domingo, 15 de mayo de 2011

Capitulo XIII: El momento más difícil

Siempre sentí que la amistad era lo más importante que tenía en mi vida. A lo largo de mi adolescencia fui cosechando amistades con las que compartí los momentos más tristes y felices. Eran mis hermanos de la vida, los que yo había elegido y así lo sentía. Y a mis 23 años con muchos de ellos ya compartía más de 10 años de amistad ininterrumpida. Quizás por estas razones no podía salir del closet sin contarles. Por más que todavía tenía muchas dudas acerca de mi sexualidad, necesitaba decirles qué era lo que me estaba pasando.

Claro que no era tarea fácil. Cómo le decís a tu grupo de ocho amigos heteros, con el que siempre hablaste de minas y con los que compartías charlas en donde siempre se hacen los comentarios homofóbicos de rutina (no seas puto!, ese embarca carne por popa!, qué asco me da el puto ese!, etc) que te la lastrás, que te gusta la pija, que te gustan los hombres...

La única forma era hacerlo sin pensar. Yo soy, o era, una persona que piensa mucho las cosas, y eso me hace dejar de hacer muchas cosas que tal vez quisiera ser. Para evitar actuar de esa manera lo que hacía era ponerme en situaciones en las que no me quedaba otra que hacer eso que quiero hacer. En este caso, el miércoles 8 de abril, un día antes del jueves santo, mandé el siguiente mail a mis dos mejores amigos desde el trabajo:

"Matt en problemas.
NECESITO hablar con ustedes a solas y aprovechando que se viene Semana
Santa estaria bueno juntarnos una tarde si es que no se van a algun lado.
Estaba pensando en juntarnos a tomar unos mates en parque las heras asi
podemos hablar tranquilos. Puede ser?
No se preocupen, no es urgente."
Lo del Parque Las Heras lo puse porque mis amigos viven con su familia y no quería verle la cara a nadie claramente. La respuesta fue inmediata y la convocatoria era para el día siguiente a las 5 de la tarde en la casa de uno de ellos ya que no iba a haber nadie. Ya está, ya había confesado vía mail que algo andaba mal. Ya no me quedaba otra que confesarlo.  Point of no return.
De más está decir que no tuve una noche muy tranquila y que soñé miles de situaciones posibles sobre la reunión del día siguiente. A la tarde del jueves me fui de mi casa a un bar a estudias, me pedí una cerveza, y después otra. Fue poco lo que pude estudiar, solo esperaba que la bebida me facilitara las cosas al momento del coming out. A las 5 estaba en el lugar señalado y mis amigos esperándome. Nos sentamos en la mesa, hablamos 2 minutos de cosas mundanas y cuando el mate estuvo listo, uno de ellos tomó la posta. 'Contanos, qué pasó?'
Y ahí empezó el momento más difícil.. Entre balbuceos empecé a decir que no me era nada fácil hablar pero que confiaba en ellos y necesitaba contárselos porque no aguantaba más. Me tapé la cara con las dos manos, agaché la cabeza y medio sollozando dije: 'Creo que soy gay' (todavía seguía usando el creo). Lo que siguió fueron varios segundos, eternos segundos, de silencio y yo con mi cara entre mis manos sin poder mirar a la cara a mis amigos. Evidentemente no se esperaban semejante confesión y no sabían cómo actuar en esa situación.
Uno de ellos, al fin, trató de calmarme y me pidió que les cuente lo que me estaba sucediendo. Y bueno, les conté de manera general mi encuentro fallido con la chica, que no hacía más que confirmar algo que sentía hacía tiempo, entre otras cosas. Creo que recién a los 5 minutos pude despegar la cara de mis manos y ver la de mis amigos. Ya está, ya había sucedido. El mundo seguía girando y mis amigos escuchando. Les conté mi situación familiar y al final, para distender y cambiar un poco el foco, les conté lo de mi operación.
Lo que siguió fue un gesto que no me esperaba: los dos contaron cosas de ellos que no se animaban a contar, miserias en sus relaciones de pareja y de ellos mismos. Intentaron minimizar mi historia y lo que a mi me pasaba y crear un ámbito de empatía en dónde a todos nos sucedían cosas que no nos animábamos a contar.
Me fui de la casa 3 horas más tarde contento por el resultado obtenido, pero con un sentimiento extraño por no saber como iba a seguir mi relación con ellos a partir de ese momento. Tres días después, uno de ellos, quizás el menos sensible de todo el grupo, tuvo un gesto sorprendente. Nos envió un mail con una foto de los tres cuando teníamos 16 años en nuestras primeras vacaciones juntos en Miramar, con una leyenda que decía:
Creo que darìa muchas cosas por volver acá. Pasan y pasaron muchas cosas que nos cambiaron...para otros. Nosotros entre nosotros, somos los mismos de siempre. Abrazo grande
Amén.


Capitulo XII: Preparando el terreno

Finalmente llegó el día de la operación. De alguna manera en un solo mes había logrado tener mi primera experiencia sexual, mi primera salida homosexual, un coming out familiar y una operación de pene.

