sábado, 4 de mayo de 2013

Capitulo XXXII: No se entiende



Mi sollozo se vio interrumpido por el sonido del celular, mi amigo con el que había ido al cumpleaños me estaba llamando. Lo atendí y le dije que estaba en el auto, que lo esperaba para ir a otro lado. Paralalelamente, era el cumpleaños de la novia de un amigo y hacia allá fuimos los dos, para hacerle compañía. En el viaje, que no duró más de 10 minutos, le resumí brevemente lo acontecido. Él era uno de los que se había enterado de mi homosexualidad por la torta buchona, hacía ya más de un año. Volví a quebrarme mientras le contaba, diciéndole que todo lo que pasaba era culpa mía, por no poder terminar de aceptarme y asumirme sin problemas. Él me escuchó y me contuvo, de manera que cuando llegamos a la otra fiesta ya había superado el disgusto, por lo menos por afuera.

Cuando entramos a la fiesta nos esperaba nuestro amigo con un champagne en la mano rodeado de post-adolescentes disfrazados de todo tipo de personajes. Si mal no recuerdo él mismo era una especie de Jack Sparrow criollo. Mientras bebíamos la burbujeante copa le comenté que había tenido una situación incómoda con J. y A. en el cumpleaños del que veníamos y acordamos en juntarnos al día siguiente para contarle un poco mejor e intercambiar opiniones sobre el asunto. Así iba a finalizar cualquier referencia al hecho esa noche pero la tristeza que sentí inicialmente se fue transformando en bronca por no ser comprendido.

Al día siguiente me junté con los dos amigos con los que salí del closet la primera vez aquella semana santa de 2009. De alguna manera ellos eran más cercanos que yo a J. y A., con lo cual esperaba que si sospechaban algo ellos lo sabrían. Les conté todo lo sucedido la noche del sábado y los dos se vieron sorprendidos por el comportamiento de los chicos. Es más, uno de ellos me dijo que en el medio de la noche recibió un mensaje de A. que decía ‘gayfriendly’ y no había entendido a qué se refería. Cotejando horarios dedujimos que lo había enviado en seguida después del mensaje sobre las mentiras. De nuevo no lo podía creer. Si había algo que faltaba para confirmar que lo sabían o sospechaban y me boludeaban era eso. Como conclusión de la charla decidí que era momento de enfrentarlos y contarles mi situación y cómo me sentía al respecto. De paso, podrían explicarme, además, el motivo de su infantil comportamiento. Decidí sin embargo encarar únicamente a J. ya que había mostrado una posición mucho más amigable y conciliadora que la de A. y al que, en definitiva, había estado a punto de contarle lo mío en el boliche.

A través de mensajes de texto arreglé encontrarme con J. el viernes en su casa, alrededor de la 1 de la mañana que era cuando volvía de grabar un programa de TV del que era camarógrafo. Esa noche cené con M. y luego de algunos mimos me fui a juntarme con J. Llegué 1.30 tal como habíamos arreglado pero él no había llegado. Me quedé esperándolo varios minutos hecho una bola de nervios. Otra vez tenía que enfrentar una situación de ‘coming out’. Hacía más de un año que no le contaba a un amigo, y mierda… que situación estresante. Y eso que esta vez se suponía que ya lo sabían.  Luego de veinte minutos de infinita espera, y cuando me estaba por ir, apareció J.

Entramos a la casa, abrimos una cerveza, fuimos a su habitación, charlamos un rato, me mostró unos videos que había hecho para la facu y luego de casi media hora de charla me preguntó por lo acontecido el sábado anterior. Y ahí nomás le dije que me había ofendido por cómo habían actuado sabiendo que era gay. Y ahí reaccionó, esa reacción leve, casi imperceptible, en donde aleja su cabeza unos dos centímetros hacia atrás como queriendo tener una imagen más completa de mi persona. Con una sonrisa me preguntó si era puto. Sí, le dije, no sabías?. No ni idea, me respondió. Y ahí empezó a hacerme preguntas sobre mi homosexualidad, hace cuanto que lo sabía, quienes sabían de mi situación, cómo lo manejaba en el trabajo y con la familia, etc. Parece que el gaste de J. estaba más orientado a mi mentira sobre R. que a sospechar de mi homosexualidad. Le pregunté si A. sabía, y también lo negó. ‘No me dijo nada’. Todo muy raro. Sabría A. algo y no lo contó?  Por qué los comentarios sobre la ley de matrimonio homosexual y el mensajito gay friendly? Sería mi camisa muy aputosada? Misterio.

Nos quedamos con J. charlando y tomando hasta pasadas las cuatro de la mañana. Él ya estaba un poco fumado y escabiado y me preguntó si no lo alcanzaba hasta un boliche de unos amigos. En el medio de la charla me preguntó si estaba saliendo con alguien. Me quedé pensando unos segundos. Sí, le dije, Hace unos meses ya, se llama M. Era la primera vez que comentaba con mis amigos hombres que estaba saliendo con alguien. Lo alcancé hasta el boliche y nos despedimos, no sin antes pedirle que no dijera nada.

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