A fines de Marzo de 2010 viajé a Nueva York a visitar a mi mejor amiga
que estaba viviendo ahí por seis meses. Durante el viaje me insistió en que le
comprara un regalo a M. Yo, aparte de que soy malísimo para los regalos, no
quería comprarle nada porque no quería crear falsas expectativas en la relación:
no quería nada serio, no estaba preparado para eso, y tenía claro que lo
nuestro iba a ser temporario. Pero tampoco podía ser tan desatendido y no traer
nada! Por eso se me ocurrió traerle una cajita con chocolates MyM (que
casualmente eran nuestras iniciales). Así le daba un lindo y simple regalo.
Casi sin darnos cuenta pasó el primer mes saliendo con M., al principio
nos veíamos los fines de semana pero después empezamos a vernos un día en la
semana y uno el finde. Para mí era marcada la diferencia en el manejo de la
relación, mientras él me había presentado a todos sus amigos y hasta su
hermana, yo apenas había comentado mi relación con mis amigas. A diferencia de
muchas parejas que no llegan a conocerse y ya se están casando, la nuestra no
era muy cariñosa. Yo evitaba utilizar palabras como ‘te quiero’ o ‘te extraño’,
siempre pensando en que lo nuestro tenía fecha de vencimiento. Tampoco nos
llamábamos novios, y apenas intercambiábamos mensajes de texto en la semana. Sin embargo,
nos llevábamos muy bien, la pasabamos muy bien juntos y teníamos buena
conexión.
Las salidas a boliches con sus amigos se intensificaron, y pasó ser costumbre que yo me uniera a ellos en las previas. La verdad que
la pasaba muy bien y me divertía, y la timidez inicial dio lugar a la
confianza.
Con el correr del tiempo, lo contento que me ponía la situación de no
estar solo en todo sentido (con amigos, a la hora de salir y a la hora de estar
con alguien a quien abrazar y dar besos) contrastaban con la sensación que tenía
de estar haciendo las cosas mal. Ya ibamos más de dos meses juntos y yo sentía
la presión de la
relación. Ya me costaba cada vez más evitar los ‘te quiero’ o
los ‘te extraño’, ya era hora de empezar a formalizar entre nosotros y con los
amigos. Ya no alcanzaba con un mensajito en el medio de la semana. Por otro lado
me resultaba imposible la idea de convivir con una mentira tan grande en casa,
con lo cual más me presionaba la idea de tener que blanquear una relación
homosexual cuando ni siquiera estaban curadas las heridas de mi sexualidad.
Con todas estas ideas en la cabeza y después de una salida a un boliche
en donde tomé de más, corté la relación con M. después de tres meses juntos. Me
acuerdo que en el medio de la noche le dije que me iba del boliche porque me
sentía mal, me dijo que lo esperara que le avisaba a los amigos y mientras él
llamaba a no sé quién yo me salí por una de las puertas y empecé a caminar
rumbo a la parada de colectivo, muy borracho. Habrá pasado un minuto que M. me
estaba llamando para ver dónde estaba, yo le dije que me estaba yendo y él me
preguntaba qué me pasaba que no lo había esperado y que volviera así nos ibamos
juntos. Regresé a la puerta del boliche y ahí estaba él con cara de
desorientado, de no entender qué estaba pasando. Cruzamos en frente y nos
pusimos a hablar y en medio de un llanto le dije lo que sentía. Que lo nuestro
no iba para más, que lo quería mucho pero que lo iba a terminar lastimando. Él
me dijo que estaba enamorado de mí. Creo que fue lo peor que me pudo haber
dicho porque mi idea era cortar para que no se termine enamorando, tarde.
Cuando no hubo más palabras que decir nos tomamos un taxi y lo dejé en su casa.
Nos despedimos secamente con un chau. Habíamos quedado en que lo mejor era
dejar de vernos, y que sea lo que Dios quiera. Volviendo a casa no pude evitar
pensar: ‘Eso es todo? Así se termina? No nos vemos más? No nos queremos más?
Todo una mierda’.
Despertar a la mañana siguiente fue lo peor que me pasó en la vida, me
dolía todo, me sentía mal, estaba deprimido. Aprovechando que era un día
feriado estuve todo el día en cama, muy triste. Por la tarde intercambié
algunas palabras por chat con M. y sus contestaciones secas y monosilábicas no
hicieron más que hacerme sentir peor. Dormí casi todo el día.
Los días siguientes iban a ser de manual. Él no iba a demostrar sentirse
mal sino que se juntaría más con los amigos, me pidió de juntarnos el jueves
pero yo le pedí más tiempo, y el vienes siguiente él saldría a bailar y a
emborracharse, y a chaparse chongos para ‘olvidar’.
Por mi lado el sábado salí con una amiga a Human, nos divertimos mucho
bailando y tomando, y entrada la noche pasamos al vip con alguno de los
precintos que había rescatado de alguna salida anterior. Fue ahí donde me
encontré con el mejor amigo de M. Por suerte no se la agarró conmigo, a
diferencia de otro de sus amigos que me borraron de toda red social, y
charlamos lo más bien. De hecho nos volvimos juntos del boliche, oportunidad
que aprovechó para charlar un poco sobre lo que me pasaba a mi y para hacerme
entrar en razón y no dejar ir a M.
El martes siguiente iba a recibir un mensaje de M. pidiéndome que nos
veamos, que necesitaba verme y hablar conmigo. Yo no pude decir que no y el miércoles
nos juntamos a charlar. Básicamente le dije que lo quería mucho, pero que nuestra
relación no iba a ser nada fácil, teniendo en cuenta que yo tenía que mentir
cada vez que quisiera verlo. Y creo haberle dejado en claro cómo iban a ser las
cosas conmigo para que no se lleve ninguna sorpresa. El aceptó esa forma de
llevar la relación de manera que, tras 10 días de separación, volvimos a estar
juntos sellando nuestra reconciliación con algo más que unos lindos besos.