lunes, 13 de febrero de 2012

Capitulo XXV: Hello 2010


Los que me conocen saben que soy ese tipo de personas a los que les gusta planificar la vida, y en ese sentido fin de año era siempre el mejor momento para decidir qué es lo que quería que fuera de ella el año siguiente. A fines del 2009 decidí muchas cosas: decidí que en el 2010 me iba a recibir, decidí que en el 2010 iba a cambiar de trabajo y decidí que en el 2010 me iba a vivir solo, en ese orden. Tres cambios que son trascendentales en la vida de cualquier persona, yo los quería juntar todos en un mismo año. Sin embargo, lo más importante que había decidido hacia fines del año 2009 era que no quería estar más solo. Me refiero al ambiente gay. En un año había conocido a muchas personas, algunas muy buenas, pero no había podido entablar amistad con ninguna, y me di cuenta que como se estaban dando las cosas iba a ser imposible. Yo ya tenía mi grupo de amigos y amigas y en él concentraba mis energías. Por otro lado me sentía muy poco identificado con las personas que conocí como para profundizar en una amistad.

Por eso, para el 2010 tenía decidido un plan para dejar de estar solo. Era momento para empezar a salir con alguien, ya me sentía preparado para entablar una relación. Pero la misma tenía que cumplir una serie de requisitos para cumplir con mi objetivo, a saber:
1-       El más básico de todos, este chico tenía que estar bueno. Yo estoy bueno así que quiero alguien que me guste, básico.
2-       La relación tenía que ser temporaria, ya que no podría convivir con una pareja mucho tiempo sin que mi familia y amigos se enterasen, y eso es algo que yo no estaba dispuesto a ceder ni enfrentar aún.
3-       La persona con la que me juntara tenía que ser sociable y tener un grupo de amigos que les gustara salir a boliches, y preferentemente que tengan acceso a los vips. Esto último tenía que ver con que no me importaba estar en pareja, no era algo que necesitara, pero sí necesitaba salir con un grupo y pasarla bien, dejar de estar solo.

Si todo salía como pensaba, la relación no iba a durar demasiado y me iba a dar a conocer a un grupo de chicos que, en una de esas, me iban a facilitar establecer relaciones con otras personas y alejarme un tiempo de la soledad que estaba sintiendo.

En diciembre de 2009 aparecieron dos posibles candidatos, que aparentaban cumplir con todos los requisitos anteriormente mencionados, y que además chateábamos en MSN y había cierta onda que podía dar lugar a algo más. Pero ellos tenían algo en común, eran ‘putos del interior’ y como tal, a fin de año volvían a sus lugares de origen a pasar las fiestas con la familia y no volverían hasta que no retomaran los estudios, allá por febrero o marzo. Me despreocupé ya que yo también me iba a ir de vacaciones. La cosa se daría con el primero que retornara, era hora de dejar al destino actuar.

Mis planes de vacaciones consistían en irme con tres amigos a Bolivia y Perú, en lo que sería mi primer viaje como ‘backpacker’. Partimos el 25 de diciembre y recorrimos el Salar de Uyuni en Bolivia, después pasamos año nuevo en La Isla del Sol, dándole la bienvenida al 2010 con una fiesta electrónica boliviana. Luego cruzamos a Perú yendo a la ciudad de Cuzco y de ahí a Macchu Picchu. En este punto me voy a detener. Eran las 10 de la mañana del 4 de enero y con mis amigos ya habíamos hecho el tour por las ruinas y estabamos a punto de subir al Wayna Picchu, la montaña más alta del parque. Antes de eso, paramos en lo que era una ‘plaza’ de la ciudadela a tomar agua y comer unas galletitas. En ese momento me pareció escuchar una voz conocida, así que me di vuelta y lo vi. Estaba sacándole fotos a dos amigos. Era Mariano, el chico con el que tuve mi segunda vez en una noche que había terminado a puro llanto. Él se dio vuelta mientras lo miraba y también me vio. Inmediatamente nos acercamos y nos saludamos y empezamos a hablar del viaje. Del mío y del suyo. Fueron cinco minutos y después nos despedimos. Siempre me había parecido una persona copada y había buena onda, además que era muy loco volverlo a ver en la punta de Macchu Picchu, no? Cuando volví a donde estaban mis amigos me preguntaron quién era (dos de ellos sabían que yo era gay, el otro no). ‘un compañero de inglés’ dije yo, y seguimos rumbo al Wayna. Más tarde en el tren de vuelta a la ciudad de Cuzco, volvimos a coincidir en el vagón de tren. Él se encontraba sentado en diagonal a mí con sus amigos. No nos dirigimos la palabra en toda la duración del viaje, pero cuando llegamos a la estación y mientras salíamos en busca de transporte, escucho que me dice ‘Chau Tincho’, ‘Chau Marian, que tengas lindo viaje’ me despedí.

El trayecto de vuelta lo hicimos a través de Chile, y después cruzamos a Salta en donde tomamos el avión de vuelta que nos llevaría de regreso a Buenos Aires. Llegamos un sábado a la tarde, me despedí de mis amigos y regresé a casa. Dormí una siesta, cené y bien entrada la noche me puse mis mejores atuendos para ir, solo como siempre, a Human Club. Y es así como, bien entrada la noche, mientras me encontraba al costado de la pista de baile siento que alguien me toca la espalda como llamándome. Me doy vuelta y veo a una chica entregadísima. La miré (era linda por cierto), la agarré de la cintura y me la chapé unos minutos. Al terminar con la cuestión, se me acerca un amigo de ella que estaba al lado y me pregunta ‘Sos bisexual?’ poniendo carita de “por favor decime que sí”. La situación me pareció bastante bizarra así que, por más que el chico también era lindo, pegué la vuelta sin responderle pero sonriendo.

Fue una linda noche y era muy extraña la sensación de que unas horas antes había estado bailando en un boliche de Salta, o unos días antes escalando el Macchu Picchu o atravesando en barco el Titicaca, y esa noche estaba chapándome minas en uno de los boliches gay más top de Buenos Aires bailando al ritmo de lo último de la música pop. Gotta love ambiguity.


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