No recuerdo bien cuál fue el
motivo, pero un día decidí ponerle fin al ritmo de vida que estaba llevando.
Tal vez influyó el hecho de que cada vez conocía más gente y no me daba la cara
para andar haciendo cualquiera. Tal vez fue el hecho de tener que juntar los
boletos de colectivos para ver la hora en que llegué y la hora en que volví del
boliche porque no me acordaba de nada, cosa que me causó bastante miedo porque
estando absolutamente solo era peligroso. Tal vez fue la gripe A que estaba de moda
en aquél momento y que aunque sea un poco nos obligaba a ser más cuidadosos. O
tal vez fue el hecho de que ya no me copaba tanto la idea de salir a chapar
pendejitos y ponerme en pedo.
También aflojé con el proceso
de ‘coming out’. Era invierno y en mi cabeza tenía la idea de invitar a mis
ocho amigos a mi casa en Mar del Plata a pasar un finde largo de julio o
agosto, tal como habíamos pasado ese verano en Gualeguaychú. La idea era que en
medio del asado que seguramente cenaríamos en el quincho de casa, yo me iba a
levantar y les iba a decir. “Muchachos, tengo que contarles algo que hace
tiempo me vengo guardando y creo que es hora de que lo sepan: me-la-las-tro”.
Así sin anestesia y con la tranquilidad de que cuatro amigos ya lo sabían,
todos quedarían debidamente notificados. Claro que eso nunca pasó, ya que si
bien mandé la invitación, nunca coincidimos en una fecha en la que pudiéramos
ir la mayoría. Un
poco me frustró y otro poco sentí que el proceso de ‘coming out’ era una gran
cagada. Por qué uno tiene que andar dando explicaciones (porque no me vengan
con que uno está contando, uno está dando explicaciones) de lo que le gusta
hacer, de lo que es? Con este pensamiento en la cabeza empecé a descartar la
idea de hacer un proceso de ‘coming out’ masivo y a tomar la postura de que si
a alguien le interesaba realmente saber de mí que preguntara personalmente.
Sin embargo hubo alguien más
que se enteró que era gay en ese invierno, y este caso fue el más fácil que
tuve que enfrentar y fue absolutamente voluntario e innecesario por ponerle
algún rótulo. Resulta que dentro de mi grupos de amigos a veces participaba de
las salidas una chica, ex compañera nuestra del colegio y que era la mejor
amiga de mi mejor amigo. En ese invierno de 2009, mi mejor amigo había
sido dejado (temporalmente) por la novia de manera que se encontraba soltero
después de cuatro años de noviazgo. Su mejor amiga (y amiga mía) también se
encontraba soltera. Y a que no saben qué pasó? El garche, eso pasó. La cuestión
es que empezaron a garchar, digo a tener relaciones sexuales y al
único del grupo que le contaron fue a mí. Supongo que era una persona de
confiar, no sé, pero vamos a lo importante. Un sábado salimos a tomar algo los
tres a un bar de mala muerte, y a hablar y reirnos un poco de su situación.
Entre cerveza va y cerveza viene, ella se levantó al baño y me dejó solo con mi
mejor amigo (que ya sabía de mí como cuento en el post “El momento más
difícil”). Entonces le dije: “Me parece que le voy a contar lo mío”. Mi amigo
puso cara de sorpresa y poco convencido dijo: “Te parece?”, “Ya fue” le dije.
Las razones por las cuales
había decidido contarlo eran sencillas:
1.
Ella es una chica liberal en todo sentido, en la forma
de pensar y en la forma de actuar, incluso se encontraba cursando un seminario
de sexualidad, no iba a tener problemas con el tema.
2.
Si bien no confiaba plenamente en su discrecionalidad,
la conocía hacía años y lo tomaba como una prueba de su amistad.
3.
Tenía encima muchas birras, estaba medio en pedo.
Es así cómo cuando volvió del
baño se sentó y le dije: “Te tengo que contar algo”. La cara de mi amigo se
transformó y se puso colorada. “Soy gay”. Ella puso los ojos redondos y abrió
la boca con gesto de asombro. Fue sólo un segundo, luego la cara volvió a la
normalidad y medio que se emocionó principalmente de que se lo estuviera
confesando. No recuerdo mucho cómo siguió la charla, sí me acuerdo que me dijo
que seguramente para mí haya sido duro lidiar con eso y no poder contarlo y que
contara con ella para todo lo que necesite.
Tal como en las anteriores
experiencias de coming out, sentí que el confesar lo que me estaba pasando en
vez de alejarme me acercaba mucho más a las personas. Y fue genial esa noche,
que pintaba como algo muy tranquilo y que terminó siendo muy importante para mí
en lo que siguió del año, ya que con ella pude compartir muchas de las cosas
que me pasaron y porque un par de meses después de mi ‘coming out’ ella se puso
de novia con una chica e inmediatamente le contó a todo el mundo, con lo cual
me sirvió para ver fue la reacción generalizada de mis amigos. También se lo
contó a sus padres y a amigas de ella que eran más conservadoras.
Todo el proceso por el que
ella pasó y por el que yo estaba intentando pasar nos unió mucho más. Y si bien
ella contó todo de una, el proceso no fue menos doloroso. Igual lo suyo fue
temporario, después de casi un año de lesbianismo salió a buscar pijas
nuevamente. ‘Quiero pija’ me decía, jajaja.
En fin, con la cabeza puesta
en realizar ‘coming outs’ espontáneos cuando se diera la situación, nos fuimos
mi amigo, ella y yo del bar. Claro que ellos se fueron juntos a un hotel y yo
me fui a mi casa a dormir. En otro momento tal vez hubiera ido corriendo a un
boliche, ya no, ya pasó… o al menos en ese momento lo creía así.
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