprar un dos ambientes usado en mi barrio. Claro que en Argentina es difícil hacer planes a dos años, pero era lo único que veía como solución para mi situación, ya que nadie en mi familia se iba a oponer a que comprara un departamento. Incluso empecé a convencerme que era lo que me convenía en definitiva, antes que pagar un alquiler.

AMOR: Momentos difíciles. Si quiere evitar la ruptura de la pareja debe dejar llevarse por lo que siente y eliminar las trabas que usted mismo se impone.

A M. le costó bastante aceptar que yo resignara mi plan de irme a vivir solo, cosa entendible ya que nunca habíamos pasado una noche juntos después de tantos meses saliendo. Yo siempre volvía a dormir a casa para sostener la mentira. Sin embargo, el auto me dio la libertad suficiente como para vernos más seguido y durante más tiempo, sumado a que yo me ‘borraba’ todo lo que podía de mi casa.
Por otro lado, en los meses que siguieron al corte y reconciliación, mi relación con M. no iba a ser la misma. De un día para el otro se volvió menos cariñoso, siempre sentí que él estaba más metido en la relación que yo, pero a partir del corte ya no era tan así. Seguíamos teniendo buena relación y buena química, pero me empezó a escribir menos, empezó a estar ocupado algún día que teníamos que vernos, y chocábamos varias veces por cuestiones de sexo, cosas a las que no estaban acostumbrado hasta ese momento. Yo aceptaba todo naturalmente, la duración iba a durar lo que tenía que durar, y todo era un poco culpa mía.
Un día, después de una larga insistencia de mi mejor amiga, fuimos a cenar afuera para que lo conozca. Era la primera vez que él iba a conocer a uno de mis amigos y ese gesto iba a significar mucho para la continuidad de nuestra relación, ya que el hecho de presentarlo no sólo le daba una identidad sino que además, de alguna manera, formalizaba lo que fuera que hubiese entre nosotros. Yo ya hablaba de él con mis amigos hombres como el chico con el que estaba saliendo, algo que los primeros meses omitía mencionar. De esta manera, su cambio de actitud me estaba cambiando lentamente a mí: empezando a incluirlo en mi vida personal, empezando a ser  un poco más cariñoso con él, empezando a vernos y a hablar más seguido y, sobre todo, empezando a pensar que tal vez nuestra historia iba a continuar más allá del invierno. De todas maneras, para agosto (seis meses después de conocernos) todavía no nos llamábamos novios.

NEGOCIOS: Cambios importantes lo llevan a navegar aguas desconocidas. Si quiere triunfar debe ser cauto y estar alerta a las señales del entorno.

Entrar a un nuevo trabajo genera incertidumbre en cualquier persona, pero para un puto encubierto aún más. El mundo es un pañuelo y nunca se sabe con quién compartirás oficina. Yo ya llevaba más de un año de práctica homosexual extraoficial y había conocido a varias personas, alguna de las cuales fácilmente podían ser o relacionarse con alguno de mis compañeros de trabajo, que a su vez conocían a mis anteriores compañeros de trabajo por la facultad. Bastaba con cruzarme con algún puto de boca floja para que toda la, cuidadosamente creada, tapadera se desmoronara.
Por suerte, en una primera ronda de reconocimiento de las instalaciones, la nueva empresa parecía tener un perfil completamente distinto a la anterior. En este caso el promedio de edad de los empleados superaba cómodamente los 30 años: gente alejada de la vida de boliches y más preocupadas por el precio de los pañales resultado de haberse convertido en padres y madres primerizos. No había rastros de vida homosexual, lo que a me hacía sentir bastante más cómodo y seguro.
Entre mis compañeros de trabajo se encontraba J, una chica que cuando la conocí me la describieron como la “Mariana Nannis de Lanús”. No la podrían haber descripto de mejor manera. Ella se sentaba al lado mío así que hablábamos bastante. En una de las charlas surgió la pregunta obvia: si estaba saliendo con alguien. Y entonces, como buen puto perseguido, vi la oportunidad y dije que sí. Por qué lo hice? Fácil. Inventando alguna historia con alguna chica, que fracasaría pasados unos meses, despejaba por lo menos un año de las dudas que generaba mi eterna soltería.
El problema es que J. era bastante curiosa y preguntaba y preguntaba. Con el tiempo iba a entender que el origen de sus preguntas tenía que ver con sus historias de amor frustadas y por las que buscaba entender a los hombres y su relación con las mujeres. Cuando tuve que describir a la chica con la que ‘salía’ me inspiré en R.,  una relación frustrada de mi postadolescencia., una chica que se había enamorado de mi en un momento y a la que nunca le recogí el guante.
La cosa se puso más densa cuando me preguntó su nombre para buscarla en la base de datos crediticios del país (trabajo en una financiera), porque según ella una vez descubrió a un chongo que estaba casado con hijos y tenía como 35 años, pero que a ella le había dicho que estaba soltero y tenía como 28. Yo me negué a darle el nombre pero insistió tanto tanto, que lo mejor para que me dejé de inflar los huevos era dárselo. Así le facilité el nombre de R. No encontró nada raro en la base de datos y el hecho de que mi descripción encajaba con la información pública (edad, barrio, trabajo, etc) hizo que mi mentira pasara desapercibida y con éxito. Sólo serían cuestión de meses para que yo terminara mi “relación” con R. y me asegurara la cobertura de mi homosexualidad en el trabajo. O al menos así lo creía yo.