No estaba muy asustado por la cirugía en sí, ya que la mayoría de los comentarios en los foros hablaban de resultados positivos. Sin embargo la recuperación era lo que más me preocupaba, sobre todo por las famosas "erecciones nocturnas". Ya me habían anticipado que debía estar aproximadamente dos semanas sin erecciones, primero porque me iba a doler mucho y segundo porque se me iban a salir los puntos. Pero mientras dormimos, los hombres tenemos erecciones que no controlamos, y yo sabía que las tenía! Miles de veces me he despertado al palo.

Dos días de estudio, un fin de semana y un feriado me daban cinco días para operarme y enfrentar la recuperación para volver a la actividad laboral y estudiantil. La operación ni la sentí y la primera impresión de mi amigo luego de la misma fue desagradable. Estaba morado, machucado y ensangrentado. Qué me hicieron? Cuánto va a demorar en funcionar? Dios...

Lo bueno era que me dolía únicamente en dos ocasiones. Lo malo es que esas ocasiones eran ir al baño y sufrir una erección. Y efectivamente me levanté más de una madrugada con lágrimas en los ojos y rememorando a mi abuela en situaciones poco felices para calmar el dolor.

Los puntos se fueron cayendo solos, entre el quinto y el décimo día. Los hematomas fueron disminuyendo y recién a las dos semanas desaparecieron. Las heridas fueron cicatrizando.
La prueba de fuego, sin embargo, era lograr una erección sin dolor. El día que lo consiguiera era como el alta médica. Ya podía salir a chonguear sin dolor y sin culpas.

De todas maneras mi pene no había quedado igual, tenía muchísima menos piel y la cabeza sobresalía. El cirujano me había dicho que me iba a agrandar la punta pero que el glande iba a quedar cubierto, lo cierto es que la punta quedo muy grande y el glande se salía casi siempre. Tal vez fue culpa mía por no haber hecho los estiramientos de piel correctamente, pero cómo dolían la pucha. En conclusión, me quedó como la de un circunciso pero con más piel.

Otra cosa que había cambiado era la sensibilidad. Me costaba caminar porque me dolía el rozamiento del glande con la ropa interior. Para evitar eso, utilicé durante casi un mes una gasa para recubrirlo y evitar el roce. Un bajón.

De más está mencionar que aproveché todos los días de reposo para seguir agregando, y aceptando, amigos desconocidos homosexuales al facebook (ya pasaba los 400!), algunos de los cuales derivaban en el MSN (A esa altura ya había puesto un filtro a la hora de agregar o aceptar amigos: tenían que tener entre 18 y 30 años y ser de Capital o GBA). En mi cabeza estaba fija la idea de aprovechar semana santa: tres noches consecutivas de boliches abiertos para disfrutar del tiempo perdido. Tenía que recuperarme, tenía que llegar al jueves santo 9 de abril sin dolores.

Por suerte el sábado 4 de abril llegó el día que estaba esperando. Después de 15 días, tuve mi primera erección indolora y me masturbé delicadamente tras dos semanas de inacción (qué placer). Ya estaba listo para salir al ruedo, o mejor dicho, casi listo. Me faltaba hacer algo, algo que me dejara tranquilo y que no me haga sentir que estaba haciendo algo prohibido. Se lo tenía que contar a mis amigos.

martes, 10 de mayo de 2011

Capitulo XI: El segundo llanto

Recuerdo haber entrado alguna vez a una de esas páginas del tipo "Cómo salir del ropero en 10 sencillos pasos" o "How to make the best of your coming out" o "La salida del ropero para el puto moderno" o algo así. Si había algo que me había quedado de la lectura de esos artículos era que NUNCA debías comunicarlo a la familia primero. Era altamente recomendado empezar por el grupo de amigos y, en última instancia, cuando el homosexual en cuestión se sintiera más seguro y contara con el apoyo de las amistades, entonces sí era momento de encarar a los padres.

Ahora bien, mi situación no era tan sencilla. Sobre todo porque obviamente el episodio de la página de Facebook no había sido enterrado por mi madre. No recuerdo muy bien, seguramente porque mi memoria eligió borrar algunos pasajes, pero una noche entre mi primer salida a un boliche gay y la operación de mi amigo, estando solo en casa mi mamá se me acercó e insistió con el tema de mi presunta homosexualidad.
Lo encaró por el lado de "uno cuando es adolescente está muy confundido".. "no hagas nada extraño, tené paciencia, puede ser que tengas problemas sexuales, impotencia, etc, eso no significa que seas gay".. "tenés que empezar a salir con chicas aunque no te gusten, uno no se enamora de un día para el otro" y un montón de sonceras más que, antes mis reiterados "basta" y "cortala" sin efecto, generaron que largara de manera desafiante un "Sí, soy gay", y para moderar el impacto un "Creo que soy gay". In-your -face.

