miércoles, 6 de febrero de 2013

Capitulo XXX: Horóscopo de Invierno


FAMILIA: La falta de apoyo en las decisiones que usted toma lo obligarán a modificar sus planes. No deje que una discusión familiar lo desvíe de la meta final.

A principios de Julio me gradué de la facultad y cambié de trabajo, dos de los tres objetivos que me había planteado para el año. Junto con la graduación vino un regalo familiar en forma de automóvil que yo podía comprar cuando quisiese con el dinero que ellos me facilitarían. Para mi no fue la mejor noticia que me podían haber dado, ya que yo tenía en la cabeza irme a vivir solo, y mantener un auto significaba poner en riesgo esa posibilidad por los altos costos. Una noche hice el planteo de mi último objetivo por cumplir en casa, y la respuesta que tuve del otro lado me sorprendió en el peor sentido. No sólo por parte de mi madre que argumentaba que no podía dejarla sola con las cosas de la casa, con la perra, que esperara que mi hermana empezara a trabajar, que no podía tirar la plata en un alquiler y que lo que tenía que hacer era ahorrar para comprar, sino por parte de mi hermana, que no quería que yo fuera el foco de atención de la familia para ese año ya que ella quería que la ayudaran a juntar plata para operarse las lolas.
Yo la verdad que no entendía nada, sentí una frustración enorme y una falta de apoyo de mi familia como nunca. Qué podía tener de malo que una persona a los 24 años, recibida y con un buen laburo quisiera irse a vivir solo? En el fondo mi mamá temía que al irme a vivir solo hiciera cualquier cosa de mi vida sexual, aunque ya había pasado un año desde que le conté lo que me pasaba y yo seguía igual.
Esa noche lloré mucho, sentía que mi familia era una máquina de poner barreras en mi vida. Había arreglado para salir con M. y sus amigos, pero le pedí de juntarnos un rato solo antes para charlar y descargarme. Era la primera vez que compartía problemas propios con él y se sintió muy bien, dentro de tanta tristeza esa charla sirvió para acercarnos más.
La postura que decidí adoptar luego de la discusión fue borrarme de casa, empezar a ser prescindible para mi familia y que el día que pegue el salto no se note tanto. Acepté el auto que me ofreció mi viejo y con él gané mucha más libertad: pude prolongar mis estadías en lo de M. ya que en auto vivíamos a solo 10 minutos de distancia, algo fundamental sobre todo en los fríos días del invierno. Sin embargo, el principal motivo por el que acepté el auto tenía que ver con el nuevo objetivo que me había planteado luego de la discusión familiar: comprar un departamento. Algo que en aquel momento me parecía imposible lo empecé a ver como una posibilidad. Según mis cálculos tomando un crédito hipotecario, vendiendo el auto y con dos años de ahorro estricto iba a estar en condiciones de comprar un dos ambientes usado en mi barrio. Claro que en Argentina es difícil hacer planes a dos años, pero era lo único que veía como solución para mi situación, ya que nadie en mi familia se iba a oponer a que comprara un departamento. Incluso empecé a convencerme que era lo que me convenía en definitiva, antes que pagar un alquiler.

AMOR: Momentos difíciles. Si quiere evitar la ruptura de la pareja debe dejar llevarse por lo que siente y eliminar las trabas que usted mismo se impone.