SORPRESA: Una mentira suya tendrá consecuencias inesperadas. Ojo con lo que dice. Recuerde que al fin y al cabo, el mundo es un pañuelo.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Capitulo XXIX: The Break Up


A fines de Marzo de 2010 viajé a Nueva York a visitar a mi mejor amiga que estaba viviendo ahí por seis meses. Durante el viaje me insistió en que le comprara un regalo a M. Yo, aparte de que soy malísimo para los regalos, no quería comprarle nada porque no quería crear falsas expectativas en la relación: no quería nada serio, no estaba preparado para eso, y tenía claro que lo nuestro iba a ser temporario. Pero tampoco podía ser tan desatendido y no traer nada! Por eso se me ocurrió traerle una cajita con chocolates MyM (que casualmente eran nuestras iniciales). Así le daba un lindo y simple regalo.
Casi sin darnos cuenta pasó el primer mes saliendo con M., al principio nos veíamos los fines de semana pero después empezamos a vernos un día en la semana y uno el finde. Para mí era marcada la diferencia en el manejo de la relación, mientras él me había presentado a todos sus amigos y hasta su hermana, yo apenas había comentado mi relación con mis amigas. A diferencia de muchas parejas que no llegan a conocerse y ya se están casando, la nuestra no era muy cariñosa. Yo evitaba utilizar palabras como ‘te quiero’ o ‘te extraño’, siempre pensando en que lo nuestro tenía fecha de vencimiento. Tampoco nos llamábamos novios, y apenas intercambiábamos mensajes de texto en la semana. Sin embargo, nos llevábamos muy bien, la pasabamos muy bien juntos y teníamos buena conexión.
Las salidas a boliches con sus amigos se intensificaron, y pasó  ser costumbre que yo me  uniera a ellos en las previas. La verdad que la pasaba muy bien y me divertía, y la timidez inicial dio lugar a la confianza.
Con el correr del tiempo, lo contento que me ponía la situación de no estar solo en todo sentido (con amigos, a la hora de salir y a la hora de estar con alguien a quien abrazar y dar besos) contrastaban con la sensación que tenía de estar haciendo las cosas mal. Ya ibamos más de dos meses juntos y yo sentía la presión de la relación. Ya me costaba cada vez más evitar los ‘te quiero’ o los ‘te extraño’, ya era hora de empezar a formalizar entre nosotros y con los amigos. Ya no alcanzaba con un mensajito en el medio de la semana. Por otro lado me resultaba imposible la idea de convivir con una mentira tan grande en casa, con lo cual más me presionaba la idea de tener que blanquear una relación homosexual cuando ni siquiera estaban curadas las heridas de mi sexualidad.
Con todas estas ideas en la cabeza y después de una salida a un boliche en donde tomé de más, corté la relación con M. después de tres meses juntos. Me acuerdo que en el medio de la noche le dije que me iba del boliche porque me sentía mal, me dijo que lo esperara que le avisaba a los amigos y mientras él llamaba a no sé quién yo me salí por una de las puertas y empecé a caminar rumbo a la parada de colectivo, muy borracho. Habrá pasado un minuto que M. me estaba llamando para ver dónde estaba, yo le dije que me estaba yendo y él me preguntaba qué me pasaba que no lo había esperado y que