domingo, 15 de mayo de 2011

Capitulo XII: Preparando el terreno

Finalmente llegó el día de la operación. De alguna manera en un solo mes había logrado tener mi primera experiencia sexual, mi primera salida homosexual, un coming out familiar y una operación de pene.

No estaba muy asustado por la cirugía en sí, ya que la mayoría de los comentarios en los foros hablaban de resultados positivos. Sin embargo la recuperación era lo que más me preocupaba, sobre todo por las famosas "erecciones nocturnas". Ya me habían anticipado que debía estar aproximadamente dos semanas sin erecciones, primero porque me iba a doler mucho y segundo porque se me iban a salir los puntos. Pero mientras dormimos, los hombres tenemos erecciones que no controlamos, y yo sabía que las tenía! Miles de veces me he despertado al palo.

Dos días de estudio, un fin de semana y un feriado me daban cinco días para operarme y enfrentar la recuperación para volver a la actividad laboral y estudiantil. La operación ni la sentí y la primera impresión de mi amigo luego de la misma fue desagradable. Estaba morado, machucado y ensangrentado. Qué me hicieron? Cuánto va a demorar en funcionar? Dios...

Lo bueno era que me dolía únicamente en dos ocasiones. Lo malo es que esas ocasiones eran ir al baño y sufrir una erección. Y efectivamente me levanté más de una madrugada con lágrimas en los ojos y rememorando a mi abuela en situaciones poco felices para calmar el dolor.

Los puntos se fueron cayendo solos, entre el quinto y el décimo día. Los hematomas fueron disminuyendo y recién a las dos semanas desaparecieron. Las heridas fueron cicatrizando.
La prueba de fuego, sin embargo, era lograr una erección sin dolor. El día que lo consiguiera era como el alta médica. Ya podía salir a chonguear sin dolor y sin culpas.

De todas maneras mi pene no había quedado igual, tenía muchísima menos piel y la cabeza sobresalía. El cirujano me había dicho que me iba a agrandar la punta pero que el glande iba a quedar cubierto, lo cierto es que la punta quedo muy grande y el glande se salía casi siempre. Tal vez fue culpa mía por no haber hecho los estiramientos de piel correctamente, pero cómo dolían la pucha. En conclusión, me quedó como la de un circunciso pero con más piel.

Otra cosa que había cambiado era la sensibilidad. Me costaba caminar porque me dolía el rozamiento del glande con la ropa interior. Para evitar eso, utilicé durante casi un mes una gasa para recubrirlo y evitar el roce. Un bajón.

De más está mencionar que aproveché todos los días de reposo para seguir agregando, y aceptando, amigos desconocidos homosexuales al facebook (ya pasaba los 400!), algunos de los cuales derivaban en el MSN (A esa altura ya había puesto un filtro a la hora de agregar o aceptar amigos: tenían que tener entre 18 y 30 años y ser de Capital o GBA). En mi cabeza estaba fija la idea de aprovechar semana santa: tres noches consecutivas de boliches abiertos para disfrutar del tiempo perdido. Tenía que recuperarme, tenía que llegar al jueves santo 9 de abril sin dolores.

Por suerte el sábado 4 de abril llegó el día que estaba esperando. Después de 15 días, tuve mi primera erección indolora y me masturbé delicadamente tras dos semanas de inacción (qué placer). Ya estaba listo para salir al ruedo, o mejor dicho, casi listo. Me faltaba hacer algo, algo que me dejara tranquilo y que no me haga sentir que estaba haciendo algo prohibido. Se lo tenía que contar a mis amigos.

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