A M. le costó bastante aceptar que yo resignara mi plan de irme a vivir solo, cosa entendible ya que nunca habíamos pasado una noche juntos después de tantos meses saliendo. Yo siempre volvía a dormir a casa para sostener la mentira. Sin embargo, el auto me dio la libertad suficiente como para vernos más seguido y durante más tiempo, sumado a que yo me ‘borraba’ todo lo que podía de mi casa.
Por otro lado, en los meses que siguieron al corte y reconciliación, mi relación con M. no iba a ser la misma. De un día para el otro se volvió menos cariñoso, siempre sentí que él estaba más metido en la relación que yo, pero a partir del corte ya no era tan así. Seguíamos teniendo buena relación y buena química, pero me empezó a escribir menos, empezó a estar ocupado algún día que teníamos que vernos, y chocábamos varias veces por cuestiones de sexo, cosas a las que no estaban acostumbrado hasta ese momento. Yo aceptaba todo naturalmente, la duración iba a durar lo que tenía que durar, y todo era un poco culpa mía.
Un día, después de una larga insistencia de mi mejor amiga, fuimos a cenar afuera para que lo conozca. Era la primera vez que él iba a conocer a uno de mis amigos y ese gesto iba a significar mucho para la continuidad de nuestra relación, ya que el hecho de presentarlo no sólo le daba una identidad sino que además, de alguna manera, formalizaba lo que fuera que hubiese entre nosotros. Yo ya hablaba de él con mis amigos hombres como el chico con el que estaba saliendo, algo que los primeros meses omitía mencionar. De esta manera, su cambio de actitud me estaba cambiando lentamente a mí: empezando a incluirlo en mi vida personal, empezando a ser  un poco más cariñoso con él, empezando a vernos y a hablar más seguido y, sobre todo, empezando a pensar que tal vez nuestra historia iba a continuar más allá del invierno. De todas maneras, para agosto (seis meses después de conocernos) todavía no nos llamábamos novios.

NEGOCIOS: Cambios importantes lo llevan a navegar aguas desconocidas. Si quiere triunfar debe ser cauto y estar alerta a las señales del entorno.

Entrar a un nuevo trabajo genera incertidumbre en cualquier persona, pero para un puto encubierto aún más. El mundo es un pañuelo y nunca se sabe con quién compartirás oficina. Yo ya llevaba más de un año de práctica homosexual extraoficial y había conocido a varias personas, alguna de las cuales fácilmente podían ser o relacionarse con alguno de mis compañeros de trabajo, que a su vez conocían a mis anteriores compañeros de trabajo por la facultad. Bastaba con cruzarme con algún puto de boca floja para que toda la, cuidadosamente creada, tapadera se desmoronara.
Por suerte, en una primera ronda de reconocimiento de las instalaciones, la nueva empresa parecía tener un perfil completamente distinto a la anterior. En este caso el promedio de edad de los empleados superaba cómodamente los 30 años: gente alejada de la vida de boliches y más preocupadas por el precio de los pañales resultado de haberse convertido en padres y madres primerizos. No había rastros de vida homosexual, lo que a me hacía sentir bastante más cómodo y seguro.
Entre mis compañeros de trabajo se encontraba J, una chica que cuando la conocí me la describieron como la “Mariana Nannis de Lanús”. No la podrían haber descripto de mejor manera. Ella se sentaba al lado mío así que hablábamos bastante. En una de las charlas surgió la pregunta obvia: si estaba saliendo con alguien. Y entonces, como buen puto perseguido, vi la oportunidad y dije que sí. Por qué lo hice? Fácil. Inventando alguna historia con alguna chica, que fracasaría pasados unos meses, despejaba por lo menos un año de las dudas que generaba mi eterna soltería.
El problema es que J. era bastante curiosa y preguntaba y preguntaba. Con el tiempo iba a entender que el origen de sus preguntas tenía que ver con sus historias de amor frustadas y por las que buscaba entender a los hombres y su relación con las mujeres. Cuando tuve que describir a la chica con la que ‘salía’ me inspiré en R.,  una relación frustrada de mi postadolescencia., una chica que se había enamorado de mi en un momento y a la que nunca le recogí el guante.
La cosa se puso más densa cuando me preguntó su nombre para buscarla en la base de datos crediticios del país (trabajo en una financiera), porque según ella una vez descubrió a un chongo que estaba casado con hijos y tenía como 35 años, pero que a ella le había dicho que estaba soltero y tenía como 28. Yo me negué a darle el nombre pero insistió tanto tanto, que lo mejor para que me dejé de inflar los huevos era dárselo. Así le facilité el nombre de R. No encontró nada raro en la base de datos y el hecho de que mi descripción encajaba con la información pública (edad, barrio, trabajo, etc) hizo que mi mentira pasara desapercibida y con éxito. Sólo serían cuestión de meses para que yo terminara mi “relación” con R. y me asegurara la cobertura de mi homosexualidad en el trabajo. O al menos así lo creía yo.

SORPRESA: Una mentira suya tendrá consecuencias inesperadas. Ojo con lo que dice. Recuerde que al fin y al cabo, el mundo es un pañuelo.