volviera así nos ibamos juntos. Regresé a la puerta del boliche y ahí estaba él con cara de desorientado, de no entender qué estaba pasando. Cruzamos en frente y nos pusimos a hablar y en medio de un llanto le dije lo que sentía. Que lo nuestro no iba para más, que lo quería mucho pero que lo iba a terminar lastimando. Él me dijo que estaba enamorado de mí. Creo que fue lo peor que me pudo haber dicho porque mi idea era cortar para que no se termine enamorando, tarde. Cuando no hubo más palabras que decir nos tomamos un taxi y lo dejé en su casa. Nos despedimos secamente con un chau. Habíamos quedado en que lo mejor era dejar de vernos, y que sea lo que Dios quiera. Volviendo a casa no pude evitar pensar: ‘Eso es todo? Así se termina? No nos vemos más? No nos queremos más? Todo una mierda’.
Despertar a la mañana siguiente fue lo peor que me pasó en la vida, me dolía todo, me sentía mal, estaba deprimido. Aprovechando que era un día feriado estuve todo el día en cama, muy triste. Por la tarde intercambié algunas palabras por chat con M. y sus contestaciones secas y monosilábicas no hicieron más que hacerme sentir peor. Dormí casi todo el día.
Los días siguientes iban a ser de manual. Él no iba a demostrar sentirse mal sino que se juntaría más con los amigos, me pidió de juntarnos el jueves pero yo le pedí más tiempo, y el vienes siguiente él saldría a bailar y a emborracharse, y a chaparse chongos para ‘olvidar’.
Por mi lado el sábado salí con una amiga a Human, nos divertimos mucho bailando y tomando, y entrada la noche pasamos al vip con alguno de los precintos que había rescatado de alguna salida anterior. Fue ahí donde me encontré con el mejor amigo de M. Por suerte no se la agarró conmigo, a diferencia de otro de sus amigos que me borraron de toda red social, y charlamos lo más bien. De hecho nos volvimos juntos del boliche, oportunidad que aprovechó para charlar un poco sobre lo que me pasaba a mi y para hacerme entrar en razón y no dejar ir a M.
El martes siguiente iba a recibir un mensaje de M. pidiéndome que nos veamos, que necesitaba verme y hablar conmigo. Yo no pude decir que no y el miércoles nos juntamos a charlar. Básicamente le dije que lo quería mucho, pero que nuestra relación no iba a ser nada fácil, teniendo en cuenta que yo tenía que mentir cada vez que quisiera verlo. Y creo haberle dejado en claro cómo iban a ser las cosas conmigo para que no se lleve ninguna sorpresa. El aceptó esa forma de llevar la relación de manera que, tras 10 días de separación, volvimos a estar juntos sellando nuestra reconciliación con algo más que unos lindos besos.

jueves, 14 de junio de 2012

Capitulo XXVIII: Los amigos


La semana siguiente yo cumplí años y recibí su cordial saludo, no hice ningún festejo sólo una cena con amigos durante la semana. El viernes siguiente fui a un recital y nos mensajeamos un rato y el sábado a la tarde pasé por su casa. El vivía con su hermana pero ella estaba en su ciudad natal por lo que tendríamos varios días de soledad. Aquél día tuvimos nuestra primera vez, y mi primera vez. Fue genial, nada fácil ya que yo era un inexperto, pero el tuvo mucha paciencia (y calentura) y todo finalmente cedió, digo,  se dio.

