lunes, 19 de diciembre de 2011

Capitulo XX: Slowly coming back inside


No recuerdo bien cuál fue el motivo, pero un día decidí ponerle fin al ritmo de vida que estaba llevando. Tal vez influyó el hecho de que cada vez conocía más gente y no me daba la cara para andar haciendo cualquiera. Tal vez fue el hecho de tener que juntar los boletos de colectivos para ver la hora en que llegué y la hora en que volví del boliche porque no me acordaba de nada, cosa que me causó bastante miedo porque estando absolutamente solo era peligroso. Tal vez fue la gripe A que estaba de moda en aquél momento y que aunque sea un poco nos obligaba a ser más cuidadosos. O tal vez fue el hecho de que ya no me copaba tanto la idea de salir a chapar pendejitos y ponerme en pedo.
También aflojé con el proceso de ‘coming out’. Era invierno y en mi cabeza tenía la idea de invitar a mis ocho amigos a mi casa en Mar del Plata a pasar un finde largo de julio o agosto, tal como habíamos pasado ese verano en Gualeguaychú. La idea era que en medio del asado que seguramente cenaríamos en el quincho de casa, yo me iba a levantar y les iba a decir. “Muchachos, tengo que contarles algo que hace tiempo me vengo guardando y creo que es hora de que lo sepan: me-la-las-tro”. Así sin anestesia y con la tranquilidad de que cuatro amigos ya lo sabían, todos quedarían debidamente notificados. Claro que eso nunca pasó, ya que si bien mandé la invitación, nunca coincidimos en una fecha en la que pudiéramos ir la mayoría. Un poco me frustró y otro poco sentí que el proceso de ‘coming out’ era una gran cagada. Por qué uno tiene que andar dando explicaciones (porque no me vengan con que uno está contando, uno está dando explicaciones) de lo que le gusta hacer, de lo que es? Con este pensamiento en la cabeza empecé a descartar la idea de hacer un proceso de ‘coming out’ masivo y a tomar la postura de que si a alguien le interesaba realmente saber de mí que preguntara personalmente.
Sin embargo hubo alguien más que se enteró que era gay en ese invierno, y este caso fue el más fácil que tuve que enfrentar y fue absolutamente voluntario e innecesario por ponerle algún rótulo. Resulta que dentro de mi grupos de amigos a veces participaba de las salidas una chica, ex compañera nuestra del colegio y que era la mejor amiga de mi mejor amigo. En ese invierno de 2009, mi mejor amigo había sido dejado (temporalmente) por la novia de manera que se encontraba soltero después de cuatro años de noviazgo. Su mejor amiga (y amiga mía) también se encontraba soltera. Y a que no saben qué pasó? El garche, eso pasó. La cuestión es que empezaron a garchar, digo a  tener relaciones sexuales y al único del grupo que le contaron fue a mí. Supongo que era una persona de confiar, no sé, pero vamos a lo importante. Un sábado salimos a tomar algo los tres a un bar de mala muerte, y a hablar y reirnos un poco de su situación. Entre cerveza va y cerveza viene, ella se levantó al baño y me dejó solo con mi mejor amigo (que ya sabía de mí como cuento en el post “El momento más difícil”). Entonces le dije: “Me parece que le voy a contar lo mío”. Mi amigo puso cara de sorpresa y poco convencido dijo: “Te parece?”, “Ya fue” le dije.
Las razones por las cuales había decidido contarlo eran sencillas:
1.        Ella es una chica liberal en todo sentido, en la forma de pensar y en la forma de actuar, incluso se encontraba cursando un seminario de sexualidad, no iba a tener problemas con el tema.
2.        Si bien no confiaba plenamente en su discrecionalidad, la conocía hacía años y lo tomaba como una prueba de su amistad.
3.        Tenía encima muchas birras, estaba medio en pedo.
Es así cómo cuando volvió del baño se sentó y le dije: “Te tengo que contar algo”. La cara de mi amigo se transformó y se puso colorada. “Soy gay”. Ella puso los ojos redondos y abrió la boca con gesto de asombro. Fue sólo un segundo, luego la cara volvió a la normalidad y medio que se emocionó principalmente de que se lo estuviera confesando. No recuerdo mucho cómo siguió la charla, sí me acuerdo que me dijo que seguramente para mí haya sido duro lidiar con eso y no poder contarlo y que contara con ella para todo lo que necesite.
Tal como en las anteriores experiencias de coming out, sentí que el confesar lo que me estaba pasando en vez de alejarme me acercaba mucho más a las personas. Y fue genial esa noche, que pintaba como algo muy tranquilo y que terminó siendo muy importante para mí en lo que siguió del año, ya que con ella pude compartir muchas de las cosas que me pasaron y porque un par de meses después de mi ‘coming out’ ella se puso de novia con una chica e inmediatamente le contó a todo el mundo, con lo cual me sirvió para ver fue la reacción generalizada de mis amigos. También se lo contó a sus padres y a amigas de ella que eran más conservadoras.
Todo el proceso por el que ella pasó y por el que yo estaba intentando pasar nos unió mucho más. Y si bien ella contó todo de una, el proceso no fue menos doloroso. Igual lo suyo fue temporario, después de casi un año de lesbianismo salió a buscar pijas nuevamente. ‘Quiero pija’ me decía, jajaja.
En fin, con la cabeza puesta en realizar ‘coming outs’ espontáneos cuando se diera la situación, nos fuimos mi amigo, ella y yo del bar. Claro que ellos se fueron juntos a un hotel y yo me fui a mi casa a dormir. En otro momento tal vez hubiera ido corriendo a un boliche, ya no, ya pasó… o al menos en ese momento lo creía así.

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