Lo que siguió fue una serie de frases infelices de una madre desesperada que ve romperse en pedazos la idea de vida que tenía para su hijo. Ella trabaja en un juzgado penal y se puso a contarme todas las causas de homosexuales que le llegan "yo no quiero esa vida para vos". Y siguió, una y otra vez, "No quiero que vivas sumido en drogas, tirado en algún sanjón, golpeado y vistiéndote como mujer".
Al ver la incomprensión con la que me enfrentaba, me sentí solo, solo en serio y odié ser homosexual. Así fue como desde lo más fondo de mí salió nuevamente el llanto. El segundo del año y únicamente comparable al de la aceptación. No quise escuchar más nada, lloré desconsoladamente y me acosté en la cama tapado hasta la cabeza.
De fondo escuchaba la voz de mi madre tratando de calmarme y cerró la conversación con un "yo siempre te voy a querer" con la voz partida. Era lo que hubiese querido escuchar desde un principio. Me quedé acostado, sollozando, hasta quedarme dormido. Eran las 9 de la noche, pero la explosión de lágrimas me agotó y no me quedaron fuerzas ni ánimos de nada. Fue una noche muy triste.

Durante ese año el ánimo de mi madre empeoró radicalmente, con depresión, angustia constante, y llantos reiterados.
No sabía muy bien cómo manejar la situación. Yo quería seguir investigando un mundo desconocido, pero haciendo eso iba a estar lastimando a las personas que más quería. Entendí que no era justo, y me propuse seguir haciendo mi vida tratando de evitar hacer daño a las personas que no les gustaba.

En esa dirección, los próximos ahora sí tenían que ser mis amigos, pero primero tenía una cirugía que superar.

jueves, 5 de mayo de 2011

Si me acuerdo

Hoy pasaron algo más de dos años desde que escribí mi última entrada y prácticamente desde que leí lo escrito. No sé muy bien por qué no seguí escribiendo. Les puedo garantizar que pasaron muchas cosas que merecen ser contadas y relatadas para no ser olvidadas.
Lamento mucho no haberlo hecho en su momento porque seguramente muchos sucesos serán relatados en forma difusa, inexacta, contaminados por el paso del tiempo y salpicados con recuerdos vagos.

Qué nos pasó? En qué fallamos? Supongo que el motivo por el que dejé de escribir tiene que ver con:

1- Falta de tiempo: Mencioné en algún momento que en 2009 estaba cursando uno de los últimos años de una carrera bastante complicada, y que además trabajaba full time de lunes a viernes? Bueno, como supondrán no es fácil hacer las dos cosas al mismo tiempo y encima darle lugar a un blog. Lleva tiempo escribir, requiere acomodar las ideas que andan sueltas por la cabeza y relatarlas de manera efectiva y entendible para el lector (por qué me hago el literario si soy un matemático cuadrado?). En fin, para la época en que dejé de escribir comenzaban los primeros, y bastante complicados, exámenes del año.

2- Desdramatización: Tal vez al principio vivía con demasiado drama todo lo que me iba ocurriendo, lo sufría por dentro y necesitaba volcarlo aunque sea en forma de palabras. Escribir era una actividad terapéutica. Sin embargo, con el timpo, mi realidad ya no me resultaba tan traumática , y empecé a vivir lo que me estaba ocurriendo con más naturalidad.

3- Salir del closet: También, y aunque no haya llegado a contarlo, para la época en que abandoné el hábito de la escritura ya varias personas sabían lo que me ocurría, y aunque mucho no lo hablaba, supongo que ayudó.

Es así como el blog ya no sólo era algo para lo que no tenía tiempo, sino que tampoco lo necesitaba.

Y qué hago entonces escribiendo hoy, dos años después? No sé!! Pero hace un par de días, y gracias a una persona que me mencionó su blog, recordé que yo también tenía uno!! Y cuando lo leí, me gustó y me arrepentí de no haberlo seguido. Y aunque tal vez no tenga lectores, la idea de leerlo en un futuro se me hace agradable. Como cuando lo leí ahora, dos años y muuuuuucha agua bajo el puente después, sin poder creer lo que me pasaba y cómo me sentía en aquél momento.

Así que, sin prometer una regularidad, me anoto los temas por hablar para no olvidarme nuevamente:
- Cuando se lo dije a mi mamá
- Preparando el terreno para el regreso a las pistas después de la operación.
- Cuando se lo conté a mis amigos (a más de los que creía)
- Mi primera Plop! y todo lo que pasó esa noche. Toooooodo diría la Prandi.
- Cuando sentía que estaba descarrilando, mi segunda vez, y otro llanto
- El primer chico que me gustó, cuándo me sentí lindo y cómo me convertí en un santo
- Cómo eran mis salidas a bailar sólo y mi doble vida
- El mundo es un pañuelo y putos hay en todos lados
- Cuando casi quedo expuesto en el trabajo y cómo la disfracé

Eso resume un poco el año 2009.
Hoy ya escribí bastante. Hasta la próxima, si me acuerdo.