Al día siguiente domingo a la tarde, me llegó un mensaje de texto mientras estudiaba. Era M. que me decía que estaba en el Alto Palermo con amigos que si no quería pasar un rato. Le dije que sí, más que nada porque quería conocer a los amigos, empezar a conocer gente gay en otro ámbito que no fuera el de un boliche. Entré al Mc Donalds donde estaban y los vi a M. y sus tres amigos más cercanos charlando. Me presenté con todos y me senté en una silla a contemplar la escena. Digo a contemplar la escena porque era así como me sentía, mientras ellos hablaban de cosas y personas de las que no estaba muy al tanto yo los observaba. Recuerdo que en ese momento sentía que todo el mundo nos observaba. Los amigos de M. no escatimaban risas ni comentarios homosexuales a viva voz, llamando bastante la atención. Yo por dentro luchaba contra mi vergüenza por estar en esa situación y trataba de caer simpático con los amigos de M. De más está decir que la hora que compartí con sus amigos fue divertida y me cayeron muy bien al conocerlos, tan sólo hubiera deseado que hubiese sido en un ámbito más privado y no en pleno Alto Palermo, lugar por el que pasaban siempre casi todas las personas que conocía en mi vida.

Esa sensación de incomodidad, de enfrentar a la sociedad con mi homosexualidad se repitió nuevamente unos días más tarde. El viernes siguiente nos juntamos por primera vez en una previa. Yo llegué primero, pero un rato más tarde llegó su mejor amigo con el novio y un rato después otro de sus amigos. Era mi primera previa con un grupo homosexual y a medida que quedaba menos alcohol me fue pareciendo más divertida. La principal diferencia con cualquier otra previa a la que haya asistido tenía que ver con la música básicamente. Sólo se escuchaban canciones pop cantadas por féminas básicamente en inglés, en fin, era casi todo Britney Spears. A la 1.30 partimos hacia el la Plop que quedaba a unas diez cuadras. Fuimos caminando por plena avenida Cabildo, y después Lacroze. M. y dos amigos iban bailando y cantando y yo me moría de la vergüenza. Eso o ir caminando con un cartel en la frente que diga “me la lastro con ganas” era lo mismo. A mitad de camino nos cruzamos con un grupo de cuatro pibes de alrededor de 20 años que al ver la escena soltaron un “Gaaays”. Yo me puso rojo tomate, era la primera vez que me gritaban en la calle. Dónde me estaba metiendo? Fue una pavada, pero yo quería que la tierra me tragase. Encima uno de los amigos le respondió al chico “En serio? No me digas!”.

Por suerte unas cuadras más adelante entramos al boliche, seguimos tomando como condenados y bailamos toda la calurosa noche. Al día siguiente en mi facebook aparecieron fotos de la noche y comentarios varios. Era la primera vez que en mi facebook gay aparecían fotos en las que no estaba solo.

viernes, 20 de abril de 2012

Capitulo XXVII: Stick to the plan


Febrero de 2010 vino con nuevas salidas en soledad: una vez a la plop, en donde me chapé a un chaboncito todo musculoso que se deshizo de mí cuando me negué a ir juntos al baño a hacer porquerías (y no me refiero a cagar) y otra vez a Human Club en dónde me chapé una chica. Esta situación fue rara, pero ya me había pasado una vez en la Plop de ir caminando y que me agarrara una chica y me chapara así sin más. En Human fue similar, yo estaba bailando solo al lado de la pista cuando siento que alguien me toca la espalda como llamándome. Me doy vuelta y allí estaba esta niña, linda por cierto, con claros ánimos de ‘avance’. Sin titubear me la chapé ahí nomás en lo que sería mi primer chape en ese boliche. Después de chaparmela se acercó el amigo gay de la chica en cuestión y me preguntó con cara sonriente: ‘sos bisexual?’. No puede evitar sonreir. Pegué media vuelta y me fui.

