martes, 6 de diciembre de 2011

Capitulo XVIII: El Tercer llanto (y la pija)

Después de semana santa vino una sucesión de salidas en los meses de Abril y Mayo. Y con la sucesión de salidas vino la sucesión de chongos. Era aprovechar cada situación de salida para ir a la Plop o a la Ambar o a la Rheo para conocer a gente nueva, para recuperar el tiempo que había perdido todos estos años intentando convencerme a mí mismo de que lo mío eran las chicas.

Nunca más alcancé el record de los siete en una misma noche de la primer Plop, un poco porque me puse más selectivo y otro poco porque pareciera que ya no era la figurita nueva. Sin embargo, entre dos y cinco pibes por noche me chapaba, tengo que admitirlo.

Con el correr de las salidas empecé a conocer a más gente, de manera que parte de la noche la pasaba saludando y charlando con conocidos del ‘face’ o del boliche y sus respectivos amigos. Entre estas personas se encontraba la torta buchona amiga de amigo, mencionada en los post anteriores, que siempre tomó una postura amigable y me invitaba a pasar el rato con ellos.

En una de esas noches me di cuenta que los chicos me miraban, que yo era ‘dable’, algo que nunca me creí. Fue a partir de que una de los amigos de la torta que a mi me gustaba pero no intenté nada porque no creía tener chances. Sin embargo este chico se acercó a su amiga y le pidió que le hiciera gancho conmigo, y cuando concretamos ahí en la pista me dijo que yo estaba muy bueno. No fue el primero que me lo dijo, pero fue el primero que a mi me gustaba de antemano y escucharlo de sus palabras me hizo pensar que yo era lindo de algún modo. Después de años de fracasos con mujeres, fue una inyección de autoestima importante. Fue así como en el transcurso de las noches de boliche pasé de ser un pequeño puto timidón pispeando desde los rincones, a un chico que atravesaba la pista consciente de que no pasaba desapercibido. Tengo claro que no soy carilindo, pero algo tengo, soy distinto, ‘belleza exótica’ me dijeron una vez jajaja qué es eso??

Fue en una de esas noches, allá por el mes de mayo que conocí a Mariano. Yo estaba bastante borracho para ser las tres de la mañana, y ya habían pasado por mis manos un par de chicos (entre ellos casualmente el que sería mi futuro novio). Un cruce de miradas bastó y me acerqué a él y chapamos así sin más, era mi método más utilizado en aquél momento. Después miré al amigo que estaba al lado y le pregunté si se quería sumar (???)… se dan cuenta que estaba medio en cualquiera. Lo peor es que sentía que estaba haciendo cualquiera los últimos dos meses. Después de chapar y conocer un poco más a Mariano me preguntó si quería ir a su casa CHAN! Tampoco fue la primera vez que me invitaron a ir a una casa en un boliche, en esa seguidilla había habido varios que querían seguirla más allá de unos besos, pero Mariano vivía a pocas cuadras de casa y parecía normalito y yo estaba en pedo.. en fin.. nos volvimos en taxi juntos. Era la primera vez en mis dos meses de boliche que me volvía acompañado, y no por los pasajeros del 39 precisamente #tristesa.

En el viaje seguimos charlando, era un pibe muy buena onda, unos años más grande que yo, que le gustaba viajar y que vivía junto a su hermano en una casa muy linda. Entramos al depto y me lo mostró todo (el departamento mal pensados). Tenía una terraza con parrilla muy linda, estaba muy copado. En el depto no había nadie, el hermano estaba en lo de la novia.

Charlamos un rato más, nos dimos unos besos y fuimos al cuarto. Ahí empezó lo que sería mi segunda experiencia sexual con un chico. También iba a ser la primera vez que exhibía en público a mi “amigo” después de la operación, cosa que me daba vergüenza porque para mí todavía se notaban las marcas del achuramiento. Los besos dieron lugar a las palabras cuando me saqué el boxer. ‘Que linda pija’ me dijo. Internamente me causó mucha gracia. Yo re timidón y a el le gustaba. ‘Estás muy bueno’ me dijo entre caricias, ya me lo empezaba a creer, pero evidentemente le gustaba porque entre pito y flauta él acabó. Así sin más, con besos y caricias nomás. Él se puso muy nervioso obviamente, pero a mi no me importó mucho. Terminamos la cuestión ahí. El quería que me quedara a dormir pero yo quería volverme a mi casa. Me empecé a sentir mal y a preguntarme cómo había terminado en bolas en la casa de un fulano todo acabado. Nos pasamos los mails y me fui.

Las siete cuadras que me separaban de casa fueron un sufrimiento. Me había agarrado una angustia interna, bastante potenciada por el pedo, que hizo que empezara a llorar desconsoladamente en medio de la calle. Sentía que los dos meses de descontrol y ‘no me importa nada’, de ir a quinta contándole lo mío a la mayoría de mis amigos y a mi familia, caían sobre mis espaldas. Me sentía caminando sólo por un mundo desconocido. Estaba cansado de salir solo, bailar solo, volver solo. No tenía amigos con quien compartir lo que me pasaba y eso me hacía mal. Y así volví a casa, llorando a los gritos sin parar en el camino, descargando un poco de angustia para seguir con fuerzas en la búsqueda de un no se qué.

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