A mediados de mes, uno de los chicos con los que había chateado en diciembre volvió de su aldea natal. Su nombre era M., tenía 22 años (yo estaba cerca de los 24) y parecía cumplir con todos los requisitos mencionados en un post anterior. Rápidamente retomamos las conversaciones virtuales y quedamos en vernos en la Plop del viernes 19. Yo le dije que iba a ir con una amiga, obviamente, qué le iba a decir? Que no tenía con quien ir? Que no tenía amigos que me acompañaran? Que me gustaba ir solo para hacer la mía? Claramente no. Él me invitó a que fuera con mi amiga a la previa que se hacía en su casa, yo le dije que no, que ya “teníamos planes” pero que nos veíamos en el boliche. Nada hubiese querido más que ir a una previa antes de salir a un boliche gay, pero claramente todavía no era momento.

El viernes llegó y nuevamente hice mi propia previa solo en casa hasta que se hizo la hora de partir. Cuando llegué al boliche hice la cola pensando en qué le iba a decir a M. si me lo cruzaba y me viese entrando solo. Por suerte ello no ocurrió y tipo 1.30 ya estaba adentro del concurrido boliche.

La noche fue transcurriendo y no me crucé con M. Yo tenía su celular y él el mío y si con el correr del tiempo no nos cruzábamos, un mensaje de texto resolvería las cosas (qué fácil la vida luego de la revolución tecnológica, no?). Cerca de las tres de la mañana llegó el mensaje. Me preguntaba donde andaba, le respondí y el me dice que está abajo en la pista del lado izquierdo cerca del escenario, bailando con amigos. Así que hacia allá me dirigí desde el primer piso. No sabía muy bien que decir cuando lo vea, qué onda cuando hable con él, cómo será. De nuevo, todas las especulaciones posibles daban vueltas por mi cabeza. Lo vi bailando por ahí, de remera roja. Me acerqué, le toqué la espalda, bailamos un rato y fuimos a la barra a tomar algo. No hablamos mucho, de qué se puede hablar en un boliche, no? Me acuerdo que me confundí una berruga que tiene en la pera con un piercing (¿?). Así que después de una breve charla me lo chapé ahí en la barra. Besaba muy bien. Más tarde seguimos bailando, chapando y charlando. De vez en cuando aparecía alguno de sus amigos borrachos para saludar, y en un momento fuimos en la búsqueda de “mi amiga”. Obviamente nunca la íbamos a encontrar, pero fuimos en su búsqueda hasta el último piso, con la compañía de un amigo de él. Cuando llegamos al tercer piso hice como que le mandaba un mensaje a mi amiga preguntando donde estaba y después les comuniqué la respuesta: ‘se fue del boliche con una chica’, inspirándome en lo sucedido unas semanas antes con B. Gracias APTRA!!

Seguimos bailando y tomando en la pista de arriba, que estaba semi inundada por la tormenta que se desataba afuera, hasta que, pasadas las cinco, nos fuimos del boliche. Volvimos juntos caminando por Lacroze hasta Santa Fe, parando en alguna entrada de edificio para chapar. En Santa Fe nos despedimos y yo me tomé el colectivo rumbo a casa.

Al día siguiente fui a su casa a tomar mates y a conocernos un poco mejor. Hablamos un poco de las carreras que estudiábamos, de la familia, de los amigos. Él básicamente me preguntó de dónde había salido, así que le conté un poco sobre mi poca experiencia en el mundo gay y en algún tipo de relaciones. Los mates y la charla dio lugar a los besos, nuevamente iniciativa mía, y los besos dieron lugar a quedarnos desnudos en la cama. Al contrario de lo que muchos pensarán no pasó de eso, la verdad que yo estaba un poco nervioso ya que en definitiva nunca estuve en serio con nadie, así que prefería ni intentar, al menos en ese momento. Luego de estar un rato largo acostados desnudos en la cama, me tenía que ir a lo de un amigo, así que nos cambiamos y me bajó a abrir la puerta. Allí nos despedimos con un beso y un ‘hablamos’. Me fui contento porque habíamos pegado buena onda y mi plan de finiquitar la soledad marchaba sobre ruedas. Nunca me iba a imaginar que iba a ser el comienzo de una larga historia.

lunes, 9 de abril de 2012

Eyes wide shut



Hace poco una amiga que está escribiendo para un seminario de sexualidad me pidió que le contara por qué hoy, después de tres años desde que me asumí como homosexual, no le conté a mi familia sobre mi situación. Es muy difícil hacer entender los motivos a los que no se encuentran en mi lugar. Supongo que no lo hice porque no quería pasar el infierno de vivir en mi casa en esa situación. Mi madre es depresiva y mi hermana la persona más insegura que conozco. En base a lo poco que comenté en mi familiar, aceptar enteramente mi homosexualidad y mi práctica homosexual hubiese resultado en conflictos permanentes en el ámbito familiar que esas personalidades no estaban preparados para enfrentar. Significaba llegar a casa cansado después de un día de trabajo y facultad, y tener que escuchar reproches de mi madre por el rumbo que había decidido seguir. Significaba responder un interrogatorio cada vez que quisiera salir de casa a la noche. Significaba escuchar reproches de que 'no pienso en mi hermana ni en mi familia' a la hora de actuar. Significaba escuchar sobre médicos psiquiatras que podían solucionar mi 'problema'. Significaba escuchar llorar a mi madre todas las noches. Significaba que seguramente mi padre, y el resto de mi familia, se enterarían generando situaciones familiares de tensión insoportablemente incómodas. Significaba que yo iba a estar en el centro de la escena familiar, con alguien siempre dispuesto a ayudarme, pero cómo cada uno creía conveniente y no como realmente podían ayudarme, Significaba que todas las discusiones iban a terminar con un 'maricón'. Y la verdad que lo único que yo quería era sentir el apoyo familiar y que me dejasen ser y confiaran en mi madurez de 23 años, pero sabía que eso no era lo que iba a encontrar, porque en la cabeza de mi familia, si ellos no se metían y me corregían, significaba que yo no les importaba, cuando en realidad era todo lo contrario.
Yo estaba enfrentando un mundo desconocido y descubriendo un lado de mi sexualidad en lo que nada era seguro. Necesitaba gente que me apoyara y me dijera que no importa como resultara, siempre podría contar con ellos. No necesitaba gente que me dijera qué tenía que hacer, qué era lo mejor para mí y que pensara que el camino para conseguirlo era el de la confrontación.
Vivir en un escenario de depresión familiar, discusiones permanentes sobre decisiones de vida y control constante de mi accionar me hubiese paralizado, hubiese evitado que yo tome un montón de decisiones que me convirtieron en la persona que soy hoy. Hubiese tenido un efecto totalmente adverso: me hubiese retenido dentro del placard mucho tiempo más.
- Pero si estuviste 23 años tapado, por qué no estarlo un tiempo más para que tu familia lo dirigiese mejor?
- Porque ahora sabía que quería, ahora lo tenía asumido, y quería experimentarlo. Yo no fui un reprimido durante 23 años, siempre intenté entender qué era lo que me pasaba. Ahora que lo sabía no podía reprimirme, y por mi personalidad, sentía que compartir lo que me pasaba con mi familia iba a llevarme a eso, más que a liberarme. Con la idea de no lastimarlos iba a reprimirme y meterme adentro de un closet del que yo ya no quería formar parte.
Es por eso que tomé la decisión de seguir con mi vida como si nada hubiera cambiado. Tomar las decisiones sin sentirme condicionado por mi entorno familiar. Hay personas que dicen que quieren que sus padres los conozcan por como realmente son, y por eso los enfrentan. Para mí son zonceras porque yo con mis padres soy como soy realmente más allá de con quién me acueste. En mi caso mi personalidad estaba desarrollada con anterioridad a mi sexualidad, y no sentía que era otra persona al ser homosexual, algo que particularmente mi madre no lo entendía.
Obviamente que mi familia no es ciega y eventualmente se darían cuenta de que algo conmigo pasaba. Y entendía que el día que decidiera enfrentarlos seguramente estuvieran mejor preparados. Y en mi mente me imagino ese momento con años de vida homosexual encima, y con el apoyo de mi entorno de amigos, que me darían la confianza suficiente para enfrentar a las personas que menos quería lastimar. Por otro lado, ya no viviría con ellos y tendría mi propio lugar para llevar mi propia vida, sin presiones. Mientras tanto, ante los ojos de ellos, mi vida transcurriría sin grandes novedades. Ojos